En el año 2018 se inició un proceso de transformaciones muy importantes a nivel nacional con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador y la coalición electoral que los postuló a la presidencia de la República. El triunfo fue arrollador, implicó la victoria no sólo en la presidencia, la ola permitió una ventaja contundente en la conformación de las dos cámaras del Congreso de la Unión, en las gubernaturas y la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, los congresos locales y ayuntamientos.

En 2018 se capitalizó una lucha de más de 30 años de resistencia a un sistema autoritario y al modelo neoliberal implementado en México y en todo el mundo. El hartazgo ciudadano se manifestó en las urnas a favor de AMLO, Morena y la llamada Cuarta Transformación de la vida pública del país.

Al hablar de una Cuarta Transformación a partir del triunfo de 2018, nos referimos a una transformación profunda de la vida política del país, a un cambio de régimen político, y a un viraje radical en el modelo económico y social imperante en México desde 1982. Nos referimos también de un cambio de gran calado que, por la vía electoral, esté a la altura de las tres grandes transformaciones que ha vivido el país en su historia, y que todas y todos conocemos: la Independencia, la Reforma liberal, y la Revolución Mexicana.

El reto es construir con las grandes mayorías un nuevo paradigma de desarrollo del país para romper el ciclo de las políticas y el pensamiento neoliberal, es decir, del modelo de acumulación de capital de corte privatizador y oligárquico y generar una ruta en favor del bienestar, del Buen Vivir para las grandes mayorías.

La prioridad no son los grandes intereses oligárquicos, sino hacer de México una nación más igualitaria, más equitativa, con menor pobreza, con una distribución más equitativa de la riqueza. Hacia todo ello está orientada la política social de bienestar, la política económica, el presupuesto público, la política fiscal, la política laboral y de empleo, las grandes obras estratégicas, etc.


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Otro reto es también, en el marco de la actual globalización económica y de una compleja relación y vecindad con la principal potencia del mundo, recuperar nuestra soberanía nacional, es decir, la soberanía energética, la soberanía alimentaria, la soberanía política y ser un factor de unidad, de cooperación y desarrollo con el conjunto de América Latina.

Es necesario recuperar la paz, la tranquilidad y la justicia en todo el país. La violencia, la inseguridad, la descomposición social, la corrupción y el crimen organizado son un gran reto para la Cuarta Transformación. Hay una estrategia en marcha que se debe analizar, ver sus logros y limitaciones para estar a la altura de la exigencia y expectativa ciudadana.

El combate a la corrupción es una de las grandes banderas. Este cáncer que tanto ha dañado a nuestras instituciones y a la vida pública del país debe ser erradicado, combatido a fondo, a la par de la construcción de una nueva institucionalidad democrática que se sustente en la honestidad, la austeridad, la transparencia y la rendición de cuentas.

No puede haber Cuarta Transformación sin profundizar y radicalizar la democracia. Se tiene que avanzar en una agenda que ponga en el centro del poder y de las decisiones a las grandes mayorías, a la ciudadanía, que profundice la democracia representativa y participativa, la democracia directa, y que destierre para siempre la cultura política clientelar y corporativa.

De cara al 2021 es tiempo de ver los grandes logros a menos de dos años de gestión del actual gobierno, es momento también de clarificar los compromisos con la ciudadanía, es decir, de preparar la plataforma, de actualizar los compromisos hacia la segunda mitad del actual gobierno y de la próxima legislatura federal. Lo mismo se requiere para todos los estados y municipios que estarán en competencia en el 2021.

A la luz de los compromisos hechos en 2018 y de la plataforma hacia 2021 se debe avanzar en las alianzas, en la suma de voluntades, de organizaciones, de liderazgos, de fuerzas políticas y sociales que permitan refrendar una mayoría electoral en 2021 y profundizar las transformaciones que el país demanda.

Una transformación de gran calado no se agota en un ciclo de Gobierno de seis años, se debe pensar y tener una estrategia de mediano y largo plazo, pero debe ir articulada a los ciclos de la vida política e institucional del país. Las mayorías no son eternas, la ciudadanía no entrega cheques en blanco, la confianza, la legitimidad, la hegemonía política se construye día a día, en el trabajo cotidiano con la gente, en el debate público, en el trabajo en los órganos legislativos, y en el ejercicio diario del Gobierno.

Los grandes retos para la gobernabilidad del país, para la legitimidad y viabilidad del proyecto están en salir exitosamente de la crisis de salud derivada de la pandemia del COVID 19, a la par de enfrentar con éxito los efectos de la profunda recesión económica. Desde una visión de izquierda y progresista se debe propiciar un ciclo de recuperación del crecimiento económico, de la generación de empleos, y de una política de bienestar que reconozca y amplíe los derechos de la población, en especial, de los que menos tienen.

Morena tiene que llevar a buen puerto su transición interna, la renovación de sus órganos de dirección, consolidar su vida institucional y la democracia interna. Un partido en situación de inestabilidad no es atractivo, no es confiable, no es eficiente para acompañar el proceso de transformación del país. El partido de la mayoría debe estar presente de manera permanente en la vida pública del país, en el debate de la agenda política nacional.

Debe ser la vanguardia de la Cuarta Transformación, volcado con la ciudadanía en los territorios, desarrollando el trabajo de organización, generando conciencia, ganando voluntades, el proceso electoral está ya a la vuelta de la esquina. Con unidad y vocación de mayoría es momento de tener puesta la mira en 2021, en ello va el futuro de la Cuarta Transformación del país y la profundización de la gran transformación que México exige.