Sobreexplotación del acuífero potencializó daños del 19s en la CDMX

5 diciembre 2017 9:52 pm

El terremoto del 19 de septiembre aceleró la aparición de un problema de hundimientos y grietas en el sur-oriente de la Ciudad de México, lo cual evidencia la urgencia de mitigar la sobreexplotación de los mantos acuíferos.

Durante las primeras décadas del siglo XX, la zona centro concentraba la extracción de agua y era la región con más hundimientos; sin embargo, entre los años 70 y 80 la construcción de pozos se mudó a las delegaciones Xochimilco, Iztapalapa y Tláhuac.

Además, la excavación de los pozos de extracción de agua es cada vez más profunda por la escasez del líquido, lo que debilita más el suelo.

A principios del siglo XX las perforaciones se localizaban a 60 metros de profundidad, pero en los años 70 creció el número de pozos, y las excavaciones ya se encontraban entre 200 y 250 metros de profundidad. Para la década de los 80 y 90 la profundidad rebasaba los 400 metros debajo del nivel del suelo.

Actualmente, las perforaciones para la extracción de agua superan los dos kilómetros de profundidad, tal es el caso de los pozos ubicados en la Magdalena Mixhuca, Iztacalco, y el “Santa Catarina 3A”, en Xochimilco.

Esto provoca que el agua que se extrae específicamente de Xochimilco tenga siete mil años de edad.

Es decir, estamos sacando agua que se infiltró al acuífero hace miles  de años, ya que no se está inyectando la misma cantidad de líquido que se extrae, lo que está generando un problema a largo plazo.

Mantos insuficientes

Cerca de 55% del agua para consumo poblacional e industrial en la Ciudad de México tiene su origen en el acuífero; los sistemas Lerma y Cutzamala abastecen 14% y 29% del suministro, respectivamente.

El 2% restante lo componen los manantiales y el río Magdalena, de acuerdo con datos del Sistema de Aguas de la Ciudad (Sacmex).

Pero de los ocho acuíferos que abastecen al Valle de México, cuatro ya presentan sobreexplotación: Chalco-Amecameca, Zona Metropolitana de la Ciudad de México, Texcoco y Cuautitlán-Pachuca, advierte la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

La Sacmex tiene registrados 976 pozos, de éstos, 77 se encuentran sólo en Xochimilco, según datos oficiales de 2016.

No obstante, el hidrogeólogo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Carlos Vargas, aseguró que en esta zona de la ciudad el número de pozos es mucho mayor.

De esta manera, advirtió que la extracción indiscriminada de agua está provocando desecación del subsuelo que deriva en problemas de hundimientos.

Éstos pueden varían de un lugar a otro, según la constitución del suelo, los volúmenes de extracción de agua subterránea y el espesor de la arcilla.

Existen dos tipos de hundimientos: el regional y el diferencial.

El primero es general, por lo que afecta a toda la cuenca del Valle de México y alcanza un promedio de 15 centímetros anuales.

El hundimiento diferencial depende del tipo de suelo y el peso de las construcciones; el deslizamiento vertical puede variar entre 15 a 40 centímetros.

Este último se puede localizar más en el oriente:  Iztapalapa, Tláhuac, Venustiano Carranza; en el sur: Xochimilco, y en municipios del Estado de México como Chalco y Amecameca.

Este tipo de hundimiento también es notorio en los límites con el municipio mexiquense de Nezahualcóyotl, por ejemplo, en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez y en el tramo donde se ubica la batería de pozos Tláhuac–Nezahualcóyotl.

“En el hundimiento diferencial o subsidencia, el suelo se hunde de manera irregular, es decir, una parte se hunde y la otra no, o una zona presenta mayor hundimiento que otra. Esto genera grietas y, más tarde, socavones”, explicó Sergio Rodríguez Elizarrarás, investigador del Instituto de Geología de la UNAM.

Carlos Vargas, hidrogeólogo de la UAM, detalló que estas deformaciones se deben a la consolidación del material arcilloso que cubre al acuífero, el cual tiene 200 metros de espesor en el sur de la ciudad.

