Estamos a punto de llegar a la mitad del año y el mundo entero se sumergió meses en una bronca de tal magnitud que saltan varias aristas. Y es que se ha evidenciado la fragilidad de la infraestructura sanitaria mundial y las nefastas decisiones gubernamentales para salvaguardar las compras necesarias en materia de salud; se paralizó la economía mundial, se creyó en la decisión de vivir estados darwinistas para cambiar los modelos macroeconómicos, se enfrentaron pensamientos, teorías, datos e incluso la veracidad intelectual y científica de las personas.

La vida se ha envuelto en una franca caída libre de desprestigio y vilezas como lo es la falta de veracidad, el mal uso de los medios de comunicación y peor aún la envoltura pragmática de las cifras y curvas por aplanar.

Por ejemplo, en México se decidió indiscriminadamente parar de golpe la economía, ahogando a los diferentes sectores de la sociedad en todas sus materias fundamentales como la propia salud, al prácticamente inducirle miedo a la gente para huir de los hospitales o evitarlos a toda costa por el contagio en su mejor caso, ya que también se comentaba que los nosocomios estaban saturados y no había posibilidad de atender a las personas infectadas por virus, o eran seleccionados dependiendo su edad.

En materia educativa se condicionó a nuestra sociedad, sin posibilidad de contar con herramientas necesarias o básicas, a un emergente programa educativo a distancia con una escasa infraestructura informática; es decir, si bien el no parar el ciclo escolar fue una salida importante también lo es que fue sesgada e insuficiente, ya que parte de la población carece de herramientas para seguir las clases en línea.

A eso habría que agregar que los trabajos o tareas en casa se volvieron por demás desgastantes y absorbentes en la vida de los menores, pasando obviamente por la falta de recursos familiares para poder realizar estas encomiendas académicas, que por si fuera poco jamás se vieron tan saturados en una condición normal. Pero ahí no le paramos, ya que también los costos de colegiaturas y reinscripciones se convirtieron en un verdadero tormento, aunado a la situación de salud física y emocional existente. Y es que insistimos, si algo en este país es increíblemente caro es la educación tanto privada como pública, por lo que implica acceder a ella (transportación, alimentación y cobertura académica).


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La crisis económica y laboral difícilmente se pueden separar y es que al momento de decretar el cierre de los establecimientos y cancelar toda posibilidad de convivencia cultural, científica, académica y comercial se nulificó totalmente el poder adquisitivo de la gran mayoría. Vale la pena recalcarlo para que no haya malas interpretaciones: este tipo de decisiones sólo las puede determinar el Gobierno no la gente.

Como sociedad enfrentábamos ya de por sí una situación económica decadente y a tres meses de las decisiones gubernamentales tomadas frente a la pandemia la suposición es más que obvia, socialmente los incrementos de violencia familiar, de género y social están a la orden del día, y lo más desagradable es que ninguna se ha atendido, porque no se quiso o se ha querido reconocer esta realidad. Simplemente la vida en estos meses ha girado en torno a estadísticas, gráficas y curvas sin aplanar de un virus que hasta hoy nadie sabe qué tan mortífero sea o que tan contagioso sea, o peor aún cómo es mejor combatirlo; es decir enfrentamos una pandemia más el intento de sobrevivir sin estrategia real.

Asimismo, nos enfrentamos al oportunismo protagónico, social y electoral desde individuos hasta instituciones partidarias, donde su complicidad errónea de poner curitas ante la inmensa realidad de las personas es más que nefasta. Lo que se necesita es que el Gobierno asuma su responsabilidad de representante de su pueblo y cree estrategias conjuntas e incluyentes que entiendan esta realidad, pero sobre todo la realidad que se avecina; porque no es militarizando el país como se combate la violencia y menos la pobreza, pero tampoco es administrándola y creando una dependencia mayor como saldremos de esta situación.


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Hoy estamos contagiados por este coronavirus, y si el nefasto empresario oportunista amigo del Gobierno tiene razón, hasta apendejados por miedo no sólo a salir si no a pensar y actuar. Es increíble que de esta situación se pretenda sacar raja política, por una parte los detractores del presidente poniendo por delante sus intereses protagónicos partidistas en víspera de la siguiente elección y por otra la contradicción eterna y cínica de un Gobierno que no se cansa de su mezquino protagonismo junto con sus cómplices distractores de la realidad, que nos han mentido una y otra vez, nos han enfrentado socialmente con nosotros mismos y los acentúa cada vez más.

Las justificaciones son impresionantes, tenemos ciudades llenas de pintas y mantas de “cuidado” o “¡peligro! zona de alto contagio” pero urgen recorridos presidenciales. ¿Qué acaso no entendemos que uno de los papeles más importantes es el de presidente de la república? ¿Qué de verdad existen estampitas no solo maravillosas sino además repelentes al virus? ¿O acaso, aunque la curva no se aplane, ya existe información que desmiente todo lo hecho y dicho sobre la sana distancia convertida en confinamiento social y lo ocultan siniestramente?

Hoy la exigencia y urgencia es la de tener un representante que involucre y decida no el aumento (¡válgame dios!) si no la justa taza de pagos escolares ante la nula utilización de la infraestructura educativa, la cancelación de las deudas bancarias adquiridas y no la tramposa ejecución de los 4 meses de pago pospuesto, que solo beneficia y protege los fondos bancarios destinados y creados para la solvencia de cuentas o préstamos sin pagar, el impulso de las MiPymes del país y oportunidad de creación de más para enfrentar esta decadente situación económica, el justo prorrateo de pago sin suspensión de servicio de los impuestos nacionales y locales como el agua y la luz por lo menos. y por supuesto la suspensión de la deuda externa para hacernos de recursos.

¡Todos merecemos vivir mejor, todos queremos estabilidad y todos queremos gobernabilidad!

Por cierto, “si sumáramos decesos por diabetes + corazón + enfisema pulmonar + cáncer + otras enfermedades + asesinatos + covid 19 =…” ¿? No vengan con comparativos absurdos y falsos debates, con todo respeto. Si no vives en Francia o Suecia o en cualquier otra parte del mundo sino en México ¿qué te debería de importar mexicano?