Nos encontramos formalmente a menos de 365 días de la temporada más divertida del año. El cronómetro ya está en cuenta regresiva. Cerca están ya esos meses cuando los partidos políticos reclutan futbolistas y actores para ser candidatos, donde vemos la ciudad llena de basura electoral, momentos irrepetibles de comedia involuntaria con frases como "sí robé, pero poquito" y con más fake news que blog conspiracionista de la Sociedad de la Tierra Plana.

Si usted, estimado lector, ha estado luchando por conservar su salud mental durante ya casi tres meses de confinamiento, le tengo una noticia que va a ocasionar que se ponga en modo Britney Spears calva: cuando pase el rebote del nuevo rebote del último pico de contagios de la pandemia, es decir, en octubre o noviembre, la nueva normalidad le recibirá con precampañas y un sinfín de personajes preparados para ganar su apoyo.  

Para los que ya perdieron la noción del tiempo y no saben ni en qué día viven, en 12 meses se elegirán 500 diputados federales, 15 gobernadores, y un titi de alcaldes, regidores, concejales y diputados locales. Tenemos 7 partidos políticos con registro nacional y 6 más que solicitaron registro de nueva creación ante el INE. Eso significa que cada uno de nosotros tendremos aproximadamente 40 o 50 personas tocando nuestras puertas, entregándonos un flyer promocional, inundando las redes y haciendo todo lo posible por ser visibles para el electorado, todo con la sana distancia obviamente.

Siempre he sido un creyente que casi ningún mexicano entiende nuestro sistema de representación política. De inicio, porque la normatividad electoral está más enmendada que la nariz de Carmen Campuzano. Y en segunda, porque un ciudadano no debería dedicar un miligramo de su atención en interpretar por qué tenemos diputados de mayoría, de representación proporcional, de primera minoría, luego un salón de cabildo sin atribuciones en la ciudad, pero con facultades colegiadas y a su vez un congreso bicameral donde pocos proyectos legislativos llegan realmente a los ojos de la ciudadanía. Urge su simplificación, pero eso es materia para otro artículo.


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Así, a un año de la elección, ¿cuál es el diagnóstico?

Contexto: Río Revuelto.

Pocos pueden debatir que el Presidente ya no conserva la totalidad de la popularidad con la que llegó y gobernó el primer año de su mandato. Sin duda, será el blanco de todas las baterías de la oposición y de sus propios electores decepcionados. Para su beneficio, es todavía el dueño cuasi-absoluto de la agenda pública. Para su detrimento, no ha entregado resultados visibles en ninguna esfera. El presidente enfrentará una elección intermedia con una economía severamente golpeada; con movimientos sociales en ascenso y con legitimidad, como los movimientos feminista y ambientalista; y para su perjuicio, sin su nombre en la boleta. En la Ciudad de México, cuando AMLO está en la boleta electoral, su partido y aliados han aglutinado en promedio el 46% de los votos. Sin embargo, cuando son elecciones intermedias y no es candidato, su partido y aliados solamente representaron el 31% de las preferencias electorales. Quince puntos porcentuales en promedio, que bien pueden significar no tener una mayoría absoluta.

El oficialismo: Caníbal, satelital y babilonio.

Por un lado, tenemos a Morena, donde Doña Citlali Ibañez (a.k.a. Yeidckol Polevnsky) y Alfonso Ramírez Cuellar están en plena lucha en lodo acusándose de corrupción, malos manejos y diario dando nota nacional con argumentos estilo: tu mamá se baña con calcetas y no te robaste el retrete del baño de la oficina porque estaba pegado. Sin embargo, todos sabemos que la democracia allí adentro no impera, así que poco importa quién tenga la razón. La decisión final para elegir la lista de candidatos, las reglas de funcionamiento de la tómbola y 11 de cada 10 asuntos de la vida interna del partido provendrá del dedo índice del ocupante estrella del Palacio Nacional.

El PT, bueno...siendo el PT. Tenemos a Noroña llorando (literalmente, búsquenlo si no lo han visto) en cápsulas de video, y rezando que en el macro acuerdo político, les pasen la mascarilla de oxígeno. Recordemos que en 2015 estuvieron en terapia intensiva, después que la Sala Superior del Tribunal Electoral les devolviera el registro que ya habían perdido. Las intermedias no les sientan bien.


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El PVEM siempre es una incógnita. Es la amiga con daddy issues que ha sido cortejada por el PAN, el PRI y ahora Morena. Son de esos partidos de los que no conoces a nadie que vota por ellos, pero místicamente, siempre conservan el registro. Mientras haya votos legislativos que comerciar, el verde seguirá vendiendo amor.

La oposición: (bola de paja pasando), dormida, a veces reaccionaria. Pero principalmente dormida.

El PRI tiene tanto miedo a un auto de formal prisión, que con un pellizquito va a tirarse al piso, hacerse un ovillo y permanecer inmóvil, como si hubieran visto un oso en el bosque. El nado de muertito es la estrategia dominante para quienes tienen un cargo de representación, mientras que el desánimo es generalizado entre la tropa.

La oportunidad real la tiene el PAN. Su principal pasivo se llamaba "Felipe Calderón y la estrategia contra el narcotráfico". El ex presidente formó  México Libre (patente pendiente), y tomó su camino. Sin embargo, el PAN está lejos de ser una opción de propuesta y colocación de agenda propia. De acuerdo a las encuestas, es la principal fuerza opositora, y eso lo coloca como un receptor potencial de voto útil, pero si la dirigencia no logra superar la fase de reacción y seguir cantando al ritmo presidencial, poco se logrará. De nada servirá recordar con nostalgia y añoranza los contados logros de las administraciones anteriores, cuando ambos ex presidentes tienen un liderazgo mermado y los dos renunciaron al partido. Lo que se ocupa es un deslinde de los personajes tradicionales, añadiendo un profundo acto de autocrítica, y un reinvento del partido hacia la derecha económica liberal, lejos del conservadurismo moralino con el que lo asocian. El escenario es fértil para llegar al electorado con una propuesta de contraste en política social enfocada al crecimiento económico, disminución de la desigualdad y formación de capacidades, más allá de las prácticas actuales de regalar dinero sin objetivos ni metas nacionales.    

Movimiento Ciudadano tiene nicho en dos estados importantes, Jalisco y Nuevo León. Si juegan las cartas bien, tendrán oportunidad de expandirse haciendo tiros de precisión. Por su parte, el PRD está en fase terminal. Si logran conservar el registro es para celebrarse. De México Libre el pronóstico es reservado. Por una parte, si el caso García Luna hace avanza, sus posibilidades son ínfimas. Si no hay pruebas suficientes para involucrar al ex presidente, AMLO lo estará ungiendo como el principal opositor, dándole foro, una oportunidad de victimización, y horas y horas de debate en medios. Justo como Fox cuando lo quiso desaforar. Saquen las palomitas para ver si el García Luna-gate hace "boom", mientras, el reloj electoral hace "tick, tack". Se aceptan apuestas.