No se necesita un doctorado en ciencia política para saber que nuestra democracia presenta signos de desgaste y urge una reforma electoral que permita a los ciudadanos sentirse dignamente representados, y conseguir que las demandas de la mayoría sean llevadas al parlamento. Para fines explicativos, abordaré exclusivamente el tema legislativo, dejando las reglas para la elección del ejecutivo para otro momento…

El Problema

Actualmente un ciudadano cuenta con los servicios de dos senadores de mayoría, 1 de primera minoría, 1 diputado federal, 1 diputado local y un montón de diputados locales, federales y senadores plurinominales que son de todos y de nadie; es decir, no tienen lazos territoriales claros con un distrito o comunidad en específico, pero si quieren meter su cuchara, la meten.

En esta maraña de cargos de representación, quien pierde es el ciudadano. Absolutamente nadie que no esté involucrado en política puede mencionar la totalidad de los nombres de sus representantes, ni en qué están trabajando. Lo anterior genera los primeros dos problemas: 1) poca representación comunitaria; 2) si no sabemos quién nos representa ni en qué están trabajando, hay ínfimos mecanismos para la rendición de cuentas. Mientras los ciudadanos no sepan el nombre de sus representantes, y los partidos sigan siendo más importantes que los candidatos en lo individual, los legisladores podrán seguir votando lo que quieran sin consecuencias electorales. ¿Ustedes creen que los diputados de Morena de Tamaulipas, Yucatán, Quintana Roo, Oaxaca, Guerrero y cuanto estado haya sido apoyado por el FONDEN podrían haber votado a favor de la propuesta de eliminarlo si esto les costara su reelección?

Adicionalmente, al existir legisladores de mayoría relativa y de representación proporcional, lo usual es que los candidatos más importantes o de mayor influencia partidista ocupen las mejores posiciones en la lista plurinominal. De esta forma, lo más común es que los coordinadores parlamentarios no representen un distrito o una comunidad, por lo que es frecuente que haya una desconexión de la agenda parlamentaria y las necesidades de calle, lo que genera el problema 3) las prioridades de partido tienen mayor peso que las necesidades ciudadanas en los congresos.

En resumen, los ciudadanos experimentan gran frustración al no saber quiénes son sus representantes, y que el peso de estos es mucho menor frente a los actores políticos nacionales, que tienen una agenda diferente a la de sus electores.

La representación

La solución de los prófugos del ácido fólico es simple y llana: eliminar a los legisladores de representación proporcional. Nada más opuesto a la democracia y más cercano a un régimen dictatorial puede ocurrirnos. El ejemplo más claro son las recientes elecciones en Coahuila, donde el PRI, con menos de 50% ganó la totalidad de los distritos electorales. Sin plurinominales, lo anterior implicaría que con una minoría, un partido podría ocupar el 100% de las curules de un parlamento, mismo que por lo general está al servicio del gobernador.

La solución no radica en su eliminación, sino en volverlos representantes ciudadanos dignos. En la Ciudad de México, la lista plurinominal de cada partido se conforma 50% de las candidaturas de partido y 50% con los candidatos perdedores, pero que obtuvieron la mayor cantidad de votos en sus respectivos distritos. Una forma eficiente de eliminar los incentivos a defender únicamente la agenda de grupos de interés, y ciudadanizar la toma de decisiones parlamentarias, es precisamente obligando a todos los legisladores a provenir de una elección de calle, sobre todo cuando tienen que jugarse la reelección en el mismo territorio. Tener legisladores plurinominales que provienen de campañas perdedoras de mayoría relativa tiene varios efectos positivos en nuestra democracia: 1) si el legislador busca la reelección, no puede olvidar el trabajo doméstico territorial, generando mayores incentivos a la representación ciudadana; 2) tener un diputado que perdió la elección, pero que obtuvo una buena votación, genera competencia para el triunfador, obligándolo a trabajar aún más duro para volver a obtener el triunfo; 3) la representación partidista en los parlamentos se respeta, es decir, un partido no puede obtener el 100% de los asientos legislativos con una minoría de votos.

Los Partidos Políticos

Actualmente existen barreras de entrada y mecanismos de salida para la creación de partidos políticos y su permanencia en la vida pública. Una de las indignaciones más grandes es la gran cantidad de partidos y lo onerosa que resulta su manutención. Sin embargo, ¿sin partidos chicos cómo se pueden llevar las peticiones de las minorías a los parlamentos? ¿no es un derecho fundamental de todos los ciudadanos que nuestros representantes discutan propuestas también emanadas de las minorías?

De esta forma, existe por un lado, un rechazo a la existencia de tantos partidos y a la vez, una necesidad implícita para su existencia. Yo soy de la opinión que los partidos políticos no deben contar con presupuesto público. Sobre todo en una época digital, donde en el deber ser, la política no debería hacerse como en los años 50 con panfletos y posters, colocar mensajes en redes y medios es cada vez más sencillo y abierto. Al haber una pauta de radio y televisión para que en años electorales todos puedan mostrar su oferta política, es más que suficiente.

Para poder contrarrestar el rechazo social a los partidos políticos hay de dos sopas: 1) eliminar su financiamiento; 2) elevar considerablemente el umbral del mínimo de votos que deben obtener para la obtención de financiamiento. El problema de la segunda opción radica en que para la obtención de diputados plurinominales, los partidos deben “sobrevivir”. Al aumentar el umbral mínimo de representación, los disminuyen las posibilidades de tener legisladores, y por ende, voceros en los parlamentos. En la reingenería electoral, se debe desarticular la sobrevivencia parlamentaria de la electoral.

Por último, así como soy de la idea de eliminar el financiamiento o de hacerlo mucho más difícil, también creo profundamente que se debe simplificar y facilitar la forma de formar partidos nuevos. Esto no significa necesariamente más gasto, ya que recibirían financiamiento público solamente durante el año de la elección (justo como pasa ahora, los partidos nuevos no recibieron financiamiento en 2019 o 2020), y deben tener una amplia base para poder conservarlo.

Sin embargo, sí considero que las minorías deben tener todo el derecho de poder hacer campaña y tener representantes. Desafortunadamente hoy ninguno de los partidos chicos representa realmente a una minoría, son más escisiones de los partidos grandes, que reales portadores de ideas distintas, o alguien dígame de los partidos que fueron resucitados por el Tribunal Electoral de la Federación, ¿cuál de ellos representa una minoría étnica, sexual o filosófica?