En la pasada entrega escribí sobre el Proyecto Vallejo-I y su importancia como modelo de desarrollo económico y urbano sostenible en la CDMX. Recordamos la historia de la zona, su proceso de abandono, los fracasos sufridos en años anteriores al intentar revitalizarla y las ventajas que ofrece el plan presentado en 2019.

Sin embargo, Vallejo no es la única zona de la Ciudad que ha sufrido un marcado proceso de deterioro. Cerca de ahí se encuentra la colonia Atlampa, una antigua zona industrial en franco abandono. El actual territorio de Atlampa vivió una transformación considerable en las primeras décadas del siglo XX con la presencia del ferrocarril y la cercanía de la estación Buenavista, que significaron un incentivo para la industrialización del entorno.

Con estos antecedentes podemos decir que Atlampa fue la hermana mayor de las zonas industriales del Valle de México y, por lo mismo, fue también la primera en entrar en declive. Para la década de los 80 Atlampa fue escenario de procesos de  reubucación de familias afectadas por el sismo del 85, fenómeno que propició un poblamiento no planeado ni ordenado que paulatinamente generó condiciones de marginalidad.

Frente a esta situación, el pasado 13 de marzo el alcalde en Cuauhtémoc, Néstor Núñez, presentó ante el Consejo Económico, Social y Ambiental la solicitud de elaboración del Plan Maestro para la colonia Atlampa. Este ambicioso proyecto tiene como objetivo revitalizar una de las zonas más emblemáticas de la ciudad no sólo por su ubicación estratégica sino por su historia, pero utilizando criterios científicos y herramientas técnicas, que permitan la planeación prospectiva y generen planteamientos sostenibles de largo plazo. En esta época ya no puede ser de otra forma. Esta Ciudad está transitando del mundo de las ocurrencias al de la sustentabilidad.

Sin embargo, aun con los mejores instrumentos que la ciencia y la técnica ofrecen, la triada no estaría completa y sería estéril sin el componente que define a un Gobierno progresista: la planeación democrática. Y es que no hay desarrollo que se pueda sostener sin la participación activa de la ciudadanía.


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Los teóricos de la admiración pública reconocen dos modelos a partir de este planteamiento: top down (de arriba hacia abajo) la forma tradicional en donde se conciben e implementan las políticas públicas desde el Gobierno, y el down top, (de abajo hacia arriba) donde el diseño de las políticas inicia con la participación de la comunidad y se le involucra en la ejecución y posterior evaluación.

Este último modelo requiere mecanismos de participación ciudadana que van desde el planteamiento del problema hasta la ejecución, permitiendo una retroalimentación permanente, lo que lo hace dinámico y perfectible. Además, como ya se había comentado en este espacio, legitima las acciones, disminuyendo la oposición y resistencia. Por ende, es más eficaz y efectiva. Cabe mencionar, que los planes maestros de Vallejo y Atlampa consideran este modelo como requisito necesario para su implementación. Innovación y democracia están siendo los signos distintivos de esta generación de gobernantes capitalinos encabezados por la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum.

Y sé que los detractores de estas administraciones se empeñarán en rechazar su estilo como un acierto, pero es innegable que una ciudad como la nuestra, las más informada del país, donde los ciudadanos participan más y con una alta politización, exigía que sus habitantes formaran parte activa sobre lo que pasa en su entorno. 

¿Dónde más pudiéramos utilizar la planeación democrática respaldada con argumentos científicos para explotar su potencial? ¿Qué otras oportunidades se nos presentan en CDMX para planear y proyectar a largo plazo? De estos temas hablaremos en próximas entregas de Desde el Ombligo de la Luna.

Director General de Fondo Económico y Social de la CDMX.

Secretario Técnico del CESA-CDMX.