Todos recordamos el icónico spot de radio y televisión en el que AMLO, durante su segundo sexenio como presidente legítimo (también conocido entre los académicos como tercera pre-campaña presidencial), hizo alusión a la Rebelión de la Granja de George Orwell. Hordas de chairofans entraron en júbilo y aplaudieron sin cesar con sólo escuchar la palabra “rebelión”, pero fueron pocos los que se detuvieron a analizar con detenimiento la analogía.

Aquí hay que reconocer que Andrés Manuel podrá decir “dijistes” en cada mañanera, pero se nota que lee más que Peña Nieto (digo, no es difícil). Después de dos años de Gobierno sabemos que más que amenaza de rebelión, la referencia al libro de Orwell tuvo un carácter premonitorio. Para empezar, la nueva clase dominante post revolucionaria en el libro, eran los cerdos. ¿En México? Mmmm…igual. Nos encantaría creer que la nueva clase dominante tuviera cerditos tiernos como Piglet, Peggy o Peppa Pig. Sin embargo, Morena nos sorprendió con un popurrí de subespecies que incluyen el cerdo prehistórico en la Comisión Federal de Electricidad, el cerdo de tres patas en el Gobierno de Puebla, el cerdito carnal que hace Pío, en vez de Oink, y la policía de la granja en manos de la pareja cerdestial Ackerman-Sandoval.  

Más adelante en el libro, los cerdos en el poder empiezan a doblar sus propias reglas, adoptando los defectos de la administración anterior y convirtiéndose en algo peor que sus predecesores. De los 7 mandamientos que escriben los cerdos al llegar al poder, al final solamente queda uno: Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros. En la granja de Andrés Manuel, empezaron con sólo 3 reglas: no mentir, no robar, no traicionar. Este espacio no es suficiente para poder desglosar la cantidad de mentiras con las que el presidente alimenta a su electorado diariamente durante la misa matutina, pero cualquier persona con capacidad sináptica reconoce la comedia involuntaria cuando la tiene enfrente. ¿No robar?

Las adjudicaciones directas en pipas de gasolina, medicamentos con sobreprecio, terrenos en el sureste para los cerditos compadres de la Secretaria Nahle, el latifundio de Ackerman-Sandoval, la inmobiliaria y lavadora Bartlett y un sinfín de casos más nos hacen tener una ligera y sutil sospecha que el segundo mandamiento tampoco se cumplió. El tercero es el más irónico y divertido. No traicionar. No. Trai-cio-nar. En una línea, se me ocurre la traición al PRI de los 80, al PRD de 2012, a Fernández Noroña, y en días más recientes a Gibrán Ramírez, investigado por mal uso de recursos públicos. No fueron los mandamientos de la 4T, pero estoy seguro que el presidente entendió a la perfección el mandamiento original: algunos animales son más iguales que otros. Al que le quede duda, pregúntese si el cerdito Pío es diferente al cerdito Bejarano.

Al final de la obra de Orwell sucede lo que todos sabíamos que iba a pasar, es decir, una dictadura por parte de los cerdos, con una pérdida de libertades y bienestar para todos los animales de la granja (salvo para la clase dominante, obviamente). Sería irresponsable catalogar de dictadura al gobierno actual. Lo que sí ha demostrado ser, es profundamente intolerante. Ha sido criticado por periodistas e intelectuales en todo el espectro ideológico por sus reiterados intentos por avasallar a quienes no piensan como él, demeritando la libertad de expresión.

A la granja mexicana tal vez la salven las condiciones exógenas. Desafortunadamente es muy temprano y demasiada la necedad de los más radicales, para aceptar que los cerdos actuales no son en nada diferentes a los administradores anteriores. Sin embargo, la esperanza radica en las demás especies de la granja, aquellas que hoy también son incluidas en la larga lista de traiciones del presidente.

