Hace algunos días el titular de la Autoridad Educativa Federal de la Ciudad de México, Luis Humberto Fernández, dijo en un evento oficial que el programa "Bienestar para Niñas y Niños. Mi Beca para Empezar", ya se conoce como la "tarjeta de Claudia". Por las mismas fechas, el Secretario de Gobierno de la Ciudad, Martí Batres, se refirió a la misma beca en una columna de opinión de un diario de circulación nacional, a la que tituló "La beca Sheinbaum para el bienestar".

Que dos funcionarios –uno del Gobierno federal, y uno del Gobierno local– pretendieran ligar el mismo programa social con el nombre de la Jefa de Gobierno, desde luego que no es casualidad, como no fue casualidad que el pasado lunes 25 de octubre la Subsecretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, hubiese dedicado todo su día laboral a placear a la señora Claudia por distintos puntos de la Ciudad, para que ésta hiciera "caravana con sombrero ajeno", con los programas del Gobierno federal.

Así lo hizo en la demarcación Benito Juárez, con el "Programa de las tarjetas para el bienestar de las personas adultas mayores", y así lo hizo también en Iztapalapa, con el "Programa de apoyo de rehabilitación e inclusión para el bienestar de niñas y niños con discapacidad". Menos aún es casualidad que este viernes 29 de octubre Doña Sheinbaum haya estado en Campeche, en la conferencia del López Obrador.

En realidad, todos estos actos son la muestra más reciente de que la ´corcholata´ más cercana al ´destapador´ (AMLO dixit) está ya abiertamente en campaña, valiéndose del Gobierno de la Ciudad, y del Gobierno federal, para saciar su hambre de poder.

La regenta se siente tan agradecida con su jefe, por ser la elegida para sucederlo, que está dispuesta a "bailar al son que le toque", aunque tenga que traicionar sus propias convicciones; por eso no ha tenido empacho alguno en criticar a la UNAM, –institución de la que es investigadora con licencia– para secundar los equivocados dichos de López Obrador sobre la Universidad Nacional ("París bien vale una misa", ha de pensar en su fuero interno).

Que Sheinbaum aspire a ser presidenta, no es algo extraordinario; lo mismo han pensado cada uno de sus antecesores. La diferencia radica en que es ésta la primera vez que la aspiración de quien gobierna la capital va acompañada de todo el aparato del Gobierno federal, y sin el menor pudor ni recato por dejar patente el uso faccioso del presupuesto público, federal y local, para tal pretensión.

Y al tiempo que Doña Claudia invierte su tiempo, su pensamiento y los recursos públicos locales y federales en su aspiración presidencial (28 meses antes del inicio de las campañas), las alcaldesas y los alcaldes de la Ciudad, que apenas cumplen un mes en funciones, han sido absolutamente ignorados por Sheinbaum.

En efecto, en sus recorridos por las demarcaciones, los alcaldes no existen, ni los ve ni los oye. Para qué escuchar sus quejas y demandas, cuando puede seguir placeándose con el apoyo de los programas federales y con las porras de los funcionarios federales. Para qué invertir en más y mejor atención médica en la Ciudad, si el Gobierno federal ya decidió que la capital sea la primera entidad en vacunar al total de los adultos (sin importar que no haya vacunas para niños y adolescentes). Para qué intentar gobernar la Ciudad, si el Gobierno federal lo puede hacer por ella.

Por eso la semana pasada presenté una queja ante el Instituto Nacional Electoral por el uso faccioso y partidista que el Gobierno federal y el Gobierno de la Ciudad están haciendo de los programas federales para promover la imagen y el nombre de la regenta. Porque no hacer nada para evitar la construcción de una candidatura oficial, desde el poder y con recursos públicos, sería claudicar y aceptar de un plumazo que el sistema político mexicano ha retrocedido medio siglo, y vuelva a ser el mismo del viejo régimen priista de los años setenta, del cual se enamoró López Obrador y que ahora pretende restaurar.

Será una lucha legal ardua, pero lo peor que podemos hacer, es no hacer nada. La construcción de la candidatura oficial de Sheinbaum con recursos públicos, es un insulto, una afrenta a la infranqueable lucha por la democracia de miles de mexicanos en las últimas décadas, incluyendo a los mexicanos que votaron por López Obrador en 2018.

La gira de este fin de semana, resulta ofensiva por lo grotesco del abandono a la Ciudad que juro gobernar durante seis años, para convertirse en el ajonjolí de todos los moles de Morena. Desde el pretexto de seguridad ciudadana en Campeche, pasando por el pretexto de cultura en el Festival Cervantino en Guanajuato, a las tomas de protesta en Colima y BCS, el presupuesto de la Ciudad de México y su Gobierno, como nunca antes –ni en el priato–, al servicio de un proyecto y aspiración netamente personal.