Me siento como cuando el hooligan de la secundaria aventaba la torta de huevo con frijoles al ventilador y todos terminábamos salpicados con algo asqueroso. Videos de corrupción doquier. Acusaciones de quién es más cerdito, sin la menor autocrítica ni propuesta de qué hacer para hacer más difícil la corrupción en el país.

No podemos decir que no ha habido momentos de sana diversión, como escuchar a la primera dama intentar comparar a Leona Vicario con David León. Defensa en ambos bandos que no pasa la prueba de la risa, como “negar categóricamente los hechos, solicitar una investigación a profundidad para que salga a la luz la verdad e ir hasta las últimas consecuencias”. PFFFFFF!!!! Pura maroma con desnuque y fractura de clavícula expuesta. No importa si usted es panista, morenista o priísta, en todas las filas hay gente intentando señalar al otro de corrupto, e intentando minimizar sus propios errores, insultando nuevamente al electorado y dejando a la vista la pobreza argumentativa.

Hace algunas semanas, en este mismo espacio me quejaba que el show mediático de Lozoya estaba chafa. Hoy mi queja prevalece, pero al menos ya tenemos un par más de tronquitos para echarle al fuego, así que voy a descuartizar el meollo, como ya es costumbre.

La bomba de humo

Si la estrategia fue que dejáramos de contar muertos y hablar de la crisis económica y de desempleo que vive el país, entonces podemos concluir que el movimiento fue maestro. Lejos de comentar que con 60 mil fallecidos, ya estamos en lo que López-Gatell catalogó hace meses como un “escenario catastrófico”, los fanáticos de ambos lados de la ecuación están poniéndose Bangay en la cintura para tratar de maromear historias creíbles sobre el origen de los recursos embolsados. Aun cuando debería ser más indignante que con casi 10 millones de pobres nuevos, haya gente “donando” maletas de billetes, las redes sociales y círculos comentocráticos se han limitado a justificar, normalizar, señalar y crucificar hasta a la pobre de Leona Vicario por haber entregado fuertes cantidades de efectivo a los insurgentes, a cambio de que le regalaran una hacienda cuando triunfase el movimiento.

Las consecuencias

En detrimento de la democracia, creo que ninguna. Esta historia ya la vivimos, pero con otros personajes. En años anteriores, vimos los videos de Bejarano, Ímaz y Eva Cadena, las noticias de funcionarios cercanos a Ricardo Monreal con maletas de dinero en el aeropuerto cuando este fungía como jefe delegacional en Cuauhtémoc, las ventilaciones de los patrimonios de Manuel Bartlett e Irma Sandoval y no sucedió absolutamente nada. Quienes creen que los videos de Pío López Obrador van a ser dardos envenenados que atraviesen la coraza del presidente, están subestimando el nivel de fanatismo de sus seguidores.

Al revés ocurre lo mismo. Jurídicamente todo lo que Lozoya está poniendo a la luz pública, ya prescribió. En la arena política, tampoco cambia mucho. Recordemos que durante la campaña presidencial, Ricardo Anaya también recibió numerosos ataques por la vida que le daba a su familia en Atlanta, y fue blanco de varios señalamientos de corrupción. Aun cuando los señalamientos fueron resueltos jurídicamente ex post a la elección, el candidato logró conservar el segundo lugar, así que el fanatismo y ceguera se da en todo el espectro electoral. Del PRI, ni hablamos. Si la corrupción fuera un motivo para evitar votar por cierto partido político, ya hubieran perdido el registro desde hace décadas. 


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Desafortunadamente, lejos de representar un K.O. para el oponente, los golpes enlodados lo único que van a probar en el electorado es asco. Mi pronóstico es que el próximo año el abstencionismo será de niveles históricos y el voto nulo podría llegar a doble dígito. La campaña será un choque de estructuras fanáticas, con discursos y señalamientos de odio, lejos de los mensajes propositivos que busquen el convencimiento de los indecisos.

La propuesta administrativa

A todo esto, ¿qué se puede hacer? Me rehúso a creer que la corrupción está tan enraizada en nuestro sistema político, que resulta más fácil acostumbrarse a ella que intentar buscar una solución. No dejaré de criticar al presidente, hasta que lleve a cabo acciones reales para su erradicación. Las invitaciones discursivas a portarse bien insultan la inteligencia colectiva.

La tecnología hoy en día nos permite hasta rastrear nuestra pizza en tiempo real desde la tienda hasta nuestro domicilio. ¿Por qué no hacer lo mismo con los recursos públicos? ¿Por qué no eliminar mañas y viejas prácticas de realizar todo en papel y dejar números de oficio vacantes para cuando se ofrezca, en lugar de migrar a oficios digitales que dejen huella del momento exacto de quién y cuándo lo hicieron? ¿por qué no tener una plataforma transparente que nos permita saber en tiempo real el flujo de los recursos públicos y no en actualizaciones trimestrales en los portales de las dependencias como ocurre actualmente? ¿No es urgente modificar de fondo la ley de adquisiciones para evitar simulaciones de invitaciones restringidas cuando todos los proveedores son amigos del funcionario responsable? ¿No es necesario eliminar a prácticamente cero y salvo estricta excepción las adjudicaciones directas? Lo que tenemos es un miedo profundo a perder la discrecionalidad del gasto. Son de esas cosas que ya huelen muy podrido, pero nadie quiere reventar la burbuja.

La propuesta política

Aquí podría hacer mi carta a Santa Claus. Voy a escribir cosas que sé que es imposible que sucedan, pero soñar es gratis. Una de las razones por las que vivimos en el país donde no pasa nada, es porque es increíblemente difícil remover a un funcionario electo de su cargo. Big Balls AMLO propuso la revocación de mandato, para lo que tienen que ocurrir un montón de cosas, peticiones del Congreso, un mínimo de participación y un largo etcétera para hacerlo aplicable. Hoy, todos los gobernadores implicados van a ir a dormir con tranquilidad a sus casas, así como cuando AMLO se fue a dormir la noche en la que supo lo de Bejarano: nadie los va a remover de la silla. Sin embargo, en un sistema parlamentario, donde los representantes piden un voto de pérdida de confianza al Gobierno, este puede ser disuelto en cualquier momento. Ante un evidente escándalo de corrupción, un sistema parlamentario es mucho más ágil para resolverlos. Si ya sabemos dónde nos duele, necesitamos soluciones de más profundidad. Si no hay nada que me obligue a escribir de otro tema, la próxima semana le sigo con lo mismo. Creo que es súper necesario hablar de parlamentarismo, de nuestro sistema de representación, sus vicios y propuestas para hacerlo mejor.