Me encantan las películas kitschy de terror adolescente. Todos sabemos lo que va a pasar cuando la güera de minifalda se aproxima a la puerta entreabierta durante la música de tensión, el crujido de la madera y el rechinido de las ventanas.

Dominamos que en la próxima escena, los cuatro o cinco mocosos que jugaron con el libro prohibido van a terminar hechos cachitos, hasta que, más por suerte que por talento, a alguien se le ocurre que la forma de vencer a las fuerzas sobrenaturales es dejando de correr, entendiendo el problema que originó al demonio suelto, y a vencerlo con los recursos que tenga disponibles.

En la saga de terror mexicana, cada elección hay un grupo de niños mecos jugando con el libro de hechizos y haciendo pactos con el diablo, mejor conocidos como alianzas electorales. Luego todos se quejan de la alianza anterior y buscan de qué forma arreglar el relajo en el que ellos mismos se metieron, pero a final del día, nadie aprende.

En ambos lados del espectro electoral se cuecen conjuros demoniacos. El lado oficial está fraguando una alianza con el súper popular Partido Verde Ecologista de México, sin mencionar la unión de facto que tienen con los Chuckies (antes PANAL, ahora Redes Sociales Progresistas). 

Del lado opositor, ahora se encuentra el inmortal PRI y otros cientos de zombies rancios que se las han ingeniado elección tras elección, para comerle el cerebro al electorado. De los espíritus calderonistas ni hablamos, pero por allí están deambulando en búsqueda de un cuerpo para poseer.

Creo que estoy muy halloweenesco. Ya, en serio. Las alianzas electorales son una práctica recurrente en casi cualquier democracia civilizada. Los promotores de las dinámicas aliancistas generalmente destacan como su principal virtud, que éstas son un vehículo eficiente para llevar la voz e identidad de las minorías a los congresos, además de hacer más amplias y menos sectarias las agendas gubernamentales de los partidos principales.

En lenguaje simple y llano, los partidos grandotes saben que para poder ganar, necesitan hacer concesiones a los partidos chiquitos con los que se van a aliar, lo cual genera una plataforma política más amplia en cuanto a las prioridades de los pequeños, y a la vez, estos reciben oportunidades reales de ganar en las pocas candidaturas que les toquen en la alianza, ya que van apalancados con los votos del partido grande.

Desafortunadamente, en la praxis mexicana, la alianza electoral que cumple con lo anteriormente descrito es algo que jamás he visto. En su lugar, hemos visto alianzas burdas, sin ideología clara y con el pragmatismo, como el único común denominador. ¿Ejemplos? La alianza PRI-PVEM no tuvo ni un milímetro de ecologista.

La alianza PAN-PRD-MC no pudo conjugar ni un jingle exitoso, y eso que éste es el único talento del Movimiento Ciudadano (¿a poco no están tarareando “na-ran-ja, na-ran-ja”?). La alianza de la supuesta izquierda revolucionaria con el ultraconservador Partido Encuentro Social (ahora Encuentro Solidario) es mejor que pase al olvido. Su único éxito fue la creación de un satélite y de poner a Cuauhtémoc Blanco como Gobernador de Morelos.

Para los que están intentando vaticinar quién venderá su alma al diablo por unos cuantos votos, va el corte de caja a la fecha, con sus respectivos pros y contras:

PRIANRD-¿ML?

Esta alianza lleva cocinándose casi todo el año y es de las que todos pensábamos que en cualquier momento se podía caer. Cuando en días recientes el PRI de Nuevo León decidió no ir en conjunto con el PAN, todos pensamos que sería la primera ficha en caer y generaría una reacción en cadena que terminaría por tirar todo. Aun cuando el fin de semana el Consejo Nacional del PAN votó a favor de explorar una alianza con el PRI y PRD, yo sigo viendo la alianza más tambaleante que gringa en spring break.

Cada estado de la república tiene un microcosmos distinto. En algunos, el PRI y el PAN se odian, en otros son muy amiguitos. En otros el PRI y el PRD compiten ferozmente y el PAN lucha por no desaparecer. Equilibrar las fuerzas implica ceder, y los 3 partidos vienen de alianzas no exitosas que les resultaron costosas en términos mediáticos y de espacios de representación. Por ejemplo, hoy hay más rinocerontes blancos en el mundo, que senadores del PRI. Están funcionalmente extintos. Aun cuando hayan ganado en Coahuila e Hidalgo, su 16-17% a nivel nacional no le da para ganar los distritos necesarios que le den un peso considerable en el Congreso. Recordemos que hace unos meses el PT casi les arrebata la Presidencia de la Mesa. Neta. ¡El PT! Por último, México Libre está en una actitud bipolar. Por un lado son el niño apestado del salón que se autoinvita a la fiesta, mientras que por el otro, se pone más pikie que Madonna en el backstage con las condiciones para que se de la alianza. Están pidiendo desde un cambio de dirigencia en el PAN (que buena falta le hace), hasta candidaturas, y que se haga un pronunciamiento público contra el INE y el Tribunal Electoral por haberles negado el registro. Pelearse con el referee en año electoral no suena como una idea tan genial.

