[OPINIÓN] Los políticos tradicionales quedaron atrás

Juventud, una imagen pública más cercana y sentimientos son algunas de las características de los nuevos perfiles de políticos.

Los relatos políticos son las telenovelas del poder, y hoy, en la era del consumo de entretenimiento vía streaming, podemos decir que son las series del poder utilizadas como estrategias de comunicación política.

El diccionario enciclopédico de Comunicación Política describe que estas estrategias “sirven para transmitir valores, objetivos y construir identidades. Es una historia persuasiva que actúa a modo de ‘marca’ de un partido, líder o Gobierno. (Un buen relato) moviliza, seduce, evoca y compromete mediante la activación de los sentidos y las emociones”.

Atrás quedaron aquellos perfiles políticos que encajaban a la perfección con los estereotipos de hombre pulcro, impecable y extraordinario orador. Aquellos perfiles que parecían moldes en todas las campañas políticas, sin distinción de partidos o ideologías.

México y Latinoamérica han cambiado con la vorágine de la tecnología y la hiperconexión, y los ciudadanos han dejado de ser consumidores pasivos de información política para convertirse en prosumidores que contribuyen a fortalecer la imagen y los liderazgos que coinciden con su forma de pensar.

Nuevos perfiles que rompen con esos moldes tradicionales han irrumpido en la arena pública y han conquistado sobre todo a los electores más jóvenes, utilizando las redes sociales, los medios de comunicación y las diversas herramientas del marketing, logrando una transmedialización de su propio relato político.

Con este texto no quiero etiquetar como “correcta o incorrecta” la forma de pensar o ideología que abanderan estos nuevos perfiles, solo intentaré poner sobre la mesa algunos elementos importantes que he encontrado como común denominador.

Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), la activista que logró convertirse en la congresista más joven en la historia de los Estados Unidos al ganar por un amplio margen el Distrito 14 de Nueva York, y que se ha convertido en un ícono de los demócratas, particularmente para las mujeres y los jóvenes.

Hoy por hoy, AOC ha logrado que incluso el presidente Donald Trump haga referencia a ella, y que Netflix, la poderosa plataforma de streaming, haya realizado el documental “A la conquista del Congreso”, audiovisual que ha potenciado su historia y su imagen entre los norteamericanos.

En México, un controvertido ex pandillero ganó una diputación local en el Congreso de San Luis Potosí, en esta ola de candidatos que llegaron a puestos de elección popular por el efecto AMLO.

Se trata de Pedro Carrizales, El Mijis, un hombre de 39 años que después de ganar ha conquistado inclusive a muchos de sus detractores. En una pieza biográfica, la BBC de Londres lo describió como “un joven que se introdujo al mundo de las pandillas de San Luis Potosí, en las que se hizo adicto a las drogas y al alcohol, además de que ha pisado la cárcel en varias ocasiones, como él mismo reconoce”.

Como legislador, El Mijis ha puesto el dedo en la llaga sobre temas de desigualdad social, basando su agenda legislativa en su propia historia de vida. En México, no hay medio de comunicación que no haya publicado alguna nota sobre él.

Foto: el_Big_Data/ José_Luis_villa

El presidente Electo de El Salvador, Nayib Bukele, es otro caso que ha llamado la atención de los grandes medios de comunicación. Este político de menos de 40 años que había sido alcalde en dos ocasiones, logró convertirse en el presidente más joven de su país y en el más joven de entre los países latinoamericanos.

Basó su campaña en mostrar una imagen fresca y desenfadada, con un mensaje de rebeldía que aglutinó las identidades de los salvadoreños con más de 53% de los votos a su favor. Bukele, un político que se formó en las filas de la izquierda salvadoreña y que participó como candidato de un partido de derecha, retomó el hartazgo social de los salvadoreños y lo convirtió en esperanza, dándole más peso a su imagen personal que a reputación del partido que le abrió el espacio.

Jacinda Ardern (37 años), la Primera Ministra más joven en la historia de Nueva Zelanda, fue mundialmente conocida al anunciar que sería madre durante su primer año como Primera Ministra.

Ardern se convirtió en una de las políticas con mayor visibilidad en Europa al denunciar el sexismo en la política de aquel país y al solicitar seis semanas de permiso para atender a su hijo.

Luego, el pasado mes de marzo, Jacinda Ardern reafirmó su popularidad por el liderazgo mostrado después de los atentados supremacistas que dejaron 50 muertos en dos mezquitas; tras los sucesos, la política lanzó un llamado a la unidad de su país sin valerse de los estereotipos que viven las comunidades musulmanas y respondió a Donald Trump con la frase: “simpatía y amor por todas las comunidades musulmanas” cuando el presidente norteamericano le preguntó qué ayuda podía ofrecer EE UU.

El común denominador en estos cuatro personajes, independientemente del poder político que tienen en sus países, es la transparencia que muestran en su liderazgo, combinando elementos fundamentales de su esencia personal con su actuar como políticos.

Los cuatro son perfiles menores de 40 años y han entendido la importancia de construir y fortalecer una imagen pública que demuestra coherencia entre su vida “privada” y el contexto político en el que se desarrollan.

Mostrar sus sentimientos y emociones ante algunas adversidades les ha valido el interés de los medios de comunicación y de la opinión pública, que poco a poco se ha adherido al relato que construyen en sus países. El riesgo de estos perfiles es que su base de popularidad está cimentada sobre valores comunes como la confianza, y ésta puede perderse en la medida que se pierda su congruencia.

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