Contaminación fecal, el enemigo invisible

4 enero 2018 9:36 pm

El fecalismo se define como la contaminación por partículas de heces en el aire, la tierra o espacios públicos y aunque es un problema latente, no existen estudios que midan su magnitud en la capital.

Incluso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que ésta puede ser igual de perjudicial que la contaminación por las emisiones de dióxido de carbono de los autos, pues puede provocar neumopatías obstructivas crónicas, infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores o hasta cáncer de pulmón por la exposición prolongada a este tipo de sustancias.

Una de las principales causantes de este tipo de contaminación son las heces de los animales como perros, gatos o caballos, pues son los que excretan en la vía pública; estos desechos se secan, pulverizan y con el aire, flotan.

Los perros callejeros acentúan el problema, pues, de acuerdo con un censo de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema), en la Ciudad de México (CDMX) hay un millón 200 mil canes en esa condición que defecan en cualquier lugar.

Las delegaciones que tienen más registros de canes en situación de calle son Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco, Milpa Alta y Magdalena Contreras.

La doctora Beatriz Cárdenas, directora de la Gestión de Calidad del Aire de la Sedema, confirmó  a El Big Data que la causa más importante de la contaminación fecal son la heces de los perros que no son levantadas adecuadamente.

Reconoció que no han realizado ningún estudio al respecto, pese a la importancia de saber cuántas partículas fecales hay en el aire para tomar medidas adecuadas.

Y es que los desechos caninos contienen e coli y giardia, bacterias y parásitos que provocan padecimientos intestinales y no son exclusivos de los animales.

Es por ello que José Trinidad Sánchez Vega, especialista en Microbiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pidió ver esta situación también como un problema de salud.

“Las heces son la fuente principal de agentes patógenos causantes de diarrea, parásitos y enfermedades en humanos y animales”, señaló.

También indicó que el primer motivo de consultas médicas en el país son los padecimientos gastrointestinales, mismos que ocupan las primeras causas de muertes de bebés.

Además, es un mal invisible que no se percibe, pero está en todos lados, no sólo en el aire.

A pesar de sus implicaciones, el tema aún no es estudiado a fondo e incluso hay quienes piensan que el tema no es transcendental, como otros.

Paloma Neumman, encargada de los datos del proyecto Megaciudades en la CDMX y que se centra en la calidad del aire, afirmó que no es un tema que estén trabajando porque no lo consideran una de las fuentes principales de contaminación ambiental.

Aunque reconoció su preocupación, aseveró que hay temas más urgentes o trascendentales que las heces de los perros y dijo desconocer las causas o repercusiones en la salud de las personas.

Pero no es la única, pues no hay un referencia histórica en el país sobre este tipo de contaminación.

Sánchez Vega refirió que solamente la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la OMS son quienes realizan estudios sobre sus implicaciones en materia de salud, pero ni a nivel nacional o local hay un análisis.

Su propagación

El especialista de la UNAM destacó que no sólo las heces de los animales son las que provocan contaminación fecal.

Advirtió que existe una serie de hábitos culturales que también contribuyen, tales como no lavarse las manos después de ir al baño y tener un bote de residuos de papel con excremento.

Y es que aún cuando el papel esté depositado en un lugar “seguro”, las heces fecales también se secan y se pulverizan, por lo que el problema también puede estar en casa.

Sánchez Vega apuntó que si no se tienen los cuidados higiénicos mínimos después de ir al baño, las partículas de los desechos humanos podrían viajar en el Metro: en las perillas, los pasamanos, etcétera, y ser un grave foco de transmisión.

Es por ello que casi todo lo que consumimos en la calle, como alimentos y bebidas, están expuestos a ser infectados.

Además, los artrópodos, como las cucarachas y moscas, contribuyen a esta situación y la empeoran trasladando bacterias de heces.

La doctora Cárdenas afirmó que una de las medidas que pueden ayudar a combatir esta problemática es cumplir con la ley de residuos recién aprobada, la cual estipula que los excrementos de las mascotas deben ir en los desechos orgánicos.

Asimismo, consideró que la tenencia responsable de animales y su cuidado son una parte muy importante, porque un dueño responsable se debe encargar de recoger los desechos y  procurar mantenerlos en buenas condiciones de salud.

En cuanto a los perros callejeros afirmó que no son de generación espontánea y para terminar en esa situación hubo alguien que no los cuidó y abandonó. Por lo cual, tratar de generar consciencia es  un paso significativo.

Para promover esto, el Gobierno capitalino comenzó desde 2007 una campaña para pedir a los dueños de mascotas recoger y depositar en bolsas de plástico los desechos de sus mascotas.

El doctor de la UNAM, José Trinidad Sánchez Vega, resaltó que en esta problemática “todos somos responsables” y una de las soluciones, además de la tenencia responsable de mascotas, es depositar el papel de baño sucio en la taza porque ahora está hecho para degradarse y desintegrarse en el agua.

Asimismo, señaló que educar a las personas es muy importante porque al mejorar los hábitos de higiene, también se mejora el saneamiento de la ciudad y, por tanto, la salud de las personas.

Una fuente de energía

Los especialistas señalan que hay otra alternativa en la que se puede emplear este tipo de desecho: generar energía.

Es así como surge Composcan, un proyecto reconocido por el Consejo Nacional para Ciencia y Tecnología (Conacyt) que a través de un biodigestor convierte los desechos y bacterias de los excrementos caninos en energía eléctrica, la cual puede servir para generar luz para distintos tipos de servicios.

El biólogo Leyva Hernández, el maestro Alfredo Cuesta Godoy y el diseñador industrial Eduardo Olivares Guevara, de acuerdo con Conacyt, son los fundadores del proyecto, y son quienes conscientes de la problemática de salud que significa que las partículas de residuos de perros y bacterias estén suspendidas en el aire, decidieron actuar.

Actualmente el proyecto está en fase de prueba, pero si avanza podría ser una solución al problema mencionado en la capital porque convierte el gas metano que emiten las heces de perros en algo positivo.

Con esto se cierra un ciclo: el perro hace del baño, se levanta el desecho, se deposita en el contenedor biodigestor y por último, se vuelve electricidad.

El fecalismo es un problema ambiental y ecológico que debe ser atendido, hay soluciones creativas, pero para empezar, como dijo Sánchez Vega, lo primero que se tiene que hacer es abordarlo y no mostrar indiferencia.

Porque al final, no existe alguna barrera que separe las partículas que respiramos y si no se le presta atención, seguiremos respirando el excremento.

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