Rodolfo Rodríguez, “El Pana”, entre la vida y la muerte

20 mayo 2016 12:11 am

Nacido en 1952 en Apizaco, Tlaxcala, su amor por la fiesta brava lo llevó a dejar su oficio de panadero, del que tomó el sobrenombre por el que ha sido conocido.

Antes de dedicarse al toreo, desempeñó los más variados oficios desde sepulturero hasta vendedor de dulces, circunstancias que moldearon una personalidad única.

“El Pana”, tomó la alternativa a los 27 años en la Plaza México, donde compartió cartel con Mariano Ramos y Curro Rivera, y fue tejiendo la imagen que lo convirtió, quizá, en el último torero romántico.

Iconoclasta, irreverente, extravagante y polémico, ave de las tempestades entre los puristas de la tauromaquia, fue sin embargo, un diestro que conocía y amaba la fiesta brava, que hacía de la misma un espectáculo en el cual él era el personaje principal.

Sobreviviente de una vida llena de luces y sombras, el brindis que hizo en la que pensaba, sería su despedida, fue paradójicamente el pretexto para volver al ruedo en el que soñaba encontrar su fin.

La vida no le dio ese regalo. En su lugar, “El Pana” encontró en la plaza de toros de Ciudad Lerdo, Durango, el final de su carrera como matador.

El pasado lunes 2 de mayo durante la faena a su segundo toro, la violenta embestida de éste lo lanzó al aire para caer de cabeza y fracturarse tres vértebras cervicales que lo han dejado cuadripléjico.

Un triste final para el hombre  de la trenza entrecana que toreaba con un puro en la boca, vestido con vistosos ternos adornados  con un sarape, el hombre que recordando su oficio original, sorprendía a los aficionados durante el paseíllo con una canasta de pan en la cabeza.

Hoy, “El Pana” no espera más que la cita que tantas veces buscó con la muerte, llegue por fin, aunque no será, como deseaba,“en las astas de un toro”.

 

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