Tras los disturbios ocurridos en Guadalajara el 4 de junio, durante una marcha para protestar por la muerte de Giovanni López a manos de policías municipales, donde vándalos atacaron instalaciones públicas y a agentes de seguridad, Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, acusó de los hechos a "intereses construidos desde la Ciudad de México" y le pidió al presidente de la República que "le diga a su gente y a su partido que ojalá estén midiendo lo que están haciendo, el daño que le están causando al país, con este ambiente de confrontación, porque son ellos, justamente, los que han generado todo esto que estamos viviendo".

Al día siguiente, López Obrador respondió al mandatario estatal que nada tiene que ver con lo ocurrido y lo instó a presentar las pruebas que fundamenten sus acusaciones.

Los pleitos entre el presidente y gobernadores no han sido escasos, pero la resolución de éstos ha cambiado durante los años de transición democrática.

Carlos Armando Biebrich tuvo un breve período de esplendor de la mano de su mentor, Luis Echeverría. Rondaba los 30 años y ya había ejercido como diputado federal y subsecretario de Gobernación. Gracias a una reforma a la Constitución de Sonora, la cual tuvo como objetivo disminuir la edad para acceder a la gubernatura, se convirtió en titular del Ejecutivo local en 1973. Sin embargo, en 1975 un grupo de campesinos invadió dos predios agrícolas, siendo desalojados con un saldo mortal.


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El gobernador fue llamado a Gobernación y se le hizo saber que tendría que dejar su cargo, a lo cual apenas opuso resistencia. Tal era la fórmula utilizada durante la presidencia imperial para deshacerse de gobernadores incómodos... hasta que llegó Roberto Madrazo, quien se negó a abandonar Tabasco, tal y como lo había decidido Ernesto Zedillo.

La fórmula se creía agotada, pero Fox la revivió con la finalidad de atajar las aspiraciones presidenciales del entonces jefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador. El ahora presidente de México, militante del PRI durante el infortunio de Biebrich, no sólo aprendió de los hechos antes narrados, sino que desarrolló la habilidad para golpear a aquellos gobernadores que no comulgan con su movimiento... máxime si se atreven a confrontarlo.

Enrique Alfaro, gobernador jalisciense, emprendió una estrategia propia para enfrentar a la pandemia del coronavirus, al grado de enfrentarse con la eminencia del obradrismo, Hugo López, pero a los ojos presidenciales la falta mayor de Alfaro consistió en su alianza con otros gobernadores a fin de exigir mayores recursos al Gobierno central para resolver la crisis generada por el COVID – 19 y la reformulación del pacto fiscal.

La oportunidad para atacarlo se presentó tras la muerte de Giovanni López a manos de policías de Ixtlahuacán, en circunstancias que hacen temer la comisión de un gravísimo abuso. Un mes después de ocurrido el hecho, Alfaro fue culpado del hecho en las redes sociales y por la prensa obradoristas, legisladores y funcionarios federales se unieron al ataque y llegaron los disturbios en Guadalajara.

Todo iba conforme a lo planeado hasta que convergieron dos hechos: la represión perpetrada por la policía de la CDMX en contra de unos vándalos y la aparición en las marchas ocurridas en la capital tapatía de Jesús Torres y Candelaria Ochoa, un provocador morenista y la titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, respectivamente. Con esto se demostró que los excesos policiacos también ocurren en los gobiernos de la 4T y el ánimo federal para azuzar el conflicto.


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De poco servirá argumentar que los presuntos asesinos de Giovanni son agentes de seguridad municipales que no estaban subordinados a Alfaro, lo cual le releva de responsabilidad en el asunto. La flecha fue apuntada en contra del gobernador y el arco está tenso. Queda en manos de López Obrador disparar el proyectil o guardarlo. Revivir las viejas prácticas no nos llevará hacia una nueva transformación, sino hacia un Tercer Imperio. Preservar al Gobierno de Alfaro es una tarea primordial para la oposición, pues, de sucumbir éste, la posibilidad de confrontar al Gobierno federal se habrá diluido. Toca al jalisciense demostrar su temple.