La obsesión de Claudia Sheinbaum por hacerse de la candidatura presidencial la tiene obnubilada. Ella está enajenada con la candidatura, en tanto que, quienes integran su equipo de campaña –disfrazados de servidores públicos– aprovechan tal obstinación para hacer la mayor cantidad de trampas con el mismo objetivo, incapaces de entender que su actuación, obtusa, tiene un límite establecido por la ley, que no pueden utilizar al Gobierno de la Ciudad para sus aspiraciones políticas, y que si están decididos a seguir desviando recursos públicos de la Ciudad para un proyecto personal, habrá consecuencias legales. Menciono sólo tres ejemplos:

1. Los spots por su segundo informe. En septiembre de 2020, con el pretexto del segundo informe de Sheinbaum, el Gobierno de la Ciudad contrató espacios en radio y televisión para promover su imagen, y lo hizo de forma ilegal, pues se excedió en el área geográfica en que éstos se podían difundir, ya que se transmitieron hasta el estado de Hidalgo, que estaba en pleno periodo de campañas electorales; además, utilizó la imagen de menores de edad, lo que la ley prohíbe. Ante estas irregularidades, recurrí a la autoridad electoral (primero al INE y luego al TEPJF) para que tales conductas fueran sancionadas, y la Sala Regional Especializada del Tribunal Electoral me dio la razón. De modo que, a decir de la autoridad jurisdiccional electoral, Sheinbaum violó la ley.

2. Luego de que diversos servidores públicos, tanto del Gobierno de la Ciudad como del Gobierno federal, pretendieran iniciar una campaña para que el programa “Mi beca para empezar”, del Gobierno capitalino, fuera conocido popularmente como “la tarjeta Claudia” –copiando la misma fórmula utilizada por López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno y logró posicionar el programa de apoyo a adultos mayores como “la tarjeta del peje” (y luego se enoja de que le llamen Regenta)–, recurrí al Instituto Electoral local (el IECM) para solicitar se sancionara este acto tan burdo y ruin de promoción personalizada. En un primer momento, el IECM se quiso “lavar las manos” y concluyó que tenía que ser la Secretaría de la Contraloría (cuyo titular fue propuesto por Shienbaum) quien resolviera el fondo del asunto; tal decisión la impugné ante el Tribunal Electoral local, y éste me dio la razón, por lo que el asunto fue devuelto al IECM para que sancione a los responsables.

3. La semana pasada, el 21 de diciembre, en pleno periodo vacacional y en una Gaceta Oficial publicada de noche, se dio conocer el “Decreto por el que se Crea el Organismo Público Descentralizado denominado Servicio de Medios Públicos de la Ciudad de México”, que de facto, es la agencia especial de promoción preelectoral para hacer trampa con dinero público. En este caso, Sheinbaum no copió a Obrador, sino a Peña Nieto; es la agencia de Claudia Peña Nieto con fines electorales para 2024. Además, este decreto de Sheinbaum viola lo dispuesto por la ley de la materia, aprobada apenas en julio de este año, y que crea el organismo público descentralizado denominado “Sistema Público de Radiodifusión”. Es la ley, y no el decretazo de Sheinbaum, quien establece la denominación y naturaleza jurídica de este organismo. Y desde luego, este ilegal decreto también lo vamos a combatir en tribunales.

Y a esta lista podríamos agregarle varios hechos más: la ley Sheinbaum, que a mediados del año pasado, y con el pretexto de la pandemia, le dio el poder discrecional para modificar a su voluntad el presupuesto aprobado por el Congreso; el cambio de los colores institucionales del Gobierno de la CDMX, para que fueran los mismos colores que utiliza Morena, al tiempo que prohibió que las alcaldías pudieran utilizar una cromática distinta; los 400 millones de pesos para su promoción, en el Presupuesto 2022, etc.

En los anales de la historia, las trampas de Sheinbaum quedarán registradas en la misma clasificación que han quedado las trampas del PRI del siglo XX, cuando el partido y el Gobierno eran uno sólo y se ufanaban de ello; y en la misma clasificación que quedó el PRI de Peña Nieto, usando al gobierno y a los medios de comunicación como trampolín político para sus aspiraciones personales.