Francisca salió de madrugada del cuarto que renta en Los Reyes-La Paz, Estado de México. Llegó a Palacio Nacional a las 5:40 am cargando una bolsa de plástico con documentos personales y una carta. Formada en la fila para ser atendida, conoció a otras personas que venían de Hidalgo y Puebla, también ilusionados con ser escuchados, o por lo menos, leídos.

Don José vino de una población cercana a Ixmiquilpan. Su hija tiene leucemia, ya no puede pagar el tratamiento y no tiene seguridad social pues siempre ha vendido sombreros en la carretera.


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Doña Nide vive en una de las barrancas de la Ciudad de México, su puerta da a un pasillo largo que se inunda en época de lluvias y no ha sido visitada por representantes del Gobierno. Su mamá tiene 78 años y desde hace 15 que no camina. Imposible llevarla en silla de ruedas al Zócalo, no tiene aún su tarjeta para cobrar la pensión de adulta mayor.

Cuando Andrés Manuel López Obrador era jefe de Gobierno, se formaba una fila similar en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento. Decenas de personas se juntaban entre atolito y tamales muy temprano para entregar en mano sus peticiones al jefe de Gobierno.

Antes de la conferencia mañanera, el jefe de Gobierno atendía personalmente algunos de los casos más urgentes. Al momento de platicar con los ciudadanos alguien más marcaba el teléfono de los secretarios o directores. Algunos aún en casa, se iban despertando con la voz firme pero amable de su jefe que les daba la instrucción de atender inmediatamente el caso.


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Después los compromisos crecieron y ya no daba tiempo para que López Obrador platicara con la gente. El trabajo lo hacía la Coordinación de Atención Ciudadana. Desde las 5 am y hasta que caía la noche, las personas formadas eran atendidas.

La encargada de hacer el trabajo de recibir y dar seguimiento a las peticiones que llegan ahora de toda la República, es la misma persona que trabajaba en el GDF, pero los resultados no son los mismos. Las cartas y solicitudes se archivan para no ver la luz jamás.


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En días pasados un documento, como tantos otros, llegó a las puertas de Palacio Nacional. Sin remitente ni datos anexos.

A diferencia de las cartas firmadas por manos reales, las solicitudes de ayuda urgente o peticiones de trabajo, este documento provocó incluso un mensaje largo y detallado en la conferencia mañanera.

¿Será que Francisca, José o Doña Nide deben escribir la palabra CONFIDENCIAL en el sobre de sus cartas para que el Sr. Presidente las lea y analice?