El presidente sentado frente al país como si éste fuera su computadora personal. México reducido a una pantalla y la presidencia a un internauta. El primer mandatario recorre las ventanas que tiene desplegadas ante sus ojos, las observa y reduce o aumenta a su conveniencia: si trata sobre la corrupción del pasado, las maximiza, pero si se refieren a la propia, las minimiza; las aumenta si se trata de los adversarios internos, pero de plano las cierra cuando surge el rostro anaranjado de Donald Trump. El ejercicio del poder convertido en un apretón al click izquierdo del mouse.

López Obrador elige cada mañana sus batallas y enemigos, lanza condenas o reparte bendiciones, perdona o censura a conveniencia como si estuviera en el altar mayor de la Catedral en vez de en el Salón Tesorería del Palacio Nacional. Una confusión de tan sólo unos metros en la Plaza de la Constitución, pero que ahonda la polarización entre los mexicanos, que es punto de arranque de políticas públicas pensadas con el sistema digestivo y no con la cabeza.

Ante la escalofriante ausencia de resultados de su Gobierno, el primer mandatario ha decidido refugiarse en el pasado denunciando las corruptelas e ineficiencias de quienes lo antecedieron en el ejercicio del poder. Maximiza una consulta pública inútil para juzgar los delitos cometidos por los presidentes entre 1988 y 2018, mientras minimiza los temas que angustian a los mexicanos del 2020: la pandemia y sus muertos, la catástrofe económica y la ferocidad de la violencia homicida. Una conducta inofensiva si proviniera de un columnista, pero altamente peligrosa cuando surge desde la presidencia, cuando tiene como objetivo someter a uno de los poderes de la unión, como lo es el judicial, el cual terminó reduciéndose a sí mismo al aceptar la constitucionalidad del referido ejercicio de participación ciudadana. La Corte convertida en una coma dentro del texto de una gran novela.

En medio de este juego de reducción o aumento de ventanas, al presidente le salió lo bravero. Retó a sus opositores a juntar 100 mil personas en una marcha y a demostrar la baja de su popularidad, para que, en caso de ser así, él renuncie. Con más entusiasmo que tiempo y organización, el Frente Nacional Anti AMLO de Gilberto Lozano convocó a la realización de una marcha este domingo en el Zócalo de Ciudad de México, la multitud reunida en la movilización sirvió para acreditar el hartazgo de un sector de la población en contra de la actual administración federal, pero también el peligro de atizar el avispero del descontento. Es claro que López no abdicará aún y se cumplan los retos que él mismo propone. ¿A quién sirve la bravata emitida desde Palacio Nacional?

Bien haría el presidente en evaluar de mejor manera a sus opositores, porque lo que él aprecia como bonsáis pueden tornar en ahuehuetes. Que hoy FRENAAA no signifique un peligro para la viabilidad de la Cuarta Transformación no significa que mañana no pueda convertirse en una opción real de poder, tal y como ocurriera con Bolsonaro en Brasil y Trump en los Estados Unidos. Minimizar los problemas puede que no sea la mejor opción cuando lo que está en juego es la resolución de los problemas presentes y la construcción de un futuro mejor para los mexicanos.