Tal vez sea mi fragilidad masculina hablando, pero soy de los que prefieren ver a Hugh Jackman en el papel de Wolverine destrozando vísceras ajenas con la garra de adamantium, a verlo brincotear y cantar en saco de terciopelo. El show le quedó chafita y lo único greatest fue el nombre. Igual está pasando con el show de Lozoya.

Prometieron un gran musical, con cantadera maratónica estilo Vicente Fernández en palenque y al menos hasta el momento de la escritura de este artículo, nos limitamos a tener filtraciones escuetas de las declaraciones, pero nada de evidencia, videos, audios o pruebas que exhiban a los supuestos ex legisladores metiéndose los billetes a los bolsillos con todo y ligas como cierto gestor de la 4T.

La ausencia de evidencia, no confirma ni desmiente los dichos de Lozoya. Solamente nos deja ver que el proceso, lejos de judicializarse, será casi enteramente mediático. De haber pruebas, detenidos y enjuiciados, podríamos estar frente al primer logro de la actual administración en materia anticorrupción. Aun cuando ésta fue una de las banderas más importantes con la que llegó la 4T, mucho han quedado a deber a la ciudadanía.

La Secretaria de la Función Pública se ha encontrado más ocupada defendiendo a Manuel Bartlett; a su hermano, el super delegado del Gobierno federal en Guerrero; o a su marido, ahora conocido lugarteniente y poseedor del único departamento de clase media en San José Insurgentes, que procesando irregularidades administrativas.

Sin carnita para digerir, el showman de la mañanera solamente deja lugar a la comentocracia. Algunos dirán que el circo armado es un distractor para poder ocultar temporalmente la profunda crisis económica en la que nos encontramos y el próximo tercer lugar mundial en lo que refiera al número total de muertos por Covid-19.


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Habrá algunos ilusos que lejos de ver una vendetta, creerán que el show es prueba irrefutable que la 4T no se vende. Otros comentarán que se necesitaba un giro de atención que le permitiera colgarse un triunfo al presidente y revertir la acelerada pérdida de popularidad…pero como diría un clásico con cuba libre en mano: haiga sido, como haiga sido, quemaron la bala muy rápido. Por el motivo que fuese, ya sea para ocultar cadáveres bajo el tapete, o para darle un boost de oxígeno a la imagen presidencial, el caso Lozoya daba para reventarse, por muy temprano el próximo año, idealmente en 2023 mientras se cocina el relevo presidencial. Es más, lo brillante hubiera sido hacerlo durante la veda electoral, para que todo lo que dijeran los que se pensaban salirse a defender pudiera interpretarse como acto anticipado de campaña. Pero bien decía mi abuelo que la pólvora no prende en manos de…

So, mi humilde análisis hoy se limita a creer que al estratega presidencial le han tomado la temperatura en la cabeza con el termómetro infrarrojo tantas veces que empiezo a creer que la teoría del daño cerebral es cierta. O elegimos la opción número dos, y lo interpretamos como un acto de desesperación para poder llevar la atención pública hacia otra arena.

Honestamente, creo que el presidente puede ser muchas cosas desagradables, pero de tonto, no tiene ni una pluma. Incluso considero que su olfato es de los más finos y desarrollados entre la clase política mexicana. Andrés Manuel sabe lo valioso que es el foco y cómo direccionarlo para llevar las riendas de la agenda pública.

Numerosos han sido los berrinches que ha hecho cuando se lo quitan. Uno de los más icónicos fue en el lejano 2005, cuando se quejó que la prensa le dio demasiada cobertura a la visita del Papa, al momento de estarse discutiendo su juicio de desafuero. Algo sabrá el ganso, que quiere sacar la pirotecnia y hacernos voltear hacia otro lado justo ahora, aunque eso implique quedarse con menos municiones para los momentos clave electoralmente del próximo año.

Ahora, el otro lado de la moneda: los presuntos implicados. He leído todas las respuestas, y ninguna pasa la prueba de la vergüenza. De ninguno he escuchado o leído una defensa técnica, política e ideológica de la reforma energética. Tan fue una reforma necesaria, que no ha sido derogada o boicoteada. ¡Incluso el mismo AMLO presumió que bajó la gasolina durante abril! Vivimos en un país donde de un día a otro tiran la reforma educativa, cancelan aeropuertos, suspenden obras privadas de inversiones millonarias, ¿y creemos que no eliminaron la reforma energética porque se les olvidó?

Para la ciudadanía hay pocas diferencias entre los políticos. Aun sin conocerlos, se generaliza la corrupción. Salir a decir que jamás se ha hecho algo indebido tiene la misma credibilidad que cuando faltan galletas en la caja y el gordito del salón dice haber estado todo el recreo en el baño. Tal vez soy un idealista, pero considero que el momento es fértil para que los señalados le restrieguen los beneficios de la reforma a los oficialistas y les expliquen que los motivos eran tantos, que su voto y apoyo a la reforma fue impulsado por no otra cosa, sino el deber patriótico. Que alguien les crea, ya es otro tema, pero al menos el debate se da sobre el fondo y no sobre la forma de la reforma.


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Desafortunadamente en política, en todos sus niveles, es común que exista la corrupción. Nadie está a salvo del escrutinio, e incluso es saludable para nuestra democracia, que haya señalamientos y objeciones a la menor sospecha de malos manejos. En este caso la 4T juega de local. Tiene todo el derecho del mundo a utilizar las instituciones para hacer investigaciones sobre sus adversarios, si estos en algún momento realizaron algo fuera de la ley. Sin embargo, las acusaciones sin sustancia, son aire y el viento hacia el 2021 corre rápidamente. En 10 meses, a menos de existir enjuiciados y con pruebas fehacientes, la nota quedará en el olvido. Será como cuando Yunes dijo que Duarte le daba mensualmente 2.5 mdp a AMLO para que no lo atacara. Pasará como cuando Noroña se sube a tribuna a gritarle corruptos a todos los del ala derecha del pasillo. Mucha espuma bucal, buenas fotos, show bananero y pocas consecuencias.

Tal vez lo que más le debe de indignar al electorado es la falta de un buen show. Me imagino cuando pasan en los canales por cable los partidos pre-eliminatorios para el hexagonal de la Concacaf. Estamos viendo un Haití-Nicaragua. Muchas patadas cerdas en el medio campo, harto pasto volando en un campo enlodado, nula técnica, pocos goles y un espectáculo mediocre. No es posible que la principal razón en la baja de las simpatías presidenciales sea el propio presidente, y no los golpes opositores, cuando hay tanta tela de donde cortar. Lo mismo pasa al revés, es insultante a la inteligencia de los ciudadanos que la única intentona de recuperación en la imagen presidencial sea a través de la crucifixión mediática, y no jurídica, de sus opositores, en lugar de presumir al menos un logro sustancial en casi 20 meses de Gobierno.

Si el próximo año el voto nulo le gana a la mayoría de los partidos, no se hagan los sorprendidos. No hay ni para adonde hacerse…