Estimados chairos, si supieran qué es un fideicomiso, cómo funciona y para qué sirve, estarían muy enojados con lo que sucedió la semana pasada en nuestro país. Sin embargo, sabemos que están en un momento de madurez intelectual donde se experimentan muchos cambios. Es normal que a veces se sientan eufóricos y quieran salir a comprar todos los boletos de lotería del no-avión.

Entendemos que a veces están muy felices con sus diputados, y otras veces muy enojados con el tío Porfirio Muñoz Ledo. Es parte de lo que están viviendo, cortarlas con sus amigos de la infancia, como Fernández Noroña, y luego hacer las paces. De esta forma, entendiendo que están en la edad de la punzada políticamente, vamos a explicarles lo que pasa con los fideicomisos, utilizando el exitoso modelo ya casi patentado por filósofos como Yordi Rosado y Gaby Vargas.

Quíbole con las transas

Seguramente han escuchado a sus mamis y papis quejarse de la grave corrupción que agravia a nuestro país. Desafortunadamente, las transas se dan en todas las esferas de la vida humana, ya sea pública o privada, y muchas de ellas se olvidan impunemente. Es corrupto desde el trabajador de la empresa privada que cobra “el conecte” para un contrato privado, o el funcionario que pide “moches”. Es tan señalable cuando papi o mami utiliza el vehículo de la oficina para asuntos privados, que cuando imprime tu tarea en la impresora de la oficina.

Sabiendo que la corrupción es uno de los problemas más difíciles de solucionar, los diputados de Morena y aliados, a propuesta de nuestro presidente, eliminaron 109 fideicomisos públicos, con el pretexto de que son corruptos y han sido mal utilizados. Sin embargo amiguitos, no crean todo lo que leen en Regeneración. Eliminar un fideicomiso por ser corrupto, es como eliminar el tratamiento para niños con cáncer cuando descubrieron que los hospitales de Veracruz inyectaban agua y darle la facultad a Javier Duarte para ejecutar el programa, o es tan estúpido como suprimir los programas de reforestación cuando se descubrió el fracaso en Sembrando Vida, y que la Oficina de la Presidencia ejecute de arbolado en bosques y áreas protegidas. Más inteligente es dejar la Iglesia en manos de Lutero o la Contraloría en manos de Bejarano.

Quienes creen que con su eliminación se resuelve el problema, están ignorando que las autoridades antes de eso pudieron haber cambiado al responsable fiduciario, las reglas de operación del fondo, llevar a cabo reglas que fomenten la hipertransparencia o políticas que permitan entender dónde está el dinero, a quién se le está entregando y con qué resultados. En términos más llanos, querida pubertada política, es el equivalente a que en cada recreo los sándwiches y molletes de Doña Pelos tienen efectivamente…pelos. La solución no es cerrar la cooperativa, sino cambiar a la cocinera, o al menos ponerle una red para el cabello.        

Quíbole con la bipolaridad

No se sientan los bichos raros del salón. El país completo, incluido el Gobierno, está en una severa crisis de inmadurez. Es normal que un día odien al mundo y al día siguiente sean muy felices. Hoy el Gobierno odia los fideicomisos, pero olvida que cuando AMLO fue jefe de Gobierno, su obra más importante (el segundo piso del Periférico) fue construida a través del Fideicomiso para el Mejoramiento de las Vías de Comunicación (Fimevic). Gran cantidad de la información referente a los contratos, auditorías y responsables fue reservada. Tal vez con esa experiencia, las autoridades crean que todos los fideicomisos son obscuros, corruptos y mañosos.

Sin embargo, este autor puede afirmar en carne propia, que gracias a fideicomisos como los que se eliminaron, específicamente en apoyo al desarrollo de la ciencia, pude llevar a cabo mi posgrado en el extranjero. El Conacyt ha sido uno de los íconos y casos de éxito que nos permiten ver la relevancia de tener recursos asignados al desarrollo tecnológico y científico de nuestro país. Muchos de estos recursos complementan lo que aportan las universidades para llevar a cabo la poca investigación que lleva a cabo México. Sin duda, falta inyectar mucho más dinero para este fin. Eliminar el fideicomiso y ponerlos en la fila de “otras prioridades” no es necesariamente el mejor mensaje para quienes generan conocimiento, cuando de por sí los recursos ya eran escasos y competidos.

Quíbole con el futuro

Cerremos los ojos, unámonos de las manos y supongamos sin conceder (y sin contener la risa) que este Gobierno es limpio, transparente y no corrupto. Sin embargo, ¿qué pasaría si vuelve un Gobierno corruptísimo al poder? Que no lo permita la Virgencita de Distroller, pero ¿qué tal que la Presidencia en 2024 la gana alguien con el perfil del Manuel Barlett ochentero (no confundir con el Manuel Barlett impoluto de la CFE)?

La eliminación de fideicomisos hoy le permite al Gobierno federal tener miles de millones extras para uso discrecional, mismos que sabemos que serán utilizados con plena sabiduría y responsabilidad por nuestro adorado Cabecita de Algodón, pero en 6 años, si esos miles de millones son traducidos en miles de despensas para comprar votos en pleno año electoral podría darse un escenario tipo los Juegos del Hambre, con el Gobierno corruptor en el Capitolio y la chairiza de vuelta a la resistencia en el Distrito 13. Cuídanos, Baby Yisus.

Los fideicomisos, aunque sean muy jóvenes para entenderlo, son esas prioridades que se tienen en el país en un preacuerdo general para nunca dejar sin recursos. Sin duda, algunos más prioritarios que otros, la gran mayoría son necesarios. Es de retraso mental dejar sin Fonden a un país que tiene litoral en ambos costados y el desastre natural es el cuento de cada julio-octubre. El presidente nos podrá decir que ninguna de las prioridades se quedará sin recursos, pero ¿qué tal mañana o el después de eso? Mucho ojo, no le crean. Meter la lana a la caja burocrática y luego ver cómo se ocupa es peor idea que bañarse en la tina con un tostador conectado.  

Quiúbole con el centralismo

Esto ya es sólo por no dejar de burlarme, pero había un presidente que estaba en contra del federalismo, y creía que el Palacio Nacional debía centralizar todas las instituciones, recursos y decisiones en la figura presidencial. Ese presidente se llamaba Antonio López de Santa Anna. No le digan a AMLO, porque a su edad la diarrea dura 3 días.