Este espacio lo he dedicado en las últimas semanas a escribir sobre la reactivación económica derivada de la pandemia, no sólo por ser un tema vigente, sino porque el tamaño de la crisis precisa de las ideas y propuestas de todos. Es por ello que he buscado contribuir con la generación de reflexiones y alternativas en distintos ámbitos. Por lo anterior, hay que decir que otra dimensión de la crisis es que también genera oportunidades.  Esa es la propuesta que quiero hacer hoy: aprovechar esta gran sacudida para repensar algunos conceptos, hábitos o ideas que hace un año considerábamos inamovibles.

¿Qué tan descabellado les parece que, en lugar de comprar un celular, lo rentaran? Tal vez la reacción inmediata sea de rechazo. Hemos crecido por generaciones bajo la premisa de que sólo siendo dueños de algo podemos satisfacer nuestras necesidades presentes y garantizarnos un futuro. La propiedad no solo ha constituido la base del modelo económico liberal sino también el punto de partida del modelo de producción y consumo moderno.

Las posesiones y la acumulación de bienes son parte de una aspiración social. Ser dueños de mucho supone resolver nuestros problemas, pero lo cierto, es que además de resolver de manera más eficaz y barata nuestras necesidades, el pasar de un modelo económico cuya base es el consumo/acumulación al uso de servicios y productos integrados, es sustentable. Lo anterior, es uno de los principios de la economía circular. 

Siguiendo con el celular, la producción y consumo tradicional se sostiene en un sistema de producción lineal. Esto quiere decir: extracción, fabricación, consumo y eliminación. Así, la ganancia para el fabricante está en cuantos celulares se venden (volumen). Por lo anterior, el fabricante, para maximizar su utilidad requiere que lo antes posible se vendan más teléfonos. La única forma de lograrlo, es que el celular que tenemos deje de satisfacer nuestras necesidades en un tiempo determinado (para el fabricante mientras más pronto mejor). Así, pronto aparecerá una nueva versión con innovaciones y diferenciadores atractivos respecto al anterior, lo que nos llevará a desear comprar uno nuevo y deshacernos del viejo, a este modelo se le ha llamado obsolescencia programada. ¿Y qué pasa con el celular viejo? Aunque lo regalemos a alguien que lo necesite, sabemos que muy pronto será inútil y terminara en la basura. 

Bajo estos principios, en cuestión de meses nuestro celular pasará de las vitrinas comerciales a formar parte de los millones de toneladas que diario ensucian nuestros suelos, contaminan nuestros mares y comprometen nuestro futuro. Lo más triste es que sucederá a pesar de que probablemente muchos de sus componentes aún sean funcionales.  El total de estos desperdicios representa un 70% más de nuestra capacidad para regenerarlos. Así, nuestra necesidad de consumir y desechar celulares, o cualquier otro producto se inserta en sistema que atenta contra la viabilidad del planeta. 

Es necesario modificar nuestros patrones de producción y consumo para dar sustentabilidad a los ciclos económicos actuales y generar nuevas versiones de las cadenas de valor existentes. En este sentido es que identificamos dos posibilidades: en primer lugar, los sistemas producto-servicios, proponen un modelo en el cual se puedan reutilizar los componentes en la fabricación de nuevos bienes, reduciendo considerablemente los costos de producción y generando una nueva forma de utilidad para el fabricante. En segundo lugar, también se plantea la opción de que el fabricante, mediante “upgrades” (mejoras), mantenga funcional y actualizado nuestro producto cobrándonos por este servicio. De esta manera únicamente se incorporan los componentes necesarios, manteniendo todo lo que sea útil así como sucede con los automóviles. 

Para los consumidores es un beneficio directo que significa poder acceder a bienes y servicios más económicos y duraderos sin que implique sacrificar la calidad. El beneficio más grande y para todos es la eliminación de toneladas de desperdicios que amenazan nuestro futuro. Al final, pudiera ser que rentar celulares y sustituir bienes por servicios no sea una mala idea, por el contrario, podría ser el futuro.

Director General del Fondo para el Desarrollo Económico y Social de la Ciudad de México. Secretario Técnico del Consejo Económico, Social y Ambiental de la CDMX.