¿El último samurai? Meade buscará defender al PRI de la extinción

4 diciembre 2017 9:53 pm

Retener la Presidencia de la República seis años más será una misión casi imposible para el Partido Revolucionario Institucional (PRI)…   

El panorama no es nada sencillo: un presidente abatido por los índices de inseguridad, escándalos de corrupción y un aspirante que no despunta en las encuestas de opinión.

A cuatro meses de que arranque el periodo de las campañas presidenciales, el tricolor prepara a su último guerrero; el elegido para defender el imperio que la cúpula priista ganó en 2012.

La estrategia para intentar mantenerse en el poder deberá ser distinta, pues el electorado ya no responde al llamado presidencial y una buena parte se ha aglomerado en el llamado voto “anti-PRI”.

Con ese panorama, el camino a la Presidencia es más que complicado, consideró el investigador y profesor del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), Ignacio Marván, quien dibujó una posible estrategia para que el partido repita en 2018.

En entrevista con El Big Data, Marván detalló que lo primero que el PRI debe revertir es su falta de popularidad en las encuestas, es decir, “que tiene que posicionarse, al menos, como el segundo lugar”.

Durante 2017, los posibles candidatos del PRI se han mantenido en tercer lugar de las preferencias con cifras que no superan los 15 puntos porcentuales, a pesar de que la mayoría de las encuestas se empeñan en inflar a los priistas.

Por ello, las apuestas del tricolor se centraron en un solo samurái, un gladiador que, según ellos, puede tener el carisma suficiente como para ganarle la partida a Andrés Manuel López Obrador y al Frente Ciudadano por México, cuyo nombre es José Antonio Meade.

Marván consideró que el segundo reto consistirá en que el partido logre colocarse por encima del candidato de la alianza PAN-PRD-Movimiento Ciudadano.

El resultado de la elección en el Estado de México mostró que la maquinaria priista sabe cómo lograrlo, apuntó el investigador del CIDE.

Peña, el primero de los obstáculos

La baja aprobación que el presidente Enrique Peña Nieto heredará al candidato del PRI en 2018 será la primera desventaja que el partido y su estrategia electoral tendrá que superar.

La aprobación de Peña Nieto se desmoronó desde 2104 cuando contaba con el visto bueno de casi 50% de los mexicanos. Para inicios de este año, sus números tocaron fondo hasta 12%, luego del alza en el precio de los combustibles y sólo repuntaron en noviembre pasado, empujados por la emergencia de los sismos de septiembre pasado. El presidente llegará a 2018 con menos de 30 puntos porcentuales a su favor.

“(Sin embargo) todos estarán disciplinados (con el candidato) porque los priistas saben que su futuro está en disciplinarse y porque no hay un candidato con fuerza propia que pueda retar la designación del presidente.”

El dilema del “ungido”

A pesar de que el 4 de diciembre se lanzará la convocatoria para las candidaturas dentro del PRI, José Antonio Meade ya demostró que cuenta con todo el respaldo del partido y grupos sindicales, por lo que va sólo rumbo a la candidatura.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el secretario de Educación, Aurelio Nuño, ya no darán la batalla por la candidatura presidencial, pero sin duda tendrán un papel protagónico en esta elección.

El dilema para Peña Nieto es garantizar que eligió al candidato más competitivo y que, además, sea lo suficientemente leal como para que le cubra la espalda durante el próximo sexenio, acotó Ignacio Marván.

Un plan B

La apuesta del partido y del presidente será por retener la Presidencia, como lo hicieron en el Edomex, haciendo todo lo posible, “sin escatimar en recursos ni en mañas”, según consideró el investigador del CIDE, Ignacio Marván.

No obstante, apostar por el control del Congreso también es una posibilidad.

El presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza indicó que la mitad de esas candidaturas van a ser para mujeres, una tercera parte para jóvenes y otras más para comunidades indígenas y con alguna discapacidad.

“¿Qué tenemos hacia adelante en el 2018? Una contienda donde el PRI va aliado con la ciudadanía para defender a México del avance del populismo autoritario que representan López Obrador y Morena”, refiere.

El tricolor apostará durante la elección a sus bases y sectores corporativos para movilizar su voto.

Sin embargo, existe un sector del electorado que tanto el PRI como Morena y el Frente buscarán atraer: los jóvenes.

Y es que existen varios sondeos que muestran que ese grupo poblacional está indeciso e incluso no ve con malos ojos votar por el abanderado priista, lo que podría inclinar la balanza en la elecciones.

El guerrero tricolor

Quienes acompañaron a José Antonio Meade en la noche del 7 de septiembre de 2016, cuando el presidente Enrique Peña Nieto anunció el relevo que haría de Luis Videgaray en la Secretaría de Hacienda, aseguran que su semblante era el de un hombre demacrado.

