[OPINIÓN] Venezuela era la crónica de una muerte anunciada

Es un país que vivía como potencia del petróleo, pero sin ser sostenible. No fuimos pocos quienes anticipamos la actual crisis.

*Juan Ernesto Nadira Fagre / Abogado venezolano,  cuenta con estudios en Comunicación Política y diseño de campañas electorales. Ha pertenecido a movimientos políticos y sociales como el movimiento Scout de Venezuela, Grupo Político Gestión, Movimiento Estudiantil y Parlamento Estudiantil. 

No son muchas las veces que me detengo a escribir, por esta vía, algún tipo de posición, queja o sentimiento relacionado a la situación en mi país, Venezuela.

Sin embargo, hoy debo, de forma quizás corta y poco estructurada decir algunas cosas que llevo días reflexionando.

En la pequeña Venecia nos llenamos de posiciones radicales, de sentimientos de culpabilidad ante cualquier comentario distinto al que se parece al nuestro, pensamos, que si estamos bien nosotros, ya no importa nada, aunque al paisano lo veamos pasando trabajo. El exilio me ha enseñado, que vivimos mucho como nación, pero hemos aprendido poco.

Mis abuelos que también vivieron el exilio, contaron con paisanos que se ayudaban y no se dejaban caer. Pero a nosotros nos cuesta tanto poder tenderle la mano al otro. Al final, el individualismo criollo sigue siendo un reto a vencer, una barrera que debe ser tumbada como lo son los contenedores en la frontera con Colombia, como es un régimen que debe ser derrocado (como la dictadura de Nicolás Maduro).

Sin embargo son pocos los que ven esto y, por ende, hay un peligro latente de volver a caer en garras de populistas.

A quienes hoy usurpan el poder del pueblo debo decirles, con la responsabilidad que esto conlleva, que destruir ayuda humanitaria ha sido una de las cosas mas viles y tristes que he visto en mi vida.

Atacar al pueblo, matar indígenas, destruir una nación sólo para seguir usándola como escudo ante la justicia internacional y como protección de unos cuantos narcotraficantes es un absurdo. Sin embargo, llegará el día que dejen de ser poder y en ese momento, les llegarán las consecuencias.

A la Venezuela cadivera, que fue la mayoría, a los falsos importadores, a quienes usaron el dinero del pueblo para hacer sus ahorros y fortunas, a quienes prefirieron dar la espalda a una realidad que se veía venir, hoy les invito a contar la verdadera historia de lo que pasó en Venezuela.

A contar como a la generación de Reinaldo José Díaz Ohep, David Smolansky Urosa, Jorge L Martinez F, Jose Francisco Valery, Franco Freddy Guevara, Frank Calviño y Juan Guaido M, entre muchos otros, desde 2007 se nos tildaba de aburridos, de tontos por no hacer negocios y dedicarnos a pensar, protestar y luchar por todo aquello que veíamos venir.

Venezuela era la crónica de una muerte anunciada, un país que vivía como potencia del petróleo, pero sin poder ser sostenible. No fuimos pocos quienes lo anticipamos, pero en reuniones familiares, de amistades o incluso en el mundo político éramos los «aburridos» que no sabíamos disfrutar la vida.

Acaso en un país comunista se podía viajar gratis producto del control de cambio. Jóvenes y muchachos recién graduados del colegio podrían llevar a sus novias a los restaurantes más caros de la capital de su país. En los países comunistas se bebía whisky, ron, vodka y demás licores todos los fines de semana en las discotecas sin afectar profundamente el presupuesto familiar.

Será que en los países comunistas comer en los restaurantes es una normalidad y salir a la playa los fines de semana una actividad cotidiana.

Venezuela necesita una profunda reflexión en este momento tan importante de nuestra historia republicana, Venezuela necesita que entendamos que no somos de absoluta verdad y que la visión del otro, quizá, también es válida.

Venezuela necesita que aprendamos a sentarnos en la mesa con el otro, que patearla como lo hicimos en 2005 por no poder compartir con nuestro enemigo y aprender a convivir con él, fue parte de esta profunda crisis.

Que el mundo no es de buenos y malos, y que muchas veces, la mejor forma de aprender del otro, aunque no estemos de acuerdo con él, es sentarnos en su mesa, escucharlo y poder convivir. Sin duda los valores no se negocian, pero sin negociarlos podemos tumbar las fronteras, acercarnos más y lucha por un mundo de entendimiento, compasión y honestidad.

Espero que algún día podamos contar la historia de Venezuela como realmente pasó, asumamos nuestra cuota de culpa en todo esto que se está viviendo y sepamos, que la única forma de no repetirlo, es entendiendo todo aquello que hicimos mal.

Yo si creo en esta generación, porque fui y soy parte de ella. Porque luché, compartí, debatí, hice yucas, trague bombas, recibí perdigonazos, me molesté y abracé con todos los que hoy están cambiado al país. Quizá con algunos no estuve de acuerdo en su forma de proceder, pero sé, con seguridad, que todos y cada uno de ellos, están dando el 500% por salir de esta situación.

Hoy ustedes son nuestros líderes y desde donde esté, a donde nos guíen los seguiremos. No creo que eso sea mesiánico, creo que simplemente es orden y la única forma de lograr el objetivo de una mejor Venezuela. Es vital dejar que quienes asumieron el rol de líderes y sacrificaron tanto, hoy nos lideren. Hermanos, con ustedes a muerte, y sea lo que sea, cuentan con un grupo que estemos donde estemos, los ayudaremos a reconstruir la patria.

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