A principios de octubre, según lo haya publicado, el Instituto Nacional Electoral (INE) dará a conocer los resultados de la encuesta para la elección de la Presidencia y la Secretaria General Nacional del partido, una vez que el Tribunal Electoral federal así se lo ordenó. A lo largo de los últimos meses hemos sido testigos de una lucha encarnizada por la dirección del partido, que sólo podrá resolverse con la aplicación de la sentencia del tribunal.

Así que veremos en los próximos días la aparición de nombres y la intensificación del debate en torno al futuro de Morena. El tema es de interés general, más allá de la afiliación formal, al ser éste el partido más importante del país, el partido en el gobierno y con un potencial electoral muy importante para las elecciones intermedias del 2021.


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Morena es un partido joven en su existencia formal, 6 años, con apenas dos participaciones electorales en elecciones federales, sin embargo, es lo que podríamos denominar un partido orgánico o histórico, un partido de masas a través del cual se ha logrado capitalizar y concretar la lucha histórica del pueblo mexicano por su liberación, a favor de la igualdad, la democracia y la justicia en el país. Es heredero de, al menos, 30 años de lucha, es decir, desde la insurgencia cívica y popular de 1988 articulada en torno al Frente Democrático Nacional, el PRD, hoy en agonía, y su aporte a la vida democrática nacional, y de diversos movimientos populares y ciudadanos que llevaron al triunfo arrollador del 2018 por parte del Andrés Manuel López Obrador, y la coalición electoral que lo postuló a la Presidencia de la República.

Los ejes de las luchas de los últimos 30 años fueron la derrota del sistema de partido de Estado expresado en el PRI, y la resistencia a la implementación de las políticas neoliberales por parte de los gobiernos priistas y panistas. A través del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, la organización del partido y la oferta de la llamada 4ª Transformación de la vida pública nacional el pueblo de México encontró finalmente la vía para hacer valer su voluntad y deseo de cambio en el 2018.


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El centro del debate en esta renovación debería ubicarse en la actualización programática ante esta nueva realidad, es decir, darle contenido a la llamada 4ª Transformación y clarificar el rol del partido en el Gobierno. La agenda de las preocupaciones ciudadanas es clara: la reactivación económica ante la crisis derivada de la pandemia del Covid-19, el combate a la corrupción, la consolidación de la política de seguridad, y la ampliación de la política de bienestar que permita reducir los niveles de desigualdad y de pobreza que hoy vivimos, y que la crisis sanitaria y económica han profundizado.

La nueva dirección partidaria tendrá como reto inmediato conducir al partido hacia el proceso electoral del 2021, esto significa, entre otras cosas, la construcción de la nueva plataforma electoral, la política de alianzas, la selección de candidaturas, etc., es decir, reafirmar la mayoría electoral del 2018 en un escenario en el cual el presidente Andrés Manuel López Obrador no aparecerá en las boletas y no podrá hacer campaña por el partido.


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Morena capitalizará los resultados obtenidos en el terreno legislativo y del gobierno federal, así como de los actuales gobiernos estatales del partido.

Por otra parte, la agenda interna es fundamental, la transición de Morena es impostergable. Morena es hoy un partido altamente atractivo para muy diversos sectores sociales, en este marco, bien vale la pena preguntase si el partido se seguirá cerrando o tendrá una estrategia para su apertura, su democratización, la consolidación de su vida institucional y el fortalecimiento de nuevos liderazgos.


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Ante estos y otros retos más deberían definirse y abrir sus propuestas los diversos aspirantes a la dirigencia nacional, generar un debate político ideológico de altura, y rebasar las visiones infantiles y sectarias.

Es mucho lo que está en juego, a final de cuentas el partido debe ser un instrumento al servicio de la sociedad, un gran reformador, y una guía política e ideológica que defina y clarifique la ruta de las grandes transformaciones que las grandes mayorías demandan. Esa es la razón de ser de un partido, y más de un partido como Morena, el gran heredero de la izquierda mexicana, esta es su gran encrucijada en estos tiempos de renovación. Ojalá que así sea.