Como si de una bandera se tratara, la Cuarta Transformación ha izado la (falsa) idea de que su gobierno, por fin terminará con la corrupción, el amiguismo, el nepotismo y el influyentismo en el ejercicio del poder.

Lamentablemente, la propia familia del presidente ha hecho gala de distintos escándalos sobre recepción de recursos de procedencia desconocida y de desfalco a las finanzas públicas.

Primero, se hicieron públicos audios y videos en los que uno de los hermanos del titular del ejecutivo federal, Pío López Obrador, recibió distintas cantidades de dinero de un exfuncionario público. En aquél momento, usando los medios institucionales, se le exculpó argumentando que eran aportaciones ciudadanas para el “movimiento” que encabeza Andrés Manuel desde 2006.

Parece (como en los viejos tiempos) que la investigación ya fue realizada y se encontró inocente al hermano del presidente, porque desde Palacio Nacional se dio por concluido el tema y desde entonces, no se ha vuelto a mencionar este lamentable episodio, que describe la incongruencia de este Gobierno, entre lo que dicen y lo que hacen.

Sin embargo, no es el único ilícito en el que se han visto envueltos los parientes del presidente. La semana pasada se conoció el desfalco de 223 millones de pesos de la hacienda pública del municipio de Macuspana, Tabasco. Sí, en la tierra natal del primer mandatario, donde gobierna Morena y cuya síndica responsable de las finanzas era Concepción Falcón, cuñada de López Obrador.

En respuesta, el titular del ejecutivo federal calificó a la nota de provenir del “conservadurismo” y desacreditó la información. El vocero presidencial, mientras tanto, anunciaba que no existía “ningún desfalco declarado”. Ese mismo día, el presidente del Congreso de Tabasco emitió un comunicado desmintiendo el presunto desvío de recursos.

Con una fórmula denostó a los medios de comunicación que le son incómodos y logró desviar la atención sobre las conductas ilegales de su familia. Esta dinámica que se ha vuelto una constante durante su administración, le sirve para callar a todos aquellos que disienten de su Gobierno.

Lamentablemente, sin mediar investigaciones legales, el presidente de la República se ha atribuido la facultad de deslindar de responsabilidades a quienes provienen de su partido político o son miembros de su familia. Decían no robar y no mentir; sin embargo, la familia y los cercanos nada ejemplares del primer mandatario, desvían recursos, se encubren y mienten con descaro.