Jorge amaba profundamente ser paramédico, por lo que se tatuó la Estrella de la Vida -símbolo de los paramédicos- del lado del corazón.

Su familia lo recuerda como un hombre que siempre ayudaba a los demás, una pasión que hizo hasta el último momento de su vida.

Este hombre, originario de la alcaldía Tláhuac, fue paramédico durante ocho años, y el último de ellos lo dedicó a trasladar pacientes Covid-19.

El miedo a contagiarse o contagiar a sus seres queridos no le impidió desempeñar su labor a pesar del riesgo, ya que los paramédico son, en muchos casos, el primer contacto de los pacientes más graves.

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Las historias de aquellas familias que perdían a un familiar a causa de esta enfermedad lo llenaba de frustración, pero más era saber que muchas personas seguían sin cuidarse.

 

“Le daba coraje lo que estaba pasando, porque él me platicaba sobre los servicios que hacía de la gente que pasaba por lo que yo estoy pasando ahora, y había gente que no se cuidaba. Decía que ellos se exponían mucho y exponían a su familia”, narra su Maritere, su esposa.

El 27 de enero de 2021 Jorge López murió, tras dos semanas de luchar contra el Covid-19.

Sus síntomas aparecieron el 13 de enero: dolor de cabeza y garganta. Ante la preocupación, acudió a la alcaldía Tláhuac a hacerse la prueba PCR y el resultado fue negativo.

Jorge y su esposa pensaron que quizá los síntomas eran producto de una alergia que el paramédico de 36 años estaba desarrollando al sanitizante. Sin embargo, conforme pasaron los días apareció la tos y la temperatura.

El 18 de enero, sus compañeros de trabajo le hacen una prueba rápida de Covid-19 y el resultado vuelve a dar negativo, pero Jorge que conocía de cerca de la enfermedad sabía que no estaba bien.

Al día siguiente va a hacerse una nueva prueba PCR que no sólo le permitiera confirmar el diagnóstico, sino que le permitiera ser atendido por un médico como paciente Covid, y justificar sus faltas en el trabajo.

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El resultado fue el esperado: positivo, y así, una semana después comenzó a recibir el tratamiento para Covid-19, el cual incluyó antibióticos y nebulizaciones.

Para el 20 de enero la tos no cedía, tenía más cansancio y le costaba respirar. El médico que lo atendía no respondía las llamadas ni los mensajes, y su saturación de oxígeno bajó a 87.

La familia consigue un tanque de oxígeno, ya le dolía el pecho y un pulmón; sin embargo, el médico que lo revisa al día siguiente le dice que “estaba bien”.

La situación en casa se complica, Maritere, su esposa, y sus tres hijos comienzan con síntomas, la familia les ayuda para realizarse la prueba: todos son positivos.

La saturación en oxígeno de Jorge comienza a bajar drásticamente hasta llegar a 77, la demanda de oxígeno era mucha, así que suplica ayuda a través de su Facebook, pide un tanque, pues los recursos económicos se estaban acabando.

“Ya se vía amarillo y orinaba sangre, así que en la madrugada lo trasladamos a Xoco”, señala su esposa.

El diagnóstico era un pulmón inflamado y los médicos le pronosticaban una hospitalización de al menos 27 días.

Sin embargo, el domingo el propio Jorge reconoce: “las fuerzas ya se me están terminando mi cuerpo no responde como debiera”.

El martes le informaron a Maritere que Jorge sería intubado y el miércoles se apagó su vida. Maritere y su hijos han superado la enfermedad, pero ahora enfrenta no sólo la pérdida de su compañero de vida, sino también algunas secuelas físicas.

Como Jorge, un número incontable de paramédicos han perdido la vida por Covid-19, y decimos incontable porque no existe un censo de cuántos hay ni cuántos de ellos han fallecido durante la pandemia.

Y es que, además de los que trabajan para la Cruz Roja o los sistemas de salud pública, hay empresas privadas que prestan el servicio, tan sólo en la Ciudad de México hay al menos 15 diferentes organizaciones privadas.

A pesar de que se encuentra en la primera línea de contacto, no fueron considerados en el esquema de vacunación con médicos y enfermeros.

La Ciudad de México reportó el 29 de diciembre de 2020 la vacunación 100 elementos del ERUM, mientras que el Estado de México informó hace unos días la vacunación de 435 paramédicos.

“El reto consiste en que sean identificables, por supuesto son reconocibles, pero no han existido nunca censos de este tipo de personal”, declaró hace unas semana el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

“A través de los centros reguladores de urgencias médicas… están ayudándonos a integrar este censo; en su momento otro reto adicional es validar el censo”, dijo el funcionario.

Durante años, los paramédicos han demandado mejores condiciones de trabajo, pues los sueldos son bajos y en muchas ocasiones no cuenta con prestaciones como seguro médico y de vida, pese a lo riesgoso de su actividad.

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