A paso lento avanza regulación del trabajo doméstico

13 diciembre 2017 10:45 pm

En México existen dos millones 480 mil 466 personas que se dedican al trabajo doméstico remunerado.

Aún así, cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) revelan que 99 de cada 100 carecen de algún contrato que las respalde y haga valer sus derechos básicos laborales.

Los esfuerzos por sindicalizar dicho gremio son casi nulos, debido a que un alto número de ellas no sabe leer ni escribir, y otro tanto desconoce que tiene derechos y que hay agrupaciones que velan por ellos.

El 93% de las personas que se dedican al trabajo en el hogar remunerado son mujeres, y la mayoría llega por recomendación a un trabajo y cierra el trato de palabra.

Casi una cuarta parte es indígena, proporción que se eleva en las zonas norte y sur del país, y dos de cada 10 habla alguna lengua indígena.

Víctimas de maltrato y racismo

La Encuesta Percepciones sobre el trabajo doméstico: Una visión desde las Trabajadoras y las Empleadoras, realizada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) reveló que las empleadas del hogar enfrentan maltrato.

Y esto comprende acoso sexual, golpes, despido injustificado, acusaciones falsas de robo, humillaciones, accidentes de trabajo sin recibir atención y hasta prohibición de hablar en lengua indígena.

Tal es el caso de Antonia Bautista, originaria de Oaxaca, que con 15 años comenzó a laborar en este ámbito, y ya suma 31 de experiencia.

En entrevista con El Big Data, narró que en sus primeros trabajos se encontró con una señora (empleadora) que vivía en Interlomas, quien la maltrataba.

“Ella comía bien, pero a mí me daba cáscara de papa para hacerme de comer, mientras que en otros lugares lo que comían ellos –quienes le daban trabajo– comía yo”, contó.

La necesidad hizo que Bautista soportara esta situación durante tres meses, pero después optó por marcharse; la situación vulneró su derecho a una alimentación sana y nutritiva.

Señaló que en todo el tiempo que lleva trabajando, en algunas ocasiones sí recibió aguinaldo; no obstante, nunca ha percibido pagos por horas extras, ni mucho menos ha sido dada de alta en el Seguro Social.

“Dinero extra nunca, ni despensa, ni ningún tipo de apoyo, nada más cuando tienen algo que regalarme, como ropa”, agregó.

Toña, como le dicen sus familiares y conocidos, actualmente apoya a unas personas que por día le pagan 250 pesos, pero no percibe mayores apoyos, como pagos extras o seguridad social.

Otro caso es el de Olivia González (52 años), a quien intentaron culpar de robo, pero nunca pudieron comprobarle nada y, a pesar de las amenazas, su empleadora nunca procedió. Pese a ello nunca abandonó su lugar de trabajo.

Señaló que ha tenido dos accidentes dentro de su área de trabajo. El primero fue una caída –mientras trabajaba con la empleadora que intentó inmiscuirla en el supuesto robo–, y quien por cierto no cubrió los gastos médicos.

La segunda ocasión ocurrió en su actual trabajo, pero esta vez los empleadores sí se encargaron de los gastos médicos e incapacidad.

Actualmente su labor se basa en hacer únicamente limpieza, “lavar baños, trapear, sacudir, limpiar la estufa”. Ella trabaja con varias personas; según el tamaño del domicilio y las actividades a realizar es el pago que recibe, lo menos que percibe son 270 pesos semanales y lo máximo son 500, con lo cual apoya en los gasto de su hogar.

“Trabajo porque tengo una hija viviendo conmigo y es madre soltera; ella es la que se queda en la casa a hacer comida y quehacer, por lo que mi esposo y yo somos los que trabajamos fuera”, declaró Olivia.

Sus empleadoras tienen total confianza en ella y cuenta con las llaves de las casas. Es así como ella determina sus horarios, por lo general “llegó a las 9:30, me apuro y me salgo como entre 3 o 3:30, pero depende de cómo me apresure”.

“Las señoras se han portado muy bien conmigo, porque me comprenden y son muy accesibles”, añadió.

Los primeros esfuerzos

En 2011, se convocó la Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra por el Consejo de Administración de la Oficina Internacional de Trabajo y la Recomendación 201 sobre las Trabajadoras y Trabajadores del hogar.

A través de esta iniciativa se establecieron los derechos básicos para este sector con el objetivo de que los Estados implementaran una serie de medidas para darle el valor y respeto al sector y, bajo la cual, México comprometió su apoyo.

En este contexto se constituyó el Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho), una organización sin fines de lucro que labora en la defensa de los derechos de este sector económico.

Su lucha se basa en la implementación de una jornada laboral justa (máximo ocho horas diarias), un salario mínimo y adecuado conforme a las actividades por realizar, pago de horas extras, Seguridad Social (para cubrir gastos por enfermedad o accidente laboral), vacaciones, días de descanso obligatorios, aguinaldo, trato respetuoso (no discriminación, violencia verbal o física y no acoso sexual).

En entrevista con El Big Data, la secretaría general Ana Laura Gaspar indicó que son muy pocos los contratos que han logrado consolidar entre empleadores y empleadas.

Y es que de las dos millones 480 mil 466 personas que se dedican a este trabajo, sólo dos mil 500 mujeres están sindicalizadas, lo que equivale a menos de 1 por ciento.

Asimismo, indicó que la firma de un contrato genera cuestionamientos entre los empleadores, y más cuando éste es promovido por un sindicato; sin embargo, aseguró que este documento permite formalizar el compromiso verbal.

“Desafortunadamente tenemos un historial de que algunos sindicatos son de muy mala fama; pero nosotras somos uno formado desde y para las trabajadoras del hogar y, además, tenemos la visión de la defensa de los derechos de las trabajadoras”, agregó Laura Gaspar.

La existencia del sindicato forma parte de los avances más importantes para el sector, aunque falta mucho por lograr para que se respete con total plenitud los derechos de quienes se desempeñan en el trabajo del hogar.

Sofía Pablo, integrante del Sindicato, declaró durante la Reunión con Empleadoras y Trabajadoras del Hogar, que se llevó a cabo en el mes de noviembre, que “se necesita de la participación de tres partes: el Estado, los empleadores y trabajadoras” para avanzar en el tema.

De acuerdo con la encuesta realizada por el Conapred, aún existe resistencia para reconocer que las trabajadoras del hogar tienen los mismos derechos que otros empleados.

Cuatro de cada 10 empleadoras no apoyan la propuesta de firmar un contrato de ley, y aún existen testimonios como este:

“Si le voy a dar seguro, tendría derecho a vacaciones”, “pero tendría que cumplir con todas las obligaciones que tenemos cuando trabajamos”, “Es algo que no les conviene porque pagarían impuestos, las primeras que no querrían serían ellas”…

Asimismo, las propias trabajadoras consideran que no es necesario hacer estos trámites, pues creen que se trata de un trabajo informal “heredado”, toda vez se dedican a ello las hermanas, madres, hijas u otros familiares de 43% de las trabajadoras del hogar.

Datos

33% sufrió desprecio por ser indígena

25% tiene prohibición de hablar alguna lengua indígena

17% ha sido acusada de falsos robos

14% ha recibido maltrato verbal a través de gritos, groserías y humillaciones

12% ha sufrido de acoso sexual

11% ha sido tratada con desprecio por ser trabajadora del hogar

10% ha sido despedida por estar embarazada,

9% tuvo un accidente de trabajo sin que nadie se hiciera responsable

7%  fueron golpeadas

66% no goza de vacaciones con goce de sueldo

75% nunca  han tenido un aumento salarial

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