El Poder Legislativo se deposita en el Congreso General, que a su vez se divide en dos cámaras: de diputados y de senadores.

La composición de cada una de éstas es menos compleja de lo que aparenta, pero también es mucho más importante para la vida democrática del país de lo que se reconoce.

Conformadas principalmente por comisiones, grupos parlamentarios, órganos técnicos y órganos directivos -entre otros-, las cámaras ejercen las funciones que justifican su existencia: legislativa (formular, analizar, discutir y votar leyes o reformas a éstas), de representación (plasmar el sentir y las necesidades y demandas de la población que les otorgó el cargo), y de control hacia el Poder Legislativo, entre un amplio etcétera que respeta y hace cumplir la división de poderes.


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Cumplir con estas funciones es responsabilidad colectiva e individual; es decir, de cada legisladora y legislador. Sin embargo, la propia conformación de las cámaras nos permite contar con herramientas e instancias de apoyo y guía para nuestro trabajo.

Las Mesas Directivas y las Juntas de Coordinación Política (mejor conocidas como Jucopo) de cada Cámara son dos de las principales instancias para la vida legislativa del Congreso.

Como lo marca la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, Mesa y la Jucopo son instancias de dirección del trabajo de los legisladores y de nuestras áreas de apoyo; y tienen algunas de las tareas más importantes y complicadas en el Congreso: expresar y garantizar la unidad y la pluralidad de cada órgano legislativo, así como conducir los trabajos parlamentarios asegurando el debido desarrollo de los debates, discusiones y votaciones, haciendo prevalecer lo dispuesto en la Constitución y los distintos marcos jurídicos que definen nuestro trabajo como legisladores.


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Al respecto, durante varios días ha destacado en los medios de comunicación, el proceso de elección de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados debido a las distintas maniobras políticas y fuertes declaraciones de los grupos parlamentarios que buscaban encabezar este órgano.

La lucha de poderes que atestiguamos en medio de varias crisis nacionales (económica y sanitaria), y que podría propiciar una crisis política –si no es que la hay ya- al interior del Congreso de la Unión, ha sido innecesaria y en nada abona a la democracia del país, al Poder Legislativo ni a ninguna fuerza política.

Quien preside la Mesa Directiva -de cualquier Cámara-, se convierte en la máxima autoridad y en el representante de ésta. NO es el defensor de una agenda presidencial o partidista, NO se vuelve el paladín de sus ideales. Quien preside la Mesa se vuelve el representante de la unidad política, el encargado de hacer valer la ley por sobre cualquier postura personal y el protector de la pluralidad democrática del Poder Legislativo.


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Entre las principales funciones del presidente o presidenta de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados encontramos: interpretar los ordenamientos relativos a la actividad parlamentaria para la adecuada conducción de las sesiones; formular y cumplir el orden del día; cuidar que los dictámenes, propuestas, mociones y demás documentos, cumplan con las normas que regulan su formulación y presentación; y determinar las sanciones con relación con las conductas que atenten contra la disciplina parlamentaria.

Es precisamente por la importancia de estas tareas que, en la Cámara Baja del Congreso, en un gran ejercicio democrático, la Presidencia de la Mesa Directiva recae el primer año de la Legislatura en el grupo parlamentario que represente la mayor fuerza política, para que los siguientes dos años recaiga, en orden decreciente, en un representante de los dos grupos parlamentarios con mayor número de diputados que no la hayan ejercido.

En el caso de esta Legislatura, la conformación inicial de fue la siguiente: 247 diputadas y diputados de MORENA (162 de mayoría relativa y 85 plurinominales); 80 del PAN (41 de mayoría relativa y 39 plurinominales); 47 del PRI (9 de mayoría relativa y 38 plurinominales) y 31 de PES (todos de mayoría relativa); 29 del PT (26 de mayoría relativa y 3 plurinominales); 28 de MC (17 de mayoría relativa y 11 plurinominales); 20 del PRD (9 de mayoría relativa y 11 plurinominales); 16 del PVEM (5 de mayoría relativa y 11 plurinominales), y 2 Sin Partido (ambos plurinominales).


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Claro que conforme ha avanzado la Legislatura, la integración de lo grupos parlamentarios ha cambiado, pero hasta hace unas semanas se mantenía el orden de las fuerzas como MORENA – presidiendo en 2018 y 2019 la Mesa-; PAN -que se encuentra concluyendo la Presidencia-; y PRI, al cual conforme lo marca la Ley, le corresponde presidir este año la Mesa de la Cámara de Diputados.

No obstante, los intentos por cambiar el orden de las fuerzas políticas a través de prácticas como el cambio de diputados del grupo parlamentario fueron infructíferos en todos los niveles. Con esto no quiero decir que haya un grupo político que merezca más que otro ser quien presida la Mesa Directiva en la Cámara Baja, sino que debemos cumplir y hacer cumplir a cabalidad la Ley que rige nuestro trabajo y no manejarla a conveniencia o gusto político.


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Si no nos gusta la Ley, podemos intentar cambiarla a través del diálogo y la conciliación parlamentaria, pero no maniatarla, ni tampoco podemos como Poder, estar subordinado a las indicaciones del Ejecutivo.

Nuestra responsabilidad legislativa debe superar nuestros egos; la conducción de nuestro trabajo debe ser transparente y apegado a las leyes que nosotros mismos elaboramos; el país no los demanda.