La consulta popular recientemente autorizada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para juzgar a los actores políticos del pasado, es una importante oportunidad para incentivar la participación de la ciudadanía en las decisiones del Gobierno.

Es necesario recordar que a pesar de la existencia de estas figuras de democracia participativa, durante la época del neoliberalismo que recién concluye, no fueron utilizadas; olvidando la máxima del artículo 39 de la Constitución, que señala que el poder emana del pueblo y que la democracia no sólo debe ser representativa, sino también participativa.

Para el nuevo proceso de transformación de la vida pública, la participación de las y los ciudadanos se traduce en mayores niveles de gobernabilidad y de legitimidad. Esta es una labor que permite avanzar en la democratización de la vida política. Porque, el que verdaderamente debe gobernar es el pueblo.


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La SCJN ajustó la pregunta de tal manera que con la nueva redacción cumpliera con los principios señalados en la ley. El siguiente paso para la consulta será determinar la fecha de la realización, la logística de su implementación, así como el diseño de los materiales y quiénes recogerán la votación.

Sin embargo, los retos que se vislumbran son varios. Por un lado, continuar con la transformación de la vida pública más allá de investigar, juzgar y castigar la impunidad.

Será necesario eliminar por completo la corrupción y generar gobiernos más abiertos que escuchen a la ciudadanía. Algunos especialistas han señalado que el daño dejado por el neoliberalismo es estructural y que eliminarlo tardará cuando menos una generación, por ello debemos seguir trabajando.


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Por otro lado, el mayor reto es mantener involucrada a la juventud en la participación política, cabe recordar que en 2018 el 68% de los casi 30 millones de votos que originaron la transformación que hoy vivimos provienen de este segmento de la sociedad. De ese tamaño es la confianza depositada por ellos en nuestro movimiento.

A pesar del desgaste y de los embates de la oposición, se mantiene viva la confianza en nuestro movimiento. No obstante, debemos recordar que “no hay democracia sin demócratas” por ello será necesario incentivar -aún más- la participación ciudadana, sobre todo de las y los jóvenes, porque son ellos los que tienen esa capacidad de soñar y la fuerza para transformar las cosas.


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Debemos impulsar procesos de conciencia y reflexión sobre temas como la cultura de la paz, la perspectiva de género y la defensa de los derechos humanos. Es en este proceso de concientización, donde la participación ciudadana tiene mayor trascendencia, ya que determina el comportamiento de los ciudadanos ante  la ley, la política, el gobierno, los valores y las instituciones.

En la capital del país tenemos una ciudad de vanguardia y de libertades, donde la democracia representativa es un mecanismo habitual, para tener mejores condiciones de vida y que las personas decidan sobre la mejora y transformación de su entorno.

Desde el Congreso de la Ciudad continuaremos promoviendo los ejercicios de participación ciudadana, para seguir escuchando, atendiendo y sirviendo al pueblo.