“Este material tiene agua, pero la cede lentamente al acuífero por la sobreexplotación del mismo, por eso se compacta, además, el peso de la ciudad y de las construcciones influye en este proceso”, indicó.

Vargas advirtió que esta migración de agua de las arcillas hacia el acuífero tiene implicaciones negativas, pues es agua de muy mala calidad y contamina a la que se encuentra en la zona subterránea; además, provoca que el suelo sea más peligroso.

Rodríguez Elizarrarás señaló que los hundimientos diferenciales ocasionan grietas en el suelo. Este comportamiento provoca una serie de problemas a la infraestructura hidráulica, como la ruptura de tuberías y pérdida de agua potable; erosión del suelo y surgimiento de socavones, que son oquedades en el subsuelo.

Vargas agregó que las grietas también son una vía de transporte de contaminantes para el acuífero.

Las huellas del 19S

El  terremoto del 19 de septiembre en la Ciudad de México dejó graves consecuencias en las delegaciones Xochimilco, Iztapalapa, Tláhuac, Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán y la zona de Coapa en Tlalpan.

En las tres primeras fue visible que el problema se concentraba en el suelo, hundimientos diferenciales y grietas que afectaron cientos de casas. Además, fueron las demarcaciones con mayor afectación del suministro hídrico en los días posteriores al sismo por fugas en la red hidráulica.

Conagua informó que se detectaron seis fugas en la línea de conducción del Ramal Tláhuac-Santa Catarina y afectaciones en siete pozos del Ramal Texcoco.

El sismo, el suelo lacustre de Xochimilco y la sobreexplotación del acuífero, en especial el pozo San Luis 20, ocasionaron las grietas en la carretera vieja Xochimilco – Tulyehualco, en el barrio de San Jerónimo, Santa María Nativitas.

“El sismo evidenció lo que está pasando en los suelos. Cada año Xochimilco se hunde 25 centímetros, un milímetro al día”, dijo Carlos Vargas,  hidrogeólogo de la UAM, durante su recorrido por la carretera con los vecinos del lugar.

En Tláhuac, la Colonia del Mar fue la más afectada por el 19S. En este lugar aparecieron grietas de hasta 15 metros de profundidad y otras casi invisibles.

Al respecto, Daniel Salazar, presidente del Consejo Ciudadano de Desarrollo Sustentable, refirió que la colonia del Mar, Selene, Polvorilla y La Planta son las colonias del oriente en las que está siendo más fuerte la extracción del agua.

“Las grietas de la colonia del Mar iban a surgir de manera paulatina, pues se deben a la sobreexplotación del acuífero, pero el sismo las aceleró de manera abrupta”, manifestó.

Explicó que tanto Iztapalapa, como Tláhuac y Xochimilco tienen asentamientos complejos, pues descansan sobre suelo lacustre (agua, blando), duro (roca) y de transición (espacios de suelo blando y duro). Además, hay fallas de oriente a poniente y en éstas también se encuentran grietas.

Por ejemplo, en Iztapalapa, la Unidad Habitacional Ermita Zaragoza se sitúa en un suelo de transición, por lo que los hundimientos y grietas abundan; además, fue una de las zonas más afectadas por el 19S.

En el caso de la delegación Cuauhtémoc, en la zona centro de la ciudad, Salazar observa que los daños tuvieron que ver más con las construcciones viejas, pues el suelo está más consolidado.

En el caso de Coapa, indicó que es una de las zonas con mayor recarga del acuífero gracias a la Sierra del Ajusco Chichinautzin, pero se trata de un suelo de transición con muchas construcciones, por lo que las afectaciones fueron muchas.

“El hundimiento es menor en Coapa, es hundimiento regional. Aunque existen dos fallas geológicas de sur a norte que influyeron”, añadió Salazar.

Agregó que el sismo dio la oportunidad de replantearse la vulnerabilidad de la Ciudad de México por sus características: suelo, agua, construcciones, y pensar en soluciones a largo plazo, pues advirtió que “la extracción del agua del subsuelo no es un recurso sustentable”.

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