La onda destructiva del 19S llegó al segundo 31

12 octubre 2017 1:40 pm

La onda sísmica con mayor poder destructivo del terremoto del 19 de septiembre de este año ingresó a la Ciudad de México sólo 31 segundos después de que se originó el epicentro.

Destruyó 39 inmuebles y provocó la muerte de 228 personas, principalmente de las delegaciones Benito Juárez y Cuauhtémoc.

Las primeras ondas sísmicas cruzaron la frontera de la capital del país 15 segundos después de que la energía fuera liberada en la frontera entre Morelos y Puebla; la fase con mayor poder energético llegó por el sur, a los 16 segundos del primer movimiento telúrico.

Dos horas y 14 minutos antes del gran terremoto, los Gobiernos federal y local realizaron el tradicional mega simulacro conmemorativo del 19 de septiembre de 1985, bajo la premisa de estar preparados para un sismo de magnitudes similares.

Sin embargo, la cercanía del epicentro –122 kilómetros de la CDMX– comprometió la capacidad de alerta de la red de sensores sísmicos que la protegen de un movimiento de gran intensidad.

La radiografía de la red de acelerógrafos que integran el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX) mostró que fue la cercanía del epicentro y la magnitud lo que prácticamente anuló la oportunidad de que la población fuera alertada.

Cuando el sonido de la alerta sísmica se activó, el primer movimiento que hizo vibrar a miles de inmuebles ya estaba en desarrollo, y lo peor llegaría segundos más tarde…

Por eso el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), organismo encargado de la operación y monitoreo de la red de acelerógrafos, aseguró en un reporte del 28 de septiembre que la alerta operó adecuadamente.

Crónica de un desastre

La energía que el terremoto del 19S liberó, quedó registrada en 75 de los 96 sensores que integran la red de alertamiento sísmico nacional, mismos que fueron activados sistemáticamente hasta que los algoritmos con los que los acelerógrafos funcionan emitieron alertas públicas para las ciudades más cercanas al epicentro.

Sólo dos sensores en Oaxaca y 19 en la franja de la costa del Pacífico de Michoacán, Colima y Jalisco no fueron activados por el movimiento.

El primer registro quedó asentado siete segundos después de que el sismo comenzó, en la estación “Pb01 – Pilcaya”, un pequeño municipio ubicado en la frontera norte de Guerrero y Morelos.

La sacudida generó registros en todas direcciones: norte a sur, este a oeste y de forma vertical. Ésta fue la primera onda sísmica cuya percepción fue la de una intensa vibración. El mecanismo de algoritmos bajo los que opera la red considera tres tiempos, cuyos cálculos se realizan en menos de 10 segundos para determinar la magnitud del movimiento y su peligrosidad.

La estación “Pb01 – Pilcaya” aplicó el algoritmo 3s, activado únicamente para la región centro y norte de Oaxaca, en donde se tenían registros de sismos intraplaca como el que golpeó a la Ciudad de México, lo que determinó que un movimiento potencialmente peligroso estaba en desarrollo.

El protocolo establece que tres segundos después del primer registro, el sensor debe emitir un cálculo. El 19S la alerta advirtió sobre el desarrollo de un “movimiento importante”.

En los cinco segundos que siguieron a las 13:14:40 horas, los sensores ubicados en Tehuitzingo, Quetzalapa, Oinalá y Mitlalcingo calcularon que ese movimiento alcanzaría magnitudes entre 5.5 y 6.5, lo que lo convertía en un movimiento con capacidad destructiva.

La naturaleza jugó en contra de la capital, pues no sólo se trataba de un movimiento de gran magnitud con un epicentro muy cercano, además, por su origen intraplaca y su localización geográfica, no provocó la activación inmediata de una señal de alerta pública.

La primera onda viajó a ocho kilómetros por segundo (km/s) hacia la Ciudad de México y la segunda, más lenta, pero considerablemente más energética, lo hizo a cuatro km/s.

El Algoritmo SP declaró máxima prioridad en la atención de comunicaciones de la red, eran las 13:14:56. La fuerza del movimiento fue confirmada por el sensor de “Ox27 – Chazumba”, el cual, a las 13:15:03 indicó a las centrales del SASMEX que se emitiera una “Alerta Preventiva” por un sismo “potencialmente peligroso”.

Un segundo más tarde, el sensor “Pb02 – Tehuitzingo” confirmó que el sismo tendría una magnitud mayor a 6.5, y sólo entonces se emitió la “Alerta Pública”, cuando las ondas sísmicas ya tenían 24 segundos de viaje.

Para ese entonces ya era tarde. En ese momento, la fase más intensa y destructiva del sismo comenzaba a impactar la capital del país.

En su reporte, el CIRES admitió que el tiempo de anticipación fue prácticamente nulo. Para Puebla sencillamente no existió, y para la Ciudad de México y Chilpancingo, el tiempo de alerta fue de apenas 11 y 10 segundos respectivamente.

Hora de replantear el sistema

Los efectos fatales que dejó en la capital el sismo del 19S plantearon la posibilidad de que toda la red de sensores tenga capacidad de emitir una alerta pública para sismos intraplaca, y no sólo para los que ocurran en las regiones centro y norte de Oaxaca, con el objetivo de ampliar el periodo de alerta para ciudades que se encuentran cerca de los epicentros.

El CIRES explicó que, si bien no hubo un desempeño deficiente del sistema durante el sismo del mes pasado, el movimiento reveló la necesidad de incrementar la vigilancia con sensores próximos a las fuentes sísmicas, planteamiento que ya está en proceso de análisis.

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