Estoy segura de que a ningún militante ni simpatizante de "hueso colorado" de Morena, le emociona una alianza con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), un partido que no es ni verde ni ecologista, más bien, del cual hay una historia oscura, de oportunismo y servilismo al poder en turno.

Hace unos días, a sugerencia del Partido del Trabajo (PT) se reunieron los dirigentes de Morena, PT y PVEM. Anunciaron un "Frente" de apoyo a la Cuarta Transformación y decidieron abrir la mesa para explorar una probable alianza para el 2021.

Hasta cierto punto, se entiende: el Partido del Trabajo es un aliado natural e histórico y el Partido Verde ha votado con nosotros en la Cámara de Diputados y Senadores la mayoría de las reformas constitucionales de nuestro proceso de Transformación, asimismo, en algunos procesos electorales después de la elección de 2018, ya hemos ido en alianza.

Pero no somos ingenuas, no es que ahora haya personajes que de repente se volvieron de izquierda -o de "centro izquierda" (SIC) como se definió dicho partido en su asamblea-, o que abracen las banderas de nuestro movimiento y les interese la defensa férrea de nuestro proceso de cambio y la defensa del presidente.

Más bien, está frente a nosotros el lado pragmático de la política y el oportunismo de algunos, eso a lo que le rehuíamos las mayorías cuando decidimos convertir nuestro movimiento en una herramienta y ser partido político para tomar el poder por la vía pacífica, revolucionar conciencias e iniciar la Transformación.

Cuando resolvimos en asambleas en cada estado de la República convertir el Movimiento de Regeneración Nacional en partido-movimiento, comenzamos una heroica batalla de las ideas en las calles para concientizar e iniciar el proceso de afiliación. Los agoreros del desastre de siempre pensaban que no lo lograríamos y deseaban que no obtuviéramos el registro.

Entonces éramos muy pocos apostándole con ilusión y esperanza a la construcción de Morena. La mayoría, ciudadanos y ciudadanas sin haber pertenecido antes a un partido político, mientras en el otro lado, tras la renuncia de AMLO a la coalición de 2012 -PRD, MC y PT-, algunos "políticos profesionales" se quedaron en sus instituciones partidistas, desdeñando a Andrés Manuel y su nueva ruta, si acaso, a tientas y observando si "la nueva locura" tendría éxito.


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Es lógico, desde el pragmatismo no se le "apuesta" a lo incierto porque hay pérdida, mientras que desde las convicciones, la ilusión y la esperanza, se construye con constancia a pesar de que siempre hay una posibilidad de no lograrlo.

En 2015, cuando Morena participa por primera vez en elecciones, sorprende a propios y extraños. En el caso de la Ciudad de México, a pesar del fraude electoral y algunas decisiones tramposas del Tribunal Electoral, conquistamos el Gobierno de varias delegaciones y conformamos el primer Grupo Parlamentario de Morena en la extinta Asamblea Legislativa con tantos diputados.

Inmediatamente después de dicho proceso electoral, donde quienes tuvimos el honor de convertirnos en representantes populares, lo hicimos gracias al trabajo voluntario de miles de militantes y a la nada costosa estrategia de visitar casa por casa a nuestros vecinos, llegaba un proceso interno en Morena para cambiar de dirigencias. Las hieles en la construcción de un proyecto político diferente comenzarían a disminuir.

Y es que, frente al resultado electoral, el pragmatismo observante lo entendió: sus instituciones políticas estaban perdiendo credibilidad con la ciudadanía y sus prácticas corporativas y clientelares no estaban funcionando en contraparte al ejército guinda en calles y plazas públicas; la autoridad política y moral de AMLO estaba más fuerte que nunca. Era tiempo de poner un pie en morena y dejar otro en donde sus intereses se concentraban; el plan era obvio: si el barco se hundía, se venían a éste para sobrevivir, si morena no avanzaba, se mantenían.

La historia que continúa es la que se escribe por las mayorías y un gran liderazgo político durante los consiguientes tres años rumbo al histórico primero de julio. Podría contarla en otra ocasión porque lo que nos ocupa ahora es reflexionar sobre una posible alianza con un partido como el Verde Ecologista.

Para nadie es un secreto que tras la decisión demócrata de AMLO de gobernar y no dedicarse a dirigir el partido, tras la nimia visión de algunos "dirigentes", la ambición vulgar por el poder de algunos "grupos" y las pugnas tradicionales de una izquierda caníbal, Morena entró en una crisis interna que ha provocado la pérdida de dos años de construcción de cuadros para una izquierda gobernante, de continuar con la organización popular y la revolución de las conciencias, el acompañamiento del proceso de cambio que encabeza el presidente y muchas tareas más.

En ese escenario interno y en un contexto de constante golpeteo de la