[OPINIÓN] Los puentes peatonales, una contradicción al Reglamento de Tránsito

Los puentes peatonales no sólo no benefician al peatón sino que se convierten en focos delictivos y alienta la velocidad de los automovilistas.

*Promotor de los derechos de la ciudad, sostenibilidad y movilidad en México y entusiasta de la Ciencia y la Tecnología. Actualmente es Enlace Operativo de Estrategia Misión Cero (@E_MisionCero) en Ciudad de México y Coordinador de Salud Pública de Liga Peatonal (@LigaPeatonal).

 

El Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México publicado en 2015 es un precedente latinoamericano al priorizar a los usuarios más vulnerables sobre los vehículos. Este primer paso es fundamental para la creación de ciudades incluyentes, accesibles y seguras para todas las personas.

Asimismo, la Ley de Movilidad, el Reglamento de Construcción de la Ciudad de México y el Manual de Normas Técnicas de Accesibilidad Universal contemplan aspectos técnicos importantes con el fin de ofrecer cobertura de movilidad y accesibilidad, priorizando en la utilización del espacio vial a las y los peatones, entendiendo como peatón a toda aquella persona que transita por la vía a pie y/o que utiliza ayudas técnicas por su condición de discapacidad o movilidad limitada.

En este sentido el Reglamento de Tránsito contiene algunas contradicciones técnicas, específicamente aquellas que refieren a los puentes peatonales.

Éste refiere a Vía Peatonal como aquel espacio destinado al tránsito exclusivo o prioritario de peatones, accesible para personas con discapacidad y movilidad limitada, y al alojamiento de instalaciones o mobiliario urbano; ésta incluyen: cruces peatonales, aceras y rampas, camellones e isletas, plazas y parques; puentes peatonales, calles peatonales y andadores y calles de prioridad peatonal.

Sin embargo los puentes “peatonales son infraestructura construida para el automóvil y no para las y los peatones. Su construcción obedece al flujo continuo de automóviles y no a la movilidad continua y accesible de las personas transeúntes de las vías.

En términos técnicos los puentes peatonales son inaccesibles para personas con discapacidad, mujeres, infantes y personas adultas mayores. Esta infraestructura interrumpe la accesibilidad de personas con movilidad restringida, imposibles de transitar por personas con discapacidad y un problema de inseguridad para todas las demás personas, pues suelen ser espacios ocupados para el vandalismo.

Los puentes “peatonales” suelen disfrazarse como accesibles al construirse con rampas y elevadores, pero resulta en un disfraz con las que las autoridades han justificado su construcción.

Primero porque las rampas no cuentan con las especificaciones técnicas del Reglamento de Construcción de la Ciudad de México y el Manual de Normas Técnicas de Accesibilidad Universal, en segundo lugar porque hacen recorrer de tres a cuatro veces más la distancia que podría recorrerse a nivel de calle y en tercer lugar porque los puentes “peatonales” con elevadores quedan en el olvido por sus altos costos de mantenimiento.

El Artículo 5, sección VII, del Reglamento de Tránsito aclara que:

Las autoridades correspondientes tomarán las medidas que procedan para garantizar la integridad física y el tránsito seguro de los peatones, en particular, de las personas con discapacidad y movilidad limitada

En este sentido los puentes “peatonales” son una contradicción al mismo reglamento, pues no garantizan la integridad física ni el tránsito seguro de quienes tienen que utilizarlo y sobre todo, no es infraestructura que priorice en las necesidades de las personas con discapacidad y movilidad limitada.

El Artículo 6 de la Ley de Movilidad indica que:

Para el establecimiento de la política pública en la materia se considerará el nivel de vulnerabilidad de los usuarios, las externalidades que genera cada modo de transporte y su contribución a la productividad. Se otorgará prioridad en la utilización del espacio vial y se valorará la distribución de recursos presupuestales.

Esto es de suma importancia puesto que definir derechos no los garantiza. Sin asignación de recursos y cambios sustanciales de infraestructura, las y los peatones, especialmente las personas con discapacidad y personas con movilidad restringida, seguirán siendo poblaciones vulneradas por la ciudad misma. En este sentido, cada vez que se asigna recurso para la construcción de un puente es una contradicción a la Ley de Movilidad.

Los puentes “peatonales”, además, alientan la velocidad de los automovilistas y generalmente son construidos en zonas de prioridad peatonal, como son zonas hospitalarias o zonas escolares.

Esto es una contradicción al Reglamento de Tránsito (Artículo 9, sección V) que indica que :

En zonas escolares, de hospitales, de asilos, de albergues y casas hogar, la velocidad máxima será de más de 20 km/hr

Es decir que cada puente construido en estas zonas resulta en otra contradicción al reglamento y pone en desventaja a las y los peatones, especialmente a niñas y niños que transitan en las zonas escolares y transeúntes que no se encuentran en óptimas condiciones de bienestar físico.

La seguridad de los y las peatones ha sido la máxima de la construcción de los puentes “peatonales”; sin embargo, la evidencia ha demostrado que esta infraestructura pone los pone desventaja.

El Instituto Nacional de Salud Pública reporta que uno de los principales motivos de desuso de los puentes “peatonales” es que son inseguros, haciendo referencia a los posibles riesgos relacionados con actividades delictivas, generando así otros riesgos a la salud derivados de la violencia urbana.

En Ciudad de México, por ejemplo, se han reportado casos de asalto a mano armada, violaciones e intentos de secuestro en distintos puentes “peatonales”, las principales víctimas son mujeres.

Está percepción de inseguridad, sumada con la inaccesibilidad de los puentes hace que las y los peatones prefieran cruzar a nivel de calle y enfrentar el flujo vehicular.

De hecho el Instituto de Geografía de la Universidad Autónoma Nacional de México, en un estudio publicado en el 2015, reveló que 26.68% de los atropellamientos en la Ciudad de México ocurre a menos de 300 metros del 66.45% de los puentes “peatonales” de la Ciudad de México.

Es decir que los puentes “peatonales” no garantizan la integridad de sus usuarios ni la seguridad vial de las y los transeúntes, sino por el contrario pone en riesgo sus vidas, siendo así una contradicción a la Ley de Movilidad sobre las funciones del Fondo Público de Movilidad y Seguridad Vial que indica que se deben «Desarrollar acciones que protejan a los peatones y a los ciclistas» (Articulo 34; Sección X) y «Desarrollar acciones para reducir los accidentes a peatones y ciclistas» (Artículo 34bis ; Sección II).

Por todo lo anterior, es urgente que se elimine el concepto de “puente peatonal” como “vía peatonal” en el Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México, puesto que su incorporación es contraria a Ley de Movilidad, el Reglamento de Construcción y el Manual de Normas Técnicas de Accesibilidad de la Ciudad de México.

Asimismo, es importante que tanto el Reglamento de Tránsito como el Reglamento de Obra indiquen la prohibición de la construcción de estos puentes como lo han hecho otras ciudades como Medellín en Colombia, con la finalidad de priorizar en cruces seguros y accesibles a nivel de calle en todas las vías en las que sea posible y generar congruencia entre ley, reglamento e infraestructura construida.

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