En apariencia, Meade regresaba al campo macroeconómico y hacendario en el que es un auténtico samurai, y a pesar de ello, el ambiente en los pasillos y oficinas de Palacio Nacional, en donde despachaba, era de derrota, narra la periodista Maite Azuela, en su investigación para el libro Los Suspirantes 2018.

Esa noche, y ante la responsabilidad de conducir las finanzas nacionales que se hundían arrastradas por indicadores cada mes más preocupantes, el ahora virtual candidato del priismo, sintió que sus aspiraciones se habían desvanecido.

Esa noche, Meade no creyó que casi 14 meses después, en el mismo salón de Los Pinos en el que el presidente Enrique Peña Nieto, lo nombró secretario emergente de Hacienda, tendría de frente el camino libre a la carrera presidencial de 2018.

“Muchas felicidades, Pepe, y el mayor de los éxitos”, expresó ese día el presidente.

La unción deberá consumarse el 18 de febrero, cuando en la Convención Nacional, el priismo de todo el país cierre el proceso de selección y entonces se dé luz verde total a la conocida “cargada” al candidato.

Su discreción como funcionario público es directamente proporcional al ascenso de su carrera. Ningún otro político ha trascendido administraciones como Meade. Hasta el 27 de noviembre, había ocupado cuatro distintas dependencias:

Energía y Hacienda en el sexenio de Felipe Calderón y de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y nuevamente de Hacienda, con Enrique Peña Nieto. Su récord sólo es equiparable con la carrera del general Plutarco Elías Calles.

Meade no sólo es discreto en su accionar, sino en su formación y en el alejamiento que ha mantenido de las filiaciones políticas. Esto le ha permitido tejer lazos con el PAN y con el PRI. Su capacidad ambivalente le ha costado también reticencias entre la militancia tricolor, que no ve con buenos ojos a un candidato que no sea priista puro.

Pero la valía que el ex secretario ha tenido para sus jefes le ganó la venia presidencial.

Su carácter le permite ser un político pragmático que resuelve los encargos que el presidente marca, como lo demostró con el empuje que requerían las reformas estructurales y cuando asumió la defensa del alza a los combustibles de enero de 2017.

Meade nació en la Ciudad de México el 27 de febrero de 1969. Es hijo de migrantes irlandeses que se instalaron en el norte del país y que luego encontraron en la capital su sitio de asiento. Su padre, Dionisio Meade, fue el creador del Instituto de Protección al Ahorro Bancario.

Estudió Derecho en la UNAM y Economía en el ITAM, en ambas carreras coincidió con su amigo Luis Videgaray. También es doctor en Economía por la Universidad de Yale.

El círculo más cercano de Meade se forjó en las aulas universitarias. En éste se encuentra el canciller Videgaray y su sucesor en la Secretaría de Hacienda, José Antonio González Anaya; también giran cerca de su entorno Mikel Arriola, actual director del IMSS, e Ignacio Vázquez Chavolla.

Otros nombres como el del secretario de Educación, Aurelio Nuño, también son cercanos al precandidato; incluso se ha planteado la posibilidad de que Nuño sea su eventual coordinador de campaña.

En el ámbito profesional, Meade ha sido cercano de Agustín Carstens, ahora gerente del Banco Internacional de Pagos, y con Pedro Aspe Armella, así como con Vanessa Rubio, actual subsecretaria de Hacienda.

Y, lo más importante, goza de simpatía entre priistas y panistas, lo cual, en el cuarto de guerra tricolor, consideran fundamental para derrotar a Andrés Manuel López Obrador en 2018.

El principal operador

Miguel Ángel Osorio Chong es, quizá, uno de los últimos sobrevivientes de la estructura piramidal del PRI. Su ascenso hasta la cúpula del Gobierno priista no es casualidad, sino el resultado de una construcción que comenzó desde las bases, ésas que le dieron identidad y fuerza al grupo Hidalgo.

Se podría decir que el actual secretario de Gobernación es el más priista de los nombres que sonaban para abanderar la carrera tricolor rumbo a la elección presidencila del próximo año.

Lejos de sus competidores, Osorio Chong también es el único que cuenta con un capital político propio, no heredado por la fuerza de la figura presidencial, para ser competitivo en la carrera de la sucesión.

Amén de cómo se comporten las encuestas en las semanas posteriores al cierre de esta edición, agitadas por la renuncia del ex secretario de Hacienda, José Antonio Meade, y el aparente “destape” presidencial en su favor; hasta este momento, Osorio Chong es el priista mejor posicionado ante la opinión pública a nivel nacional.

Sin embargo, es verdad que los números no le dan al hidalguense para ser realmente competitivo frente a sus rivales, principalmente ante el seguro candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, el candidato a vencer en las urnas, del que, hasta el momento está 10 puntos por debajo.