Con la erupción de la gripe aviar (ahora conocida como Covid-19) y la caída de la producción de granos, los pollitos han entrado en una severa crisis sanitaria y de ingreso. Fiel al slogan de campaña de Primero los Pobres, los pollitos son el grupo más vulnerable. Basta analizar la tasa de mortalidad por decil de ingreso para darnos cuenta que los más susceptibles de recibir el shock inflacionario, quienes no cuentan con seguro de gastos médicos y los que tienen que salir diariamente a arriesgar la vida para llevar alimento a sus hogares, son precisamente los más pobres. Aun cuando los cerdos del Palacio Nacional creen que con los programas sociales pueden mantener a la granja tranquila, no hay política social que pueda compensar la pérdida de bienestar de una caída de doble dígito del PIB.

No hubo sorpresas cuando se quiso rifar-no rifar el avión-no avión, los pollitos ya estaban en fuga. Muchos de ellos ya no se consideran prioridad para el administrador de la granja. Las demás especies tampoco corrieron a su expendio de billetes más cercano. La mayor parte de los boletos los tuvieron que comprar empresarios que buscan mantener su status quo con el régimen cerdil.

Muchos otros fueron comprados por cochinitos de baja monta para subir sus fotos a redes y verse lambiscones con sus superiores. Incluso el cuche Bejarano subió una foto con una decena de boletos de lotería sin liga, arriesgándose a que sus billetes se le volaran. Otro indicador de la fuga, fue la baja recolección de firmas para enjuiciar a los exgranjeros presidenciales. Los mismos lechoncitos que presumieron a los 4 vientos los 30 millones de votos para su cerdo preferido, ahora sufrieron para superar el millón de firmas requeridas por las autoridad electoral para tener un nuevo distractor frente a la falta de resultados de su administración. Muchos podrán argumentar que con la crisis, pocos podían pagar el carísimo boleto de 500 pesos para la rifa-no rifa, pero firmar para enjuiciar a todos los gobernantes desde la conquista hasta 2018, era gratis y ni así pudieron recibir un apoyo desbocado.  

No sabemos aún qué le depara el destino a nuestra granja, pero de lo que sí estamos seguros es que la rebelión puede generar una rebelión bis, ahora contra los cerdos. Así como pasó en Brasil con Lula-Bolsonaro, el otro polo del horizonte político es tan malo como el que hoy nos gobierna. El próximo año es crucial para todos los que queremos vivir en una granja pacífica, próspera y tranquila. No caer en las provocaciones polarizadoras de los cerdos es un reto para todos, pero ojalá que podamos haber aprendido la lección de tener megalómanos a cargo. Lo preocupante es que hasta ahora, la única especie que ha alzado la voz en contra de los cerdos es un grupo minoritario y desarticulado.

La añoranza de un pasado menos malo, pero malo al fin, y la reacción como única arma contra el régimen ha dejado entrever la falta de agenda propia del grupo opositor rumbo a las elecciones de 2021. Tratar de evocar el pasado, solamente refuerza los motivos por los cuáles los cerdos llegaron al poder. Reaccionar a la dinámica propagandista presidencial refuerza la moral de los radicales fanáticos del discurso vacío en propuesta, pero plagado de simbolismo que emana del Presidente. Jamás he visto una granja con elefantes, pero urge que los voceros opositores desarrollen una memoria de paquidermo para explicarle a los indecisos de todos los corrales, que la historia mundial tiene decenas de anécdotas similares a lo que estamos viviendo, y ninguna acaba bien…

*Ningún animal fue lastimado o maltratado durante la escritura de este artículo. Nos disculpamos con los cerdos por haber sido utilizados como punto de referencia por Orwell y tan mañosamente, por AMLO. La neta, los cerditos rockean ya sea revolcándose en lodo, en la correa de un hípster de la Condesa, o en tacos al pastor. El autor repudia tajantemente que el presidente reiteradamente les dé categoría de mascotas a los beneficiarios de los programas sociales.