En la calle Xaltocan de la alcaldía Xochimilco, sobresale la casa de la señora María del Pilar Bucio, que entre el folclor, cartón y actitud, la familia retoma su negocio de piñatas de cinco y siete picos para la temporada decembrina, el cual, atravesó por una crisis económica por la falta de venta durante la pandemia de SARS-CoV-2 (Covid-19).

“Nos vino a destruir todo. Por salud, nadie festejó y, por ende, ya no pudimos trabajar. Nos tuvimos que parar y nos fue muy mal, nos fuimos para abajo”, expresó la artesana.

En la Ciudad de México, las posadas llegaron bajo las indicaciones de un color verde, mismo que permite que la operación de actividades económicas y sociales se lleven a cabo de manera habitual. De esta manera, diciembre, esperado por sectores como el gremio de los piñateros, se convirtió en una esperanza para recuperar sus pérdidas económicas.

Con la finalidad de continuar el legado de Luz Espinosa, quien inició esta microempresa con la realización de piñatas de barro, su sobrina, María del Pilar, desde pequeña descubrió su pasión por el oficio y en la etapa adulta incursionó en la realización de piñatas con cartón.

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A través del tiempo, este trabajo le ha brindado a la familia los recursos necesarios para salir adelante. Un oficio que hace feliz a Doña María, puesto que todos participan, no sólo la segunda y tercera generación, como son sus hijos, sino que llega a la cuarta generación correspondiente a sus nietos, quienes desde los siete años comenzaron a fabricar sus propias piñatas.”Entonces yo, mis hijos, y ahora los hijos de mis hijos empiezan a realizar ya una piñata”, comentó.  

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Con veinte años de experiencia, para la familia bastan treinta minutos para la creación de una piñata. Desde el mes de abril se previenen con la producción de ollas hechas de papel pegado con engrudo y conos, que hasta el mes de diciembre se colocan para dar forma, vestir y decorar la piñata con una paleta de colores característica de la familia.  

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Los precios de las piñatas van de los 10, 20, 70, 100, 120, 200 y 350 pesos. La fábrica no sólo les ha dado recursos económicos a los integrantes de la familia, también representa superación y orgullo para los hijos de María Pilar, quienes resaltan que con su entrega y amor a su oficio en la creación de piñatas, su mamá los sacó adelante.

Un negocio, como muchos otros, que vuelven a recuperarse tras los estragos de una pandemia que afectó los bolsillos de los comerciantes que regresan al trabajo, dispuestos a entregar su dedicación y esfuerzo. 

“Pues ahí entra un gran sentimiento, porque hoy, que ya pasó un poco la pandemia, y que la gente nos empieza a consumir, pues es una satisfacción para mí ver nuevamente mi casa llena de piñatas. Me da gusto. La satisfacción más grande que puedo tener es que estoy trabajando de nuevo, que gracias a Dios, no nos enfermamos de Covid, y que el día de hoy estoy otra vez trabajando este año”, manifestó la artesana.

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