Lo que también es cierto que si hay un priista con el que prácticamente toda la estructura del partido se sentiría cómoda es él; la maquinaria tricolor jugaría sin dudarlo a su favor.

Su formación personal y las primeras vetas políticas fueron forjadas en Pachuca, la capital hidalguense, en la que la familia Chong se asentó, después de que su abuelo, un migrante chino, decidiera regresar a su país de origen.

Su historia siempre ha estado ligada a los sectores corporativos del PRI. Su padre fue un dirigente afiliado a la Confederación de Trabajadores de México y también empleado en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

El secretario de Gobernación es abogado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, lugar en el que encontró su primer camino hacia la política, al ingresar a la Comisión Estatal Electoral. Ahí aprendió a conocer el estado que años después gobernaría.

En su formación política hay nombres fundamentales como Mario Alberto Viorney, quien lo encaminó políticamente hacia su afiliación priista y de quien fue estratega en su campaña al ayuntamiento de Pachuca.

Osorio Chong también formó parte de los equipos de los gobernadores Jesús Murillo Karam y Manuel Ángel Núñez; principalmente del primero fue de quien aprendió la esencia de la operación política

Al presidente Enrique Peña Nieto lo conoció cuando ambos eran gobernadores, del Estado de México y de Hidalgo, respectivamente. Su valía fue determinante en la operación y consolidación de la candidatura de Peña Nieto en 2012.

En su última etapa como servidor público, a Osorio Chong se le pueden también señalar puntos negativos que tienen que ver principalmente con las crisis de seguridad y de respeto de los derechos humanos que azotan al país, pero también es cierto que es el único de este sexenio que pudo mantenerse en el cargo.

Osorio Chong pertenece al grupo Hidalgo, y por ese peso tendrá un papel fundamental en la contienda electoral de 2018, donde su futuro también estará en juego.

El guardian de EPN en las filas de Meade

Aurelio Nuño es un hombre de Estado y un ferviente creyente de la importancia y solidez de las instituciones para que las naciones crezcan y se consoliden; su mayor virtud, ser amigo del presidente Enrique Peña Nieto.

El actual secretario de Educación tienen clara su misión en el gabinete presidencial: lograr que los encargos del primer mandatario se cumplan a cabalidad.

Así lo demostró desde que se integró como jefe de la Oficina de la Presidencia, luego de que Enrique Peña Nieto ganó la elección de 2012. Su dedicación al titular del Gobierno federal lo llevó, incluso, a aspirar a la silla presidencial.

Son variados los colaboradores que han ofrecido versiones a los medios de comunicación sobre las largas jornadas de trabajo a las que Nuño es aficionado, las cuales terminan hacia las dos o tres de la mañana.

Cuentan quienes lo conocen, que así ha sido el secretario desde su etapa como universitario, en los pasillos y aulas de la Universidad Iberoamericana en donde estudió Ciencias Políticas y Administración Pública.

El periodista Salvador Camarena describe a Nuño, en su perfil para el libro Los Suspirantes 2018, como un baluarte de la academia nacional. Su formación fue destacada entre quienes lo conocieron en sus tiempos universitarios y también durante su estancia en la Universidad de Oxford.

El círculo académico es natural al secretario y le viene de casa, en donde principalmente el esposo de su madre, Roberto Varela, fue uno de sus maestros más determinantes.

Como celador del presidente Enrique Peña Nieto, Nuño fue parte fundamental en el diseño del andamiaje de reformas que darían luz al llamado Pacto por México, en el que su intervención fue decisiva para lograr el texto final con el apoyo de los panistas y perredistas.

Muchos aseguran que Nuño puede ser también un político cerrado a la negociación. Una muestra fue el fracaso que le significó el 19 de junio de 2016, en Nochixtlán, Oaxaca, en donde un operativo para retirar una protesta de la Sección 22 de la CNTE culminó con la muerte de ocho civiles y varios policías heridos.

Antes de esos terribles hechos, Nuño apostó posicionarse hacia los comicios de 2018, al  arrancar los privilegios de los que gozaba la Sección 22 y detonar así la reforma educativa. Pero Nochixtlán frenó en seco sus aspiraciones presidenciales.

Su nombre hacía eco entre los presidenciables del priismo debido a su cercanía con el presidente; sin embargo, el destape presidencial de José Antonio Meade dio un giro a su destino y lo coloca en otro escenario.

Aunque Nuño incluso ha disentido con el ex secretario de Hacienda en temas como la visita del entonces candidato republicano Donald Trump al país, hay voces que lo colocarían cerca de la órbita del posible candidato presidencial, incluso como su estratega de campaña. El tiempo lo resolverá y él, se dice, está preparado.

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