Peleas de gallos, nexo entre ‘El Ojos’ y Rigoberto Salgado

2 agosto 2017 6:00 am

Tláhuac es bravo; Siempre lo ha sido. Aquí, las botas, el sombrero y la pistola al cincho son el pan de cada día. Los jaripeos y peleas de gallos no tanto, pero desde hace unos 20 años llegaron para quedarse.

Tras el linchamiento de tres policías federales en San Juan Ixtayopan, la delegación vivió una especie de inmunidad, los grupos delictivos se fortalecieron y, con ellos, los palenques clandestinos.

Esto permitió a Felipe de Jesús Pérez Luna, alias El Ojos, líder del Cártel de Tláhuac, expandir sus negocios y acrecentar su fortuna.

Indagatorias de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) capitalina señalan al capo como uno de los principales responsables de promover esta práctica ilegal, no solamente en Tláhuac, también en Xochimilco, Milpa Alta y algunas zonas de Iztapalapa.

En sus últimos cinco años de operación –2012-2017−,  Felipe de Jesús Pérez consolidó  un negocio aparte de las drogas: la crianza de gallos.

Incluso, afirman que gran parte del poder adquisitivo del Cártel de Tláhuac se asentó a través de este negocio del narcotraficante.

Las unidades habitacionales pusieron su granito de arena. La Draga, Villa de los Trabajadores, Juan de Dios Peza, y unidad de los Pepenadores se plagaron de pequeños delincuentes.

El actual jefe delegacional, Rigoberto Salgado, ha negado una relación con El Ojos, pero lo conoce bien, tanto, que se involucró sentimentalmente con Aurora Martínez, quien es familiar directo de Víctor y Julio, organizadores de peleas de gallos desde hace más de una década.

En el predio ubicado en el número 125 de Manuel M. Flores, en la colonia Nopalera, comenzaron los negocios turbios: las apuestas, el alcohol y, desde luego, las drogas.

Un aficionado a las apuestas era precisamente Felipe Pérez, en ese entonces un delincuente de media estatura que coincidió con Rigoberto en las peleas de gallos, así lo revelan indagatorias de la Procuraduría General de Justicia capitalina.

Desde entonces, El Ojos comenzó a tejer una red negocios ilícitos que incluían robos, secuestros y, a la postre la venta de sustancias prohibidas.

De acuerdo con indagatorias de la PGR, la colusión del delegado y Felipe Pérez se dio a través de los primos de Aurora Martínez, en las escandalosas reuniones en el terreno de Víctor y Julio.

Ese predio era, en un principio, un criadero de gallos y marranos. Posteriormente se convirtió en una gran carpa en la que se realizaban apuestas y se disparaban armas de grueso calibre todos los fines de semana.

Luego le añadieron un billar y una tienda. En los últimos dos años se expandieron; invadieron terrenos, los cercaron y hasta balearon autos de unidades habitacionales de la zona, que se oponían a este tipo de abusos.

En entrevista, varios residentes de los alrededores precisaron que la familia del jefe delegacional organiza una vez al mes peleas de gallos en varios inmuebles de la demarcación de manera clandestina.

“En este inmueble es donde los familiares (del delegado)  organizan cada tres o cinco semanas peleas de gallos, obviamente se maneja mucho dinero de por medio, por lo que la vivienda siempre está resguardada por mototaxistas y gente de la delegación”, precisó Juan Armenta, residente de la calle Manuel Flores.

Aunque la ley de Protección y Bienestar de los Animales prohíbe la pelea de perros y gallos en la Ciudad de México, existen  algunas excepciones en las fiestas patronales de pueblos y barrios originarios.

Hace unos días se dio a conocer que familiares y allegados a Felipe de Jesús se encuentran en la nómina de la delegación Tláhuac.

Entre ellos están Cristhian Salgado Pérez, su sobrino; Griselda Cortés Gutiérrez, su cuñada; Arisele Cortés Gutiérrez, cuñada; Edgar Beltrán Vázquez, jefe de sicarios de El Ojos; Betuel Beltrán y Lucy Beltrán, hermanos de Édgar.

Ante ello, el Gobierno capitalino anunció una investigación por parte de la Contraloría.

El Cártel de Felipe Pérez

En la feria de Zapotitlán 2015 se dio a conocer por su corrido: “con toda mi gente, comandando el cártel siempre muy al frente, mi nombre es noticia: El Ojos, el malo, soy Felipe Pérez”.

Dos años después, el capo de Tláhuac realmente fue noticia; su muerte puso al descubierto una historia de abusos, corrupción y tráfico de drogas.

Tenía una larga carrera criminal. Era vecino de Erick Alberto Sánchez Chávez, uno de los principales integrantes de la banda de secuestradores de Héctor Peralta Vázquez, El Papi; este último sería quien impulsaría y daría fuerza al capo recién abatido.

Las investigaciones consultadas por El Big Data Mx detallan que en los últimos cinco años la organización criminal cobró fuerza en Tláhuac, pero hubo un momento en que la estructura se tambaleó.

A pesar de que en 2013 la banda en ese entonces conocida como Los Felipes comenzaba a ganar terreno, la muerte de 20 personas, entre ellos sus hermanos Víctor y Baltazar, lo hicieron huir del país.

Indagatorias de la Procuraduría General de la República señalan que él habría sido el responsable de la muerte de sus consanguíneos para quedarse con la organización.

No pasó más de un año cuando El Ojos retornó a la CDMX, y en 2015 recuperó el control de Tláhuac. La lucha por expandir sus dominios hacia las demarcaciones aledañas –Xochimilco, Milpa Alta y Chalco– comenzó. Su misión era mantener el control de la ruta clave para el trasiego de drogas: la salida a Oaxtepec.

De acuerdo con el informe de la Procuraduría General (PGJCDMX) desde entonces los delitos del fuero común de alto impacto aumentaron en la demarcación, de 21.2% a 24.2% en un sólo año.

Fuerzas federales, capitalinas y del Edomex pusieron en marcha un operativo en mayo de 2015 donde el punto Tláhuac-Chalco fue el referente para disminuir delitos como narcomenudeo, secuestro y extorsión.

En esta casa editorial dimos a conocer en agosto de 2016 que los vecinos de Tláhuac plantearon la idea de crear un primer grupo de autodefensas en la CDMX.

Al final de la década de los 90, El Ojos inició su trayectoria delictiva como parte de los secuestradores Los Caletri, que lideraba Andrés Caletri, considerado uno de los más peligrosos criminales de la capital.

Se sumergió en el mundo del hampa de la mano de El Papis en 2002; cuando éste estaba recluido, puso a Felipe a cargo de la venta de droga en las colonias La Draga, Villa Panamericana y Juan de Dios Peza, de la delegación Tláhuac.

Pérez Luna no prosperó, decidió crear su propia banda de secuestradores. Entre 2010 y 2011, se especializó en el mundo de las drogas con Óscar García Montoya, La Mano, y con apoyo del Cártel de los Beltrán Leyva, comenzó su nuevo negocio.

Es así como el abatido líder del Cártel de Tláhuac forjó poco a poco su dominio, colonia por colonia, hasta apoderarse del corredor Chalco-Tláhuac, una vía de acceso a la capital sin casetas carreteras.

José Eduardo Zamora Jaime, El Cholo, lo ayudó a consolidar el brazo armado de la organización.

Desde entonces se asentó en Tláhuac, Xochimilco, Milpa Alta, Iztapalapa, Coyoacán y Magdalena Contreras y razón por la cual se augura que alguien asumirá la batuta del cártel.

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