Mujeres chilangas se empoderan sobre ruedas

17 octubre 2017 9:45 pm

Las mujeres chilangas han ganado terreno en muchas áreas y el tema del ciclismo urbano no es la excepción.

De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema), en la Ciudad de México circulan diariamente 157 mil ciclistas, el porcentaje de mujeres no está claro, pero según las estadísticas del sistema Ecobici, cuatro de cada 10 usuarios son mujeres.

Como cualquier otro ciclista, se enfrentan a retos como la falta de cultura vial, una infraestructura poco amigable y la inseguridad, pero por su género, la mujer suma el acoso sexual y los estereotipos sociales.

Este último las impacta desde muy temprana edad y el origen es desde el núcleo familiar.

Escuelas y organizaciones que se dedican a dar clases de ciclismo señalan que al menos 20% de sus alumnos adultos no sabe andar en bicicleta, de ellos, más de la mitad son mujeres entre 20 y 60 años.

Las principales razones, según han argumentando ellas mismas, es porque tuvieron algún incidente y decidieron ya no volver a intentarlo, porque no fue algo prioritario o porque su padres les dijeron que la bicicleta era “cosa de hombres”.

“Sin embargo, actualmente las mujeres están optando, cada vez más, por este medio de transporte, pues es una manera de experimentar la libertad y ya no depender de otros, así como evitar el acoso en el resto de medios de transporte público”, explicó Gabriela Hernández, ex colaboradora de la organización Mujeres en Bici.

Dicha postura coincide con el texto Mujeres en bici: Una expresión de libertad que trasciende fronteras, el cual indica:

“Si reconocemos en la bicicleta una herramienta de cambio que empodera a las mujeres para realizar sus actividades con seguridad y tranquilidad, entonces debemos apostarle a esta alternativa y afrontar estereotipos que las limitan a ciertas actividades.”

Datos del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP por sus siglas en inglés) señalan que el número de mujeres ciclistas en la Ciudad de México va en aumento, sobre todo a raíz de la puesta en marcha en varias colonias del sistema Ecobici.

“Las grandes ventajas del uso de la bicicleta es que es económica, no depende del uso de combustible y es más rápida para distancias cortas, así lo señaló en entrevista para El Big Data el director del ITDP para América Latina, Bernardo Baranda.

Las necesidades de movilidad para las mujeres son distintas a la de los hombres. De acuerdo con la Guía para la Integración de la Perspectiva de Género en los Sistemas de Transporte Urbano, realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo, sus trayectos son más numerosos y complejos por diversas situaciones.

Suelen hacer viajes “acompañadas por hijos”, llevan peso adicional por “compras o carritos para bebés”, mientras que los viajes de los hombres se caracterizan por tener “trayectos escasos, simples y repetitivos” y “rara vez llevan carga consigo”.

Sobre el temas del acoso señala que muchas ciclistas han denunciado ser víctimas de algún tipo de violencia mientras viajan en bici, por lo que algunos especialistas han planteado generar políticas públicas que traten el tema de la violencia de género con el objetivo de crear ciudades más justas.

La unión hace la fuerza

Algunas mujeres ciclistas optaron por organizarse en colectivos para fortalecer y promover la autonomía en una actividad que durante mucho tiempo se pensó era sólo para hombres.

Bajo el nombre de La Rueda Violeta, Mucha Morra, Mujeres en Bici y Clitoral Mass MX las usuarias de bici compartan experiencias, organizan rodadas e, incluso, talleres de bici-mecánica.

La Rueda Violeta –nombre que hace alusión a  mujeres mexicanas de la época del Porfiriato y pioneras en el periodismo– es una agrupación conformada por seis chicas que hicieron de este medio alterno algo esencial en su vida.

“Fue un proceso muy lento, porque primero iba a rodadas cortas, después busqué otros grupos y comencé a moverme en bici a todos lados, hasta que me di cuenta que toda mi vida era a bordo de una bici”, comentó Isabel Méndez, integrante de La Rueda Violeta.

A partir de sus experiencias e inquietudes, las integrantes pensaron en los principales retos a los que se enfrentan a diario.

“En 2012, cuando empecé a laborar. Recuerdo que en una ocasión iba en la micro y decía: hay una bici en casa que se usa de vez en cuando, mejor la voy a sacar”, narró Carina Cruz, del mismo colectivo.

Aseguró que fue una de las mejores decisiones que ha tomado, aunque reconoce que uno de los principales inconvenientes a los que se enfrentó, fue su primera ponchadura.

Lo anterior fue una razón suficiente bajo la cual, el colectivo planteó sus objetivos rectores:

  1. Impartir cursos de mecánica básica de bicicletas encaminados a dotar a las ciclistas de conocimientos básicos que les permitan conocer las partes y accesorios que conforman sus bicicletas.
  2. Compartir con más compañeras estos conocimientos.
  3. Fomentar en otras personas el uso de la bicicleta, pero dar prioridad al género femenino.

“A las mujeres se les perdona no saber mecánica. Siempre va existir alguien que te ayude”, agregó Isabel; no obstante, bajo el principio de autonomía lo que buscan es impulsar a las mujeres a inmiscuirse en estas actividades para ya no depender de nadie más y saber cómo actuar cuando llega la primera ponchadura.

“La cuestión es generar ese espacio de confianza y de confort, por eso a veces empezamos de cero en el sentido de que las participantes conozcan todos los componentes y cómo funcionan y posteriormente se pasa al proceso de parchado de la llanta y sus componentes”, señaló Carina Cruz.

Durante los talleres se les poncha la cámara con la finalidad de que realmente se lleven un buen aprendizaje. En total se realizan ocho talleres de mecánica básica, tres de ellos en colaboración con otros grupos.

Los resultados son evidentes “Nos dijeron que a partir de que tomaron los talleres de mecánica, se sintieron más motivadas para saber mucho más de su bici, incluso para cambiarla”, agregó Citlali Servín.

Para Isabel Méndez, Carina Cruz, Citlali Servín, Andrea Aparicio, Vianney Cruz y Zianya Zamora, La Rueda Violeta es un ejemplo claro la colectividad, tanto en el proceso de aprendizaje como para enfrentar complicaciones en las calles, entre ellas, el acoso sexual.

Su trabajo lo trasladaron a las redes sociales, a través de las cuales comparten información de interés semejante. Por eso, a corto plazo lo que buscan “es trabajar en éstas, en el blog y seguir dando tips”, finalizó Citlali Servín.

En México hay necesidad de hacer grupos ciclistas de mujeres para tener ese espacio de confianza, pero pocos son los que se han logrado consolidar o continuar un trabajo totalmente independiente.

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