Albañiles, reyes de la construcción de vivienda en CDMX


La autoconstrucción ha edificado a las ciudades en todo el mundo y la Ciudad de México no es la excepción; aproximadamente 70% de sus viviendas fueron creadas sin el diseño ni la supervisión de profesionales de la construcción.

Así es como la mancha urbana de la capital del país ha crecido, principalmente por la necesidad de la población de acceder a una vivienda que la mantenga cerca de sus actividades y porque creen que es la forma más económica de hacerlo.

Aunque la autoconstrucción no es ilegal por sí misma, por lo general se acompaña de actos irregulares como la invasión de predios, que se expanden conforme crecen las familias.

Edificar de esta forma lleva implícito un riesgo doble: la posibilidad de perder un patrimonio que se creía seguro y colocarse ante una emergencia en caso de fenómenos como la sismicidad, constante en urbes como la capital del país.

Alfonso Penela, director general de la Corporación Mexicana de Valuación (CM Valuación), atribuyó este fenómeno a la falta de liquidez generalizada que ha obligado a la población a descartar la contratación de un profesional, ya sea un arquitecto o ingeniero, y optar por un albañil, que no siempre cuenta con la experiencia y la capacitación necesaria.

“Este proceso constructivo implica que si te sobraron 15 pesos de la quincena se compran dos tabiques y bultos de cemento que se van guardando, y un día, cuando ya se tiene suficiente material, se junta a los cuates, los hermanos y los primos para echar muro y losa”, explicó Penela.

El proceso constructivo continúa y si el propietario del predio “tiene suerte” conocerá e invitará a un albañil para que dé “cierta lógica” al colado, la cimbra, los armados y otros elementos; en el peor de los casos, los inmuebles se levantarán sin información ni supervisión.

“Las viviendas van creciendo según las necesidades de las familias; no hay un plan maestro, no hay un proyecto, simplemente se va haciendo; comienzan como un techo de lámina de cartón y terminan siendo una losa, pero los muros son los mismos”, abundó el arquitecto.

Aunque este proceso implique riesgos, Jorge Macías, director de Desarrollo Urbano y Accesibilidad en WRI México, aclaró que la autoconstrucción no equivale a ilegalidad ni a inseguridad, además de que es necesario reconocer que “es una estrategia que la ciudadanía adopta para asegurarse una vivienda”.

“Lo que lo hace inseguro es la falta de reconocimiento (de la autoconstrucción), pues si se implementa un marco legal, habría certeza de que la vivienda cumpla con medidas mínimas necesarias”, explicó.

La tendencia de las ciudades

Frente a un escenario en el que la población opta por permanecer cerca de sus centros de desarrollo social y laboral, la autoconstrucción se convierte en la respuesta para acceder a vivienda en urbes como la capital.

Este fenómeno termina por dirigir el desarrollo urbano, apuntó Jorge Macías y agregó que, ante la falta de un reconocimiento legal y un vacío institucional al respecto, estos procesos terminan por impedir el ordenamiento de la ciudad.

“Esto, lo único que hace, es que el trazo urbano no se haga de buena manera, que no exista la dotación de espacio público suficiente y que no existan los mecanismos de provisión de servicios adecuados.”

Por eso “urge el reconocimiento del proceso de autoconstrucción”, advirtió el director de Desarrollo Urbano y Accesibilidad en WRI México.

De acuerdo con Macías, el fenómeno de la autoconstrucción se extiende en al menos 50% del total de las edificaciones y viviendas levantadas en todo el país.

“No podemos tenerla en total oscuridad, ni taparnos los ojos en política pública. La discusión sobre la autoconstrucción para nosotros es muy relevante, porque contribuye en gran manera a cómo estamos haciendo ciudad y cómo estamos repartiendo las oportunidades”, agregó.

Los riesgos

Ante la evidencia de que la Ciudad de México se asienta en una zona de alta actividad sísmica, el riesgo de la autoconstrucción se vuelve una ruleta de la suerte, en la que la resistencia de las estructuras dependerá de la habilidad del maestro albañil responsable.

