Saber de dónde venimos,  a dónde vamos, o para qué servimos… es bueno y productivo para nuestra tarea política.  De no ser así, estaremos nadando en la pecera de la política como “artemias” (pulgas o alimento para peces de hogar), sirviendo de alimento para cualquier pez gordo.

Con tanta información, con tantos ojos viéndonos, con tantos elementos que generan satisfacción inmediata, parece que los caminos largos son los que menos se eligen para lograr el éxito. Pero para una comunidad, para un país, para un estado, los caminos del trabajo, del esfuerzo, son los adecuados. La vista, que debe ser global, debe cuidar minuciosamente el desarrollo, la preparación, de cada uno de los integrantes de la comunidad para lograr así una grupo que incorpore a todos y que a todos les dé herramientas por igual para el logro de la felicidad individual y colectiva.

El camino corto que, siendo honestos, es el que han tomado la mayoría de los políticos en México, el que está lleno de recomendaciones tales como “el que no tranza, no avanza”, “un político pobre, es un pobre político”, “el que se mueve, no sale en la foto”  etc… es el camino que tiene como antecedente a Nicolás de Maquiavelo, cuyas recomendaciones van dirigidas a conservar el poder, a obtener el poder, sin importar los medios. Considera a un ser humano que no vive en situaciones adecuadas. La sociedad es mala, la clase política es mala, los gobernantes son malos y  por lo tanto el gobernante o el que quiere acceder al poder tendrá que hacer todo tipo de triquiñuelas para llegar o mantenerse en él. Al pueblo habría que mantenerlo hambriento para que necesite del gobernante, que lanzará migajas a su paso para que se le adore, o con la fuerza de su ejército podrá imponer el miedo a sus gobernados o a sus competidores. “O se le adora o se le teme”. ¡Valiente líder, gobernante, o ciudadano que gana su trabajo a base de engaños y mentiras! No permite que la democracia se instale y sólo simula procesos democráticos, que a la postre sólo generan guerra y pleitos. La paz nunca llegará y se gobernará con la violencia.     

Por otro lado está el camino donde el hombre puede ser bueno y en la fraternidad, el amor hacia el prójimo, puede construir una buena sociedad, pero más que sociedad podemos construir una comunidad, donde cada ser humano está conectado no sólo en amistad, sino en el interés de respetar la dignidad de la persona, en amor al prójimo como a nosotros mismos. Ser buenos ciudadanos y por lo tanto buenos políticos, sería la fórmula para construir un Gobierno democrático.

Esto implica que todos debemos ser ciudadanos con preparación espiritual; y con esto no me refiero a alguna religión, me refiero más al sentido de no sólo ser un pedazo de carne con huesos, sino que estamos llamados a trascender para generar un bien común, incluso para personas que no conocemos y que no conoceremos. Pareciera que este es el camino al escepticismo, pero es lo contrario.

En sus inicios, el humanismo fue de los precursores del método científico para su toma de decisiones, la imprenta y el arte fueron de sus principales exponentes. Leonardo Da Vinci lo deja claro en sus obras, donde el ser humano es el centro del arte y de sus estudios.

Situar al hombre en el centro de la discusión, preocuparse por el desarrollo de cada uno de nosotros, sin que influya en ello el color de piel, profesión o familia. Apoyar a los necesitados subsidiariamente y solidariamente, nos convierte en una comunidad en paz.

Más nos vale ser políticos de ojos bien abiertos, poner atención a las situaciones, a las circunstancias. Ser líderes de trineo, como decía Castillo Peraza y no ser un voto más o presa para esos políticos que solo buscan el poder sin importar los medios. Bien pudo decir  Jacques Maritain, al hablar de la ética de la serpiente y de la paloma, tal vez inspirado en el Evangelio1, podemos ser los que estemos conscientes de la naturaleza de la serpiente y el exceso de bondad de la paloma para así construir una comunidad, iniciando por la familia, la colonia, el municipio, el estado, el país y nuestro planeta. Así la visión del humanista.