Este miércoles 1 de diciembre se cumplieron 3 años del Gobierno del Presidente López Obrador. Vamos a la mitad de su sexenio y la verdad es que no con buenos resultados.

Prometieron un cambio y sí lo han hecho, pero en perjuicio de los mexicanos.

Los índices de violencia están por los cielos. La estrategia de abrazos y no balazos no generan otra cosa más que impunidad.

Ya 3 años de esta desastrosa administración con 4 millones de nuevos pobres; 2 mil 891 feminicidios en su Gobierno; 25 mil desaparecidos; destruyó las estancias infantiles; incremento del 10% de la deuda externa.

Van más de 100 mil asesinatos; destruyó también, el presupuesto para la Cultura.

La contracción del PIB es alarmante y, por si fuera poco, el desempleo es brutal. La tortilla cada vez más cara, subió de 13 a 20 pesos. No hay medicinas para combatir el cáncer y, sólo la mitad de la población está vacunada contra el Covid-19.

No hay nada que celebrar. Son ya, 3 años perdidos porque si hablamos de la contención de la pandemia, este Gobierno está reprobado.

Con López Obrador y López Gatell, quedan registradas a noviembre de este año, 923 mil muertes confirmadas o relacionadas con el Covid.

Con sólo el 59% de la población mayor de 18 años vacunada, con la variante Ómicron, declarada por la OMS como una cepa más transmisible y con la negligencia gubernamental, en su mayor expresión, el Gobierno llamó a una irresponsable Covid-fiesta, es decir, a un evento masivo en el zócalo capitalino sólo para cumplir los caprichos del presidente de la República.

No cabe duda que si en algo se ha destacado el Gobierno del Presidente López Obrador, es en su irresponsabilidad.

A Morena no le importa la vida, ni la salud, ni la seguridad de los mexicanos. No. Lo único que les importa es enaltecer la imagen presidencial. Como si tuvieran algo que presumir en estos tres años de gestión.

Este Gobierno tiene más informes que logros, es lamentable. Urge que se pongan a trabajar para que solucionen las múltiples crisis que aquejan al país.

Ante este informe es evidente que el pueblo no está "feliz, feliz" y por supuesto que a nadie le cayó "como anillo al dedo" la pandemia. Es urgente que el gobierno en turno recalcule su fallida estrategia y ponga en marcha un plan no sólo por un mejor porvenir sino para solucionar el socavón que ha dejado.