Sé que tendría que haber escrito de este tema desde la semana pasada. La neta ya tenía la columna avanzada y decidí esperarme a ver qué pasaba al final. A unos días de la elección en Estados Unidos, y ya con el conflicto postelectoral calientito, ahora sí hay carnita para emitir una opinión no experta.

Antes que los analistas geopolíticos de iPhone destruyan mis argumentos, aclaro que la política internacional y la relación bilateral EUA-México no es mi área de especialidad, pero como tenemos un presidente que diario habla de algo diferente y está aún menos preparado que yo, agarremos valor para ir por pedazos.

Conclusión 1: Da igual

Bien decía el filósofo y doctrinario Don Porfirio que México estaba muy lejos de Dios y muy cerca de los Estados Unidos. Para bien (fines comerciales) y para mal (intervencionismo imperialista), nos toca compartir más de 3,000 km de frontera. Sin embargo, más allá del T-MEC y de idealizar nuestra de facto inexistente soberanía, ¿realmente hace la diferencia el gobernante del vecino norteño?

En mi humilde y desinformada opinión, no hace diferencia. Honestamente se me hacen lo mismo. Ambos, republicanos y demócratas son igual de mojigatos e hipócritas, y hasta ahora ningún Gobierno estadounidense ha volteado a ver hacia Latinoamérica para convertirlo en un polo de desarrollo. En términos prácticos, los republicanos se han caracterizado por propagar un discurso discriminador hacia los mexicanos, mientras que los demócratas se han encargado de ejecutarlo. El récord de deportados lo tiene Obama, y la mayoría de los legisladores de su partido responden a uniones, sindicatos o grupos de interés, que son los principales opositores a la inclusión de los latinoamericanos en la vida económica del país.  

Por todo esto, me da risa cuando mexicanos de este lado de la frontera celebran el triunfo de Biden. Entiendo que la derrota del populismo de derecha es siempre motivante, pero de allí a que nos vaya a ir mejor, lo dudo. Disculpen mi escepticismo, pero nos encontramos en una situación similar a cuando alguien me ofrece un taco de criadillas o uno de moronga. Ambas opciones dan ñañara.

Conclusión 2: A cobrar apuestas

En alguna columna anterior escribí sobre la adicción de AMLO para apostarle a causas turbo-riesgosas. Más allá de quién se sacó la foto con el ganador y quién le echó porras públicamente al perdedor, el asunto de fondo es la percepción y la moral de las tropas en los dos bandos. La derrota de Trump no significa automáticamente una derrota de Morena en 2021. Sin embargo, bien sirve para que la desorganizada oposición se motive, a sabiendas que se puede combatir el populismo electoral desde las instituciones democráticas. Es irrelevante si Felipe Calderón se tomó una foto con Biden hace mil años, o si hasta a Marko Cortés le llegó antes el agua al tinaco para felicitar al demócrata. Lo interesante de ver es la necedad de nuestro presidente a no reconocer un triunfo electoral que no le conviene. Mejor Nicolás Maduro públicamente felicitó a Joe Biden, a AMLO, que está esperando el voto por voto, casilla por casilla.

Mientras prendan la Alerta Amber por el Canciller Ebrard, que está mejor escondido que la niña Paulette. Busquen en la Condesa o cerca de La Sorbonne de París, dicen que por allí se atrinchera cuando se deprime.

Conclusión 3: el mundo al revés

Acepto que soy un hombre simple, encuentro placer en los pequeños detalles de la vida, como ver enojar a Fernández Noroña, Ackerman y el resto de la izquierda de Cartier. Hace dos semanas toda la chairiza encontró consuelo por las derrotas en Coahuila e Hidalgo, en el apabullante triunfo de los socialistas en Bolivia. Neta. Bolivia. Bo-li-via. Creo que hasta Tlaxcala es más importante, pero bueno. Los amlovers se convirtieron en evolovers y se sintieron parte del Estado Plurinacional de Bolivia.

Esos mismitos que celebraban que el litio boliviano no caería en manos capitalistas, son los mismos que esta semana se lamentan por la derrota de Trump. Independientemente que el fanatismo pro AMLO idiotiza a sus seguidores, cegándolos de ver corrupción en Bartlett y en Eréndira Sandoval, también les hicieron creer que los republicanos, yankees imperialistas, capitalistas, bélico-intervencionistas, eran sus aliados. De risa loca.

Conclusión 4: si quieres que algo se haga bien, hazlo tú mismo

Es muy ingenuo pensar que un gobernante u otro van a tomar en cuenta las prioridades mexicanas, solamente por un cambio de gobierno o de partido. Mucho más importante que subir felicitaciones en español a Joe Biden en Twitter, es entender que para ser tomados en cuenta, México tiene que ser más proactivo y propositivo. Sin importar cuánta indignación generaron los comentarios de Trump hacia los mexicanos, si queremos que la situación mejore, que los hijos de nuestros connacionales no esperen en jaulas mientras son deportados, si aspiramos tratos comerciales más justos, tenemos que empezar por poner gobernantes que tomen el tema con seriedad.

Desafortunadamente, estamos tan ensimismados con nuestros problemas domésticos, que la agenda internacional nunca forma parte de la plataforma electoral de ningún candidato a la Presidencia de la República. Ignorar que vivimos en un mundo profundamente globalizado e interconectado, con reglas cambiantes y mercados voraces y ágiles, es sentenciar al país al subdesarrollo. Caminos para incidir, al menos de poco a poco, hay montones. Así como hay células de mexicanos organizadas en el extranjero para incidir en México, debería haber células organizadas de mexicanos para incidir en el voto de los que viven en Estados Unidos, los lazos existen, ¿por qué no explotarlos a favor de ambas partes? Fijémonos mejor cuando votemos por nuestros senadores, responsables de una buena parte de la política exterior del país. Exijamos como electores un posicionamiento claro a los candidatos presidenciales sobre los temas migratorios, económicos y políticos de la relación bilateral. El último candidato que medio intentó tocar el tema, prometió poner en su lugar a Trump y terminó aplaudiéndole en público.

Olviden todo. Paso 1: seamos serios