La memoria del militante de izquierda es profundamente selectiva. Por un lado, a las víctimas del genocidio de Tlatelolco en 1968, se les promete no otorgar perdón ni olvido, y so pretexto tenemos manifestaciones saquea-Oxxos el 2 de octubre de cada año. Por otro lado, la recién anunciada Guía Ética para la Cuarta Transformación nos ordena perdonar a nuestros agresores o abusadores. Mientras la porra aplauso-fácil del Presidente celebra cada vez que exige disculpas al Vaticano, la Corona Española, y a los chinos por haber inventado la pólvora con la que los conquistadores masacraron a miles de indígenas, y el papel en el que se firmó la fundación del Virreinato, los mismos fans apelan a la pacificación del país a través de agachar la cabeza y poner la otra mejilla. El enanismo de quienes presumen abundante estatura moral demuestra que tenemos un Gobierno abiertamente acomplejado, que se niega a perdonar diferencias históricas con naciones con quienes hoy compartimos un complejo bagaje cultural, pero que nos exige perdonar a los bárbaros actuales.


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Izquierda rencorosa. Eso no es nuevo. Lo que sí es nuevo (y de risa loca) es el intento de evangelización moral por parte del Gobierno federal. Cito textual: Pide perdón si actuaste mal y otórgalo si fuiste víctima de maltrato, agresión, abuso o violencia, que así permitirás la liberación de la culpa de quien te ofendió. Ante los ojos de la izquierda tal vez el gran error de Díaz Ordaz, de los españoles y de la iglesia católica fue nunca haber pedido disculpas. Igual y con un simple “we cool, bro”, seríamos un país feliz y reconciliado.  Sin ánimo de ser insensible con las millones de familias que han sido víctimas de la delincuencia en el país tan profundamente violento en donde nos tocó vivir, mejor me dedicaré a hacer una breve (aunque no exhaustiva) lista de banda a la que el Presidente sí le debe pedir perdón.

  • A los niños con cáncer y otros miles de personas con enfermedades crónico-degenerativas

Parece la cantaleta desde el inicio de la administración. No es que antes fuéramos un país con un sistema de salud de primer mundo. Igual había priistas inyectando agua a niños con leucemia, pero no teníamos a un Presidente que prefiere tachar de opositor neoliberal a todo paciente que le reclama la falta de medicamentos. Ya pasamos por la rifa del no-avión para fortalecer al sector salud, a poner de pretexto que justo cuando iban a llegar las medicinas que llevamos esperando dos años, ufff!!! Se las robaron en una bodega de Iztapalapa. Al inicio del año hubo la promesa que para diciembre tendríamos un sistema similar al de Dinamarca o Suecia, pero el Covid-19, la corrupción (que ya no hay), los malandros de Iztapalapa y Felipe Calderón conspiraron para romperle la rodilla al sector salud, y quedarnos las ganas. Disculpas pendientes. ¿Perdón? Meh. Nope.


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  • A los inundados de Tabasco

Los 5 minutos de fama de Marcos Martínez Soriano llegaron durante un noticiero bananero de Coahuila, cuando dijo que López-Dórgia se la p*la y Carlos Loret es un p$%&ejo. Luego jocosamente le reclama al productor que nadie le dijo que estaba al aire. A López Obrador nadie le avisó que lo estaban grabando cuando acepta haber inundado de manera voluntaria y deliberada un poblado marginado de nowhere land, Tabasco. Digo, Tabasco fue el lugar que vio nacer al Presidente. ¿Merecen la inundación? Depende la óptica con la que la vean. En mi humilde opinión, ser analfabeta electoral, y haber apoyado al peor populista de la historia reciente en México no es causal de pérdida del patrimonio. Por otro lado, los impulsores de la Cartilla Moral y la Guía Ética de la Cuarta Transformación creen en un Dios que masacró a la población entera y le encargó a un loco la construcción de un arca que preservase a las especies. Aquí el dictamen es de decisión dividida, pero mi agnosticismo me dice que aunque el dolor fue autoinfringido por haber votado por AMLO, igual merecen su disculpita.


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  • La Economía

No me refiero a la economía moral ni al indicador de felicidad que busca sustituir al PIB. Sin sandeces. El Presidente le debe una profunda y sincera disculpa a millones de mexicanos que este año pasaron la línea de pobreza, a quienes perdieron su empleo o se vieron en la necesidad de cerrar su negocio. No es posible que el Gobierno no vea ni por su propio interés. Alguien despierte a los miembros del gabinete que usan de utilería en las mañaneras y díganles que los impuestos que se recaudan están en función de lo que se produce. Con palitos y bolitas, si hay menos lana, la gente gasta menos y hay menos IVA. Si hay menos empleo formal, hay menos ISR. Si la gente está desempleada, no consume y las utilidades sujetas de impuestos, también bajan. Corrijo. Aquí el Presidente no nos debe una disculpa. Nos la debe el sistema de salud que no envió ácido fólico a Macuspana durante los 50 y el sistema de educación básica que impide al mexicano promedio unir los puntos en causalidades obvias. ¡Damn you, SNTE!

Para quien busca gobernar con decretos, decálogos y guías éticas, es tremendamente insensible que el único esfuerzo que se haga para pacificar al país sea pedirle a las víctimas que perdonen a sus agresores. El próximo año parece ser más cuesta arriba que la cancha de los Supercampeones, y ni así hay un examen de autocrítica sincero por parte del Presidente. Él nunca se equivoca. Todos deben pedir disculpas y perdonar, menos él. La megalomanía gobierna, y mientras tanto, la oposición está más preocupada en construir una alianza artificial, que en pedir merecidas disculpas al electorado por haberle dejado el territorio tan fértil al populismo…