Hace unos días señalé, en este mismo espacio, que el informe que presentó Claudia Sheinbaum el pasado 7 de octubre al Congreso de la CDMX, no fue más que el pretexto para su promoción personalizada con recursos públicos, pues en realidad a ella sólo le urgía montar cientos de spots y espectaculares como parte de su muy anticipada precampaña para ser la corcholata que elija su destapador AMLO (recuérdese que lo de "corcholatas" y "destapador" es el dicho del propio AMLO).

El evento en el Congreso le fue irrelevante a la Jefa de Gobierno, pues dijo lo mismo que ya había repetido en otros eventos, y no hubo un diálogo con los grupos parlamentarios, sino sólo monólogos de cada uno de estos, contrario a lo que acontecía en la época de los regentes priistas en la década de los noventa, cuyos informes sí eran verdaderos diálogos y debates entre los integrantes de la entonces Asamblea de Representantes del DF y el Jefe del Departamento del DF.

Y si la Jefa de Gobierno desdeña el debate y el intercambio de ideas con los diputados del Congreso de la CDMX, uno supondría que sus subordinados, los titulares de las dependencias, sí estarían dispuestos a participar en verdaderos ejercicios de comparecencia y rendición de cuentas ante el Poder Legislativo; desafortunadamente, tampoco ha sido así, pues la mayoría de Morena ha decidido que ni Sheinbaum, ni sus empleados, en serio rindan cuentas ante el Congreso.

En efecto, conforme a lo dispuesto por la Constitución de la CDMX, y la Ley Orgánica del Congreso capitalino, una vez efectuado el informe de la titular de la Jefatura de Gobierno, lo que sigue son las comparecencias de las personas titulares de las dependencias.

Pues bien, de acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia, una comparecencia parlamentaria es la "presentación del Gobierno, de sus miembros, así como de otros cargos, ante los órganos parlamentarios a efectos de informe y debate". Así pues, no basta con que se presente el funcionario y lea un mensaje; una comparecencia implica un intercambio de ideas, un diálogo, un debate, entre el compareciente y los integrantes del órgano parlamentario, pero eso no sucederá en el Congreso capitalino, pues de hecho, los subordinados de Sheinbaum ni siquiera pisaran las instalaciones del Congreso local.

Lo anterior es así, porque hace unos días se dio a conocer el Acuerdo de la Junta de Coordinación Política del Congreso capitalino, que establece el formato para las "comparecencias" de los secretarios de Sheinbaum. Sólo tres titulares de dependencias (Secretaría de Gobierno, Secretaría de Administración y Finanzas, y Secretaría de Seguridad Ciudadana) acudirán al recinto de Donceles, todos los demás, "comparecerán" en comisiones vía remota y sólo darán la cara a través de Zoom.

El compareciente podrá hacer uso de la palabra, en tres momentos, sumando en total 45 minutos; en tanto que cada grupo parlamentario sólo podrá hacer uso de la palabra en dos momentos, sumando sólo 10 minutos. Se trata de una enorme desproporción en el tiempo para el uso de la palabra entre el compareciente y los diputados, que desde luego nulifica la posibilidad de un verdadero debate, y vuelve a repetir el error del formato en el informe de Sheinbaum: más que un diálogo, se trata de monólogos de los diputados, y monólogos de los secretarios de Sheinbaum.

El último recurso que establece la Constitución y la Ley Orgánica del Congreso, para la rendición de cuentas del Ejecutivo al Legislativo, es la figura de las preguntas parlamentarias. Se trata de preguntas puntuales que los diputados pueden enviar por escrito al gobierno, y éste cuenta con treinta días naturales para responder. Pero estas preguntas también deben ser producto de un Acuerdo del pleno del Congreso, Acuerdo que el año pasado Morena no quiso llevar a efecto, y tal parece que este año tampoco tiene el menor interés por realizar.

Ni siquiera los diputados federales ni los senadores de Morena se atrevieron a esconder a los secretarios del Gobierno federal para que comparecieran a través de sesiones virtuales, y éstos sí se presentaron personalmente en las cámaras del Congreso de la Unión. Pero en la CDMX, la "ciudad de vanguardia", Claudia Sheinbaum, su gobierno y los diputados de Morena rehúyen a la verdadera rendición de cuentas, y como cangrejos, han preferido esconderse. ¿Qué tanto esconderán, como para no permitir que los secretarios debatan cara a cara con los diputados? ¿Considerarán que, sus resultados son tan pobres, que no hay manera de defenderlos en un debate?

Sheinbaum y sus secuaces vuelven a mostrar el talante antidemocrático con el que llevan gobernando la capital desde hace cuatro años. El problema no es que la señora aspire a la silla presidencial, el problema es que pretenda hacerlo rehuyendo al debate institucional y republicano con la oposición, y escondiéndose detrás de sus spots y sus espectaculares para seguir violando la normativa electoral. Por cierto, se siguen acumulando las sentencias de las diversas salas del Tribunal Electoral que han determinado la constante violación a la legislación electoral por parte de Sheinbaum. Se vuelve a demostrar que el grupo en el poder en la CDMX no entiende mucho de democracia y de respeto a la ley.