El monstruo en casa; abuso sexual a menores

9 enero 2018 11:06 pm

Llegué de la escuela y en la casa, como siempre, no había nadie; mis hermanos estudiaban en la tarde y mi mamá trabajaba. Me dispuse a hacer mi tarea, cuando de repente apareció mi tío.

Para ser sincera, no sé de dónde salió, pero se me acercó y comenzó a rozar sus manos en mi cintura.

Su presencia me comenzó a incomodar, pero entre más le decía que me dejara, más se acercaba a mí.

Después de bajar sus manos a mi entrepierna todo se nubló, sólo recuerdo que me tomó por la fuerza, dobló mis brazos, me volteó y aunque yo gritaba que no lo hiciera, me violó.

Nadie me pudo ayudar, los únicos que estaban afuera de la vecindad en la que vivía eran unos perros callejeros que al escucharme llorar y suplicar se alborotaron y comenzaron a ladrar.

Hoy, después de 16 años de lo que pasó, me pone nerviosa escuchar los ladridos de los perros; no sé, creo que mi mente lo vinculó y, aunque suena irracional, mi cerebro se traslada a aquel día.

Éste  es el testimonio de Julia “N”, una mujer cuyas palabras son un ejemplo de miles de casos de abuso sexual contra menores de edad que se presentan cada año en la Ciudad de México.

Según cifras oficiales, 60% de los casos son cometidos por personas muy cercanas a la víctima, entre los que figuran los padres, padrastros, hermanos, primos, tíos, abuelos e incluso vecinos.

Esto genera mayor afectación emocional y psicológica para el menor abusado, ya que no sólo se violenta el entorno que lo hacía sentir seguro sino que mantiene constante el recuerdo de su agresor; además, de que se da un rompimiento familiar.

“En las familias los traumas tienden a repetirse de generación en generación si se deja en secreto y no se hace nada al respecto, por eso es importante ir a terapia”, señaló el psicólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Uriel Flores.

Sin denuncia

El caso de Julia nunca llegó al juzgado, debido al temor que sentía su mamá de verse acorralada por su propia familia y que las tacharan de mentirosas.

Desgraciadamente este caso se suma nuevamente a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía  (Inegi) en los que señalan que cerca de 90% de los delitos sexuales no se denuncian.

De acuerdo con un diagnóstico de la violencia sexual que elaboró la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) en 2016, en promedio, de cada 100 casos de agresiones sexuales que se cometen en el país, sólo seis llegan a ser denunciados y de esos, apenas la tercera parte son consignados ante un juez.

El miedo a la denuncia radica, de acuerdo con Evelina González, psicóloga de la Universidad Tecnológica del Estado de México, en las represalias de los violadores. Es decir, que los agresores repitan el acto sexual como venganza por contarle a alguien más.

“Otra razón es que piensan que la gente no les va a creer o que de alguna forma son responsables y avergonzados. A veces desconocen, incluso, el vocabulario necesario para hablar sobre el tema y por lo tanto no pueden expresarse adecuadamente.

Aunque generalmente no lo expresan verbalmente, sí lo hacen mediante algunos cambios en su comportamiento”, señaló González.

Los padres deben educar a sus hijos respecto al tema. Para ello debe haber vínculos adecuados entre padres e hijos, si no hay esta conexión, que es la principal arma de defensa del menor, los abusos continuarán.

Los especialistas señalan que un niño es más vulnerable cuando los padres no le han hablado de sexualidad, por lo que recomiendan educarlos sobre el tema, sobre todo alertarlos para que no permitan que nadie toque su cuerpo.

Por qué el menor no habla del abuso
  1. El efecto por el trastorno por estrés postraumático hace olvidar la agresión. Algunos niños no divulgan lo ocurrido hasta que son adultos.
  2. Han sido amenazados o chantajeados por el agresor y temen que el agresor les hará daño a ellos o a su familia.
  3. Temen que nadie les creerá, que los culparán de lo ocurrido y se meterán en problemas.
  4. El agresor lo ha convencido que es su secreto, en un juego privado y que deben callar.
  5. Temen que divulgar lo ocurrido afectará negativamente a la familia, especialmente si el agresor es un miembro de la familia o un amigo
  6. Temen que serán separados de su familia si dicen lo que les ha pasado.

