El proceso electoral de 2018 permitió, entre otras cosas, modificar el abanico de actores políticos en el país y la Ciudad de México. Morena generó, guste o no, escenarios de excepcionalidad en distintos lugares.

En la alcaldía Cuauhtémoc, por ejemplo, se dieron las condiciones necesarias para una rotación importante de caras, liderazgo y referentes. Y también, emparejado a lo anterior, un cambio generacional en la conducción político-administrativa de dicha demarcación.

Los proyectos, por supuesto, no pueden entenderse sin los liderazgos que los encabezan. El actual alcalde de Cuauhtémoc, Néstor Núñez López, se ha convertido, en el transcurso de los últimos dos años, en un actor político relevante en la capital del país. No sólo por gobernar la demarcación con mayor peso político, sino por pertenecer a una generación distinta de la tradicional clase política de la Ciudad.

Su actual desempeño se encuentra evaluado de forma positiva y de ello dan constancia las distintas mediciones publicadas por diversas casas encuestadoras.

De forma novedosa se ha materializado una agenda de Gobierno que se sustenta en la convicción de que la Ciudad de México es una ciudad progresista: políticas públicas diseñadas para atender a la población trans, inversión en el mejoramiento de los servicios públicos fundamentales, la accesibilidad de la oferta cultural de la alcaldía en las colonias tradicionalmente olvidadas, la inversión destinada a atender a sectores lastimados económicamente por la actual contingencia sanitaria, etc.

La cuarta transformación, a mi entender, debe ir acompañada de una rotación generacional cada vez más audaz en los distintos niveles de Gobierno. No sólo porque todo proceso de cambio debe apostar a la formación de liderazgos nuevos, sino porque todo proceso de cambio debe pensar en formas distintas del quehacer político y el servicio público.

Néstor Núñez representa un aire fresco en una demarcación hastiada del moho de una clase política local en declive. Su liderazgo en la ciudad y Morena representa, sobre todo, la vocación de presidir haciéndose acompañar. Queda mucho Núñez para mucho rato.