Si Joe Biden ganará la elección, el nacionalismo económico del presidente Donald Trump tendría su continuación en un nacionalismo de versión demócrata y con una inclinación a la izquierda.

Es interesante observar cómo, frente a la realidad sanitaria, económica y social impuesta por la pandemia, existen convergencias entre el programa económico que el candidato demócrata presentó y lo que el presidente mexicano se encuentra instrumentando en nuestro país desde el inicio de su Gobierno, y que siempre ha formado parte de su convicción política e ideológica

La pandemia de Covid-19 ha dejado ver que, tras años de neoliberalismo, los sistemas de salud decayeron por falta deliberada de inversión pública, ya que se asumía que la competencia, el libre mercado y las privatizaciones resolverían las necesidades fundamentales de los individuos.

La pandemia también desveló con más crudeza las inequidades sociales, la precarización social y de ingreso, así como la vulnerabilidad para diversos sectores de la población.

Para ambos países la pandemia evidencia el fracaso de un modelo económico productivista que genera concentración de riqueza, depredación de recursos naturales, abandono de la industria nacional y deslocalización de las empresas hacia otros países o continentes.

Ante estas realidades el candidato y el presidente convergen en el fortalecimiento del Estado y su papel más activo en la economía.

En México, la recuperación de espacios otrora ocupados por los poderes fácticos, legales e ilegales, debido el retraimiento del papel del Estado en salud, en programas sociales, en soberanía energética, en empleo, en seguridad, entre otros ámbitos, ha sido una prioridad para el presidente López Obrador.

El candidato Biden propone, a su vez, inversión es cuantiosas para la construcción de infraestructura, para la revitalización de las manufacturas y para devolver a la Unión Americana las cadenas de suministro críticas. Plantea también un alejamiento de la globalización y del libre comercio, revitalizando las industrias domésticas.


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Convergen también en la separación entre el poder económico y el poder político y en una mejor distribución de la riqueza. El presidente López Obrador ha sido enfático en estos puntos. El candidato Biden ha señalado que, en estos últimos años el Gobierno ha beneficiado a Wall Street y a las grandes empresas, al tiempo que le fallaba a las familias y a las personas asalariadas.

En materia de política fiscal también hay convergencias. En México, producto de la reforma al artículo 28 constitucional, muchas de las compañías que gozaron de condonaciones y exención de impuestos ya se han puesto al corriente en pagos adeudados desde hace varios sexenios. El candidato Biden ha anunciado que aumentará la recaudación eliminando los recortes y políticas fiscales que han beneficiado principalmente a los grandes capitales.

Estas convergencias ejemplifican que entre nuestros dos países existe una óptica común para resolver los retos que nos imponen tanto la pandemia como un modelo económico en crisis.