Un proceso doloroso

De acuerdo con el psicólogo Uriel Flores, el proceso de aceptación es crucial no sólo para la víctima sino para toda la familia debido a que el núcleo familiar se rompe.

Como primer paso, el psicólogo recomienda creer en lo que los menores denuncian, aunque eso sea difícil de aceptar.

“Créale, pues rara vez mienten acerca de la violencia sexual. Nunca los considere culpables, bajo ninguna circunstancia y sobre todo anímelo a hablar sobre la agresión”, arengó.

De acuerdo con expertos en la materia, los niños difícilmente inventan un abuso sexual, por la simple razón de que es un tema que no dominan.

Una vez que se escucha al menor, el psicólogo de la UNAM recomienda llevarlo al médico y verificar que no sufra daños internos.

El punto que sigue es el del proceso de asimilación: la o las personas de confianza del menor deben asimilar más rápido las cosas. No deben echarle la culpa al niño o niña y mucho menos dudar de su palabra.

“Recuerde que aunque duela aceptarlo, el afectado directo aquí no es usted. Véase a sí mismo como el muro de contención de su familiar, debe ser su soporte y apoyarlo”, enfatiza flores.

Después de comprender este punto, debe buscar ayuda psicológica para que con terapias ambas partes pueden procesar lo que sucedió.

“Una de las terapias más comunes y que la mayoría de los doctores utilizan son los círculos de confianza, es decir que la víctima y sus padres, o personas, valga la redundancia, de confianza, hablen, se desahoguen y dejen ver que, al fin y al cabo, son personas, con defectos y, que a pesar de las dificultades, el lazo que forman en la sesión perdurará de por vida.

“Aunque cabe destacar que es imposible que un menor recupere 100% la personalidad que tenía antes del ataque”, puntualizó Uriel Flores.

En tanto, Evelina González, psicóloga de la Universidad Tecnológica del Estado de México, dijo que es importante mantener la calma y no entrar en pánico, la manera en que los padres interpretan el suceso será crucial en la recuperación de sus hijos y/o hijas.

Además, recomienda buscar ayuda de instituciones y, sobre todo, atender al menor para que después no presente afectaciones o un crecimiento disociado.

“Obviamente el primer paso es llevar al pequeño a un hospital para que lo atiendan y se cercioren que no tiene daños internos”, agregó.

Señales de alerta
  1. El niño puede referir cosas que indican que alguien ejerció violencia sexual contra él. Aunque a veces el testimonio del pequeño no sea claro, escuche con atención y no lo presione.
  2. Cambios bruscos de comportamiento habitual como: apetito, humor (enojo, tristeza profunda o miedo)
  3. Comportamientos excesivamente sexuales, manipulativos o seductores para su edad, como puede ser: tocarse a menudo los genitales, buscar la ocasión de tocar los genitales de los adultos, forzar a otros a tener juegos sexuales.
  4. Dibujos: hacer de los genitales la característica más predominante de sus dibujos.
  5. Simular constantemente posiciones de coito con o sin ropa.
  6. Juegos o comportamientos agresivos persistentes, o empleando palabras obscenas que son propias del lenguaje de adulto.
  7. Dificultad para dormir: terrores nocturnos, pesadillas, enuresis (hacerse pipí en la cama), encopresis (hacerse popó en la cama).
  8. Terror que no sabe explicar a personas o lugares en especifico o evitar persistentemente el contacto con determinadas personas
  9. Ideas recurrentes de autodestrucción o suicidio.

Asesoría jurídica

La recomendación de buscar atención médica no sólo tiene el objeto de garantizar la salud y seguridad del menor, también es con el fin de proporcionar documentación para la investigación delictiva.

“Con frecuencia los hospitales y los centros médicos denuncian las agresiones sexuales o la sospecha de agresión sexual a la policía”, mencionó Evelina González.

Si las autoridades inician un proceso judicial, los estudios médicos ayudarán a proporcionar las pruebas necesarias para determinar la culpabilidad del violador.

“Recuérdelo, las leyes de prescripción en los casos de violación conceden sólo un plazo determinado para iniciar acciones judiciales, así que asegúrese de saber de cuánto tiempo dispone para denunciar la violación.”

Un centro especializado como la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas A.C puede ayudarlos y orientarlos en el término legal y los plazos de la ciudad en la que radica, o puedes buscar la ayuda de cualquier otra organización.

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