Ventajas y desventajas

Pros hay muy pocos, honestamente. Al menos discursivamente, la alianza de este lado de la ecuación no ha logrado articular una agenda que le permita conocer al electorado lo que se puede esperar de ellos. Se han limitado a construir una alianza en torno al rechazo de Morena y el presidente. El no por el no, pero sin alternativas de lo que se busca lograr. El PAN pierde identidad y discurso. Llevan dos años quejándose del PRIMOR y ahora con qué calidad moral se pretende sellar una alianza con el supuesto aliado legislativo de su principal adversario. El PRD solamente busca sobrevivir. Si bien la alianza les dota de votos que los pueden hacer competitivos en un par de distritos, su verdadero reto es llegar al 3% de las preferencias electorales.

Ceder la mitad de sus candidaturas (al menos), significa que en la mayor parte del territorio no habrá nadie pidiendo el voto por ellos, reduciendo sus propias posibilidades de supervivencia. A México Libre no le queda otra opción que no sea que el PAN lo cargue. Si sus candidatos buscan la vía independiente, el resultado va a terminar siendo transmitido en algún canal de porno por cable. ¿Un grupo opositor que junte todos los votos contra Morena? El pacto con el diablo suena sexy y jugosito. Lo único que nadie les dijo a los constructores de la alianza, es que no solamente suman sus votos, sino su desgaste, y creo que no tenemos que hacer un recuento de cuánto desgaste acumulado hay en el PRIANRDML. Mi pronóstico es que el único éxito de esta alianza, será el reforzamiento del discurso segregacionista del presidente de buenos vs malos, fifís vs pueblo y mafia del poder vs puros y castos.  

Morena-PT-PVEM-Enanitos

En alianza Morena-PT no hay nada nuevo bajo el sol. El PT es el primo lacra que come pizza congelada con Red Cola y vive en el cuarto de la azotea del familiar al que le va bien. Esa relación simbiótica seguirá. El PT sirve para agitar el panal y que luego el conciliador Mario Delgado o Ebrard o AMLO, se erijan como los políticos de vanguardia que el país espera. La alianza con el PVEM tiene más letra chiquita. A los del verde siempre les han gustado los viejitos con poder y dinero. Saben cuál es su papel en la relación y lo cumplen a cabalidad. Sin embargo, lo que ellos no terminan por entender, es que la juventud y la belleza se acaban, y ahora tendrán que explicarle a su electorado por qué cambian de dueño cada 6 años. Si no hay un discurso creíble, hay un riesgo que como todo partido chiquito, sufran montones para sobrevivir. El cálculo de ir solos o en alianza no es tan obvio, en ambas opciones pueden perder todo si no juegan las cartas correctamente.

Los enanitos no pueden ir en alianza real por ser partidos de nueva creación. Pero aquí hay una oportunidad de usarlos como buffer para incentivar la partición del voto opositor y que éstos sean los que tengan un mensaje más estridente de defensa del Presidente. Aquí lo que rescaten es bueno, los poquitos diputados que obtengan los partidos que sobrevivan, pueden representar darle la mayoría calificada a Morena, y con eso acceder a darle una buena mordida a las prerrogativas y comisiones del Congreso. Serán poquitos, pero se vuelven muy necesarios.

Mi pronóstico es que el PVEM irá solito, con alianzas de facto planchadas en lugares estratégicos. De esta forma no habrá polémica de las miles de veces que el Presidente los atacó cuando eran aliados del PRI. No habrá que dar explicaciones sobre su conversión al morenismo y la exculpación de sus pecados. Y ellos mismos podrán hacer su campaña monotemática de pena de muerte a secuestradores o rechazar las cuotas en las escuelas, o lo que se les ocurra ahora.

Bien bien, quién sabe qué vaya a pasar. Too soon to tell…pero si tuviera que dar un veredicto, del lado oficial se ve más estrategia que del lado opositor. Al parecer los graduados de la UACM no son tan brutos después de todo…