Bosques capitalinos están en peligro de extinción

29 noviembre 2017 11:30 pm

Además de la mancha urbana y la tala clandestina, los bosques de la Ciudad de México se enfrentan a otro viejo problema: la nula política de protección ambiental.

Esto se refleja en que, actualmente, sólo 17% del suelo de conservación que hay en la capital está catalogado como área natural protegida.

El Programa Estratégico Forestal del Distrito Federal 2006-2025 calcula que el suelo de conservación ocupa una superficie de 87 mil 310 hectáreas, es decir, 59% de la superficie de la ciudad, mientras que el suelo urbano representa 61 mil 458 hectáreas (que es 41%).

Sin embargo, sólo existen 23 Áreas Naturales Protegidas y un Área Comunitaria de Conservación Ecológica, las cuales abarcan una superficie de 26 mil 47 hectáreas, que representan ese 17% de suelo de conservación, según la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema).

Especialistas en materia ambiental consultados por El Big Data indican que no existe la capacidad financiera ni de recursos humanos para declarar todo el suelo de conservación como área protegida.

Ante ello, el Senado de la República ya trabaja en la Ley Forestal, instrumento que servirá para dar más facultades a los ejidatarios y comuneros, con el fin de que ellos puedan contribuir al cuidado y protección de estas zonas.

Bosques en extinción

El suelo de conservación se distribuye en nueve delegaciones, pero cuatro de ellas se reparten el 81%: Milpa Alta, con 32.2%; Tlalpan, con 29.4%; Xochimilco, con 11.9% y Cuajimalpa de Morelos con 7.5%.

Le siguen Tláhuac, con 7.2%;  La Magdalena Contreras, con 5.9%; Álvaro Obregón, con 3.1%; Gustavo A. Madero, con 1.4% e Iztapalapa, con 1.4%, según el Atlas de Riesgo del Suelo de Conservación de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT).

En 2010, este órgano autónomo estimó que dentro del suelo de conservación existía una cubierta forestal de 46 mil 137 hectáreas, equivalente al 53%.

Sin embargo, datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) señalan que en el país se han perdido un total de 180 mil hectáreas de bosques entre 2010 y 2015, de las cuales 167 hectáreas pertenecen a la Ciudad de México.

La importancia del suelo de conservación y bosques radica en que estas áreas brindan múltiples servicios a la ciudad, empezando por agua; combaten los niveles de contaminación y albergan una importante diversidad de flora y fauna.

También regulan el microclima de la región; contribuyen a la producción agropecuaria y rural, y dotan de posibilidades de recreación, valores escénicos y culturales.

Al declarar dichas zonas como Áreas Naturales Protegidas ya no pueden ser alteradas por actividades humanas y son preservadas por su función para mantener la biodiversidad y los servicios ambientales.

Los ecosistemas boscosos que se encuentran en las delegaciones son bosque de encino, oyamel; eucalipto y cedro, así como pino.

Las áreas que tienen esta clasificación en Tlalpan son: Cumbres del Ajusco, Parque Ecológico de la Ciudad de México, Ecoguardas, Bosque de Tlalpan, San Nicolás Totolapan, San Miguel Topilejo, San Miguel Ajusco y Los Encinos.

En Cuajimalpa: el Desierto de los Leones, Insurgentes, Miguel Hidalgo y Costilla; en Álvaro Obregón: Desierto de los Leones, San Bernabé Ocotepec y La Loma; en Iztapalapa se encuentran el Cerro de la Estrella y en Miguel Hidalgo: Bosques de las Lomas.

Mientras que en Magdalena Contreras: Lomas de Padierna, San Nicolás Totolapan, San Bernabé Ocotepec y en Gustavo A. Madero: La Armella.

Las instancias gubernamentales que protegen estas zonas son la Dirección General de la Comisión de Recursos Naturales (Corena), la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema), Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), y delegaciones como Tlalpan e Iztapalapa.

Aprovechamiento

Los especialistas consideran que los bosques de la Ciudad de México se encuentran bajo un régimen que limita su aprovechamiento y esto genera tala clandestina, venta de predios para uso habitacional, descuido e incluso incendios forestales.

“Si no se aprovecha el bosque se abandona y se hace otro uso con el suelo”, advierte Raúl Benet, director en política forestal del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.

En la Ciudad de México, casi 28 mil hectáreas del suelo de conservación se utilizan para la agricultura, más de 10 mil hectáreas han sido ocupadas por asentamientos humanos y casi ocho mil por pastizal inducido para sostener la ganadería.

Raúl Benet señala que existe una prohibición del aprovechamiento del bosque en la Ciudad de México y esto ocasiona tala ilegal, incendios, abandono, venta de tierras para desarrollos inmobiliarios; además, no hay una política pública real que fomente el desarrollo del manejo forestal.

Pero resalta que actualmente en el Senado está en proceso de aprobación la Ley Forestal, que promoverá el manejo forestal sustentable del aprovechamiento e involucrará a los comuneros y ejidatarios, que son los dueños del bosque.

“Más de 80% de las tierras pertenecen a las comunidades indígenas y hemos vivido dándoles la espalda. No hay casi ninguna reciprocidad y no les dejamos nada”, advierte Jürgen Hoth, director de Proyecto Bosque de Agua de Conservación Internacional México.

Paloma Neuman, investigadora de Greenpeace, refiere que la catalogación de suelo promueve la conservación, pero es insuficiente para que realmente la gente que es dueña de esos terrenos pueda vivir de ello.

Ante las escasas posibilidades de usar el bosque, los comuneros y ejidatarios tienen menos posibilidades de generar dinero, por lo que optan por la tala ilegal o venta de predios para asentamientos humanos.

Benet y Hoth concuerdan que los asentamientos humanos también son promovidos por asuntos políticos, pues el Gobierno no ha cumplido con el resguardo del suelo de conservación y permiten la transacción a cambio de votos.

Neuman explica que los dueños del bosque se enfrentan a grandes problemas cuando pretenden sanear su propio bosque, pues hay grandes problemas de plagas en los bosques de la Ciudad de México y hay que darles mantenimiento.

“La solución es más y mejor uso del suelo del bosque: el desarrollo sustentable para beneficio de las comunidades, de las tierras y de nosotros mismos”, dice Hoth.

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