“Si los muros y las estructuras no están correctamente ligados, en el mejor de los casos es que se van a estrellar, que fue mucho de lo que pasó en el sismo del 19 de septiembre, tal vez la estructura la libre si tiene marcos rígidos, columnas y trabes”, apuntó el director general de CM Valuación, Alfonso Penela.

“Pero cuando los daños son en los muros de carga, es cuando las casas colapsan. Es lo que me tocó ver en Magdalena Contreras, que son evidentemente casas de autoconstrucción, incluso me tocó diseñar la demolición de alguna que era la casa de un maestro albañil, pero que descuidó todo”, advirtió.

Evidencias como varillas expuestas en los techos, sin calzar, o losas que parecen ‘hamacas’, porque fueron mal armadas, revelan las deficiencias de proceso autoconstructivos, que terminan por demoler el valor de los inmuebles.

Fenómeno social

La ilegalidad es una característica casi consecuente de la autoconstrucción, pues las viviendas normalmente se asientan en predios irregulares, y por su expansión y multiocupación, dificultan la identificación legal de un propietario.

La consecuencia es que varias familias detentan la “posesión” de un mismo inmueble, aunque ninguna pueda reclamar la propiedad legal del mismo, por lo que la configuración de un patrimonio que pueda ser valuado es prácticamente imposible.

“Empieza una pareja original construyendo un cuarto, va creciendo la familia, hacen más cuartos, los baños; todo sin ningún orden, no consideran la ventilación, iluminación, salubridad, simplemente va creciendo hacia arriba por generaciones”, explicó Penela.

El arquitecto Penela consideró que una parte de la resiliencia de las ciudades tiene que ver con la posibilidad de sus habitantes de crear un patrimonio legal, que fomente que sus propietarios lo mejoren estructural, estética y funcionalmente, “los tres pilares de la arquitectura”.

“Si reconocemos que ahí viven muchas familias y que cada una tiene derecho a su pedacito, en el momento que se constituya en condominio familiar, por ley se tendrán que hacer mejoras a la construcción para que cumplan con el Reglamento de Construcciones y el régimen de condominio, entonces la autoconstrucción se empieza a volver segura y formal”, agregó.

No todo está perdido

Aunque en su naturaleza es una actividad empírica, la autoconstrucción regulada puede ser segura, siempre que guarde principios básicos de diseño y ejecución.

Lo primero es contar con un terreno limpio de basura que sea compactado para desplantar una losa de concreto armado con varillas de acero, que soporte las fuerzas de compresión y la tensión.

Los muros deben estar enmarcados con elementos rígidos de concreto colado con acero, castillos y dalas tradicionales en un diseño regular.

“Siempre que se abra una ventana se debe armar un arco de concreto que resista. El concepto de enmarcar los muros es fundamental, no sólo se trata de poner tabique y juntarlo con otro tabique, hay que meter castillos y dalas”, agregó el director general de CM Valuación.

Sin embargo, la experiencia y capacitación de quienes trabajan en las obras es indispensable, consideró Enrique Godínez, maestro albañil con más de 20 años de experiencia.

El trabajador de la construcción explicó que para que un albañil alcance el grado de maestro al menos debe sumar cuatro años de experiencia; comenzar como ayudante, pasar a media cuchara, grado en el que se tiran pequeños tramos de tabique y se hacen aplanados, y finalmente alcanzar el grado de maestro y maestrero.

“No es que se pase de uno a otro, lleva su tiempo. Es como si fuera una carrera. Pero incluso con esos años debe seguir capacitándose. En mi caso llevo 20 años y todavía sigo aprendiendo cosas nuevas”, destacó.

Godínez aclaró que un maestro con conocimiento suficientes puede llevar a cabo modificaciones sencillas; sin embargo, reconoció que si se trata de cambios estructurales es necesario contratar a un arquitecto o a un profesional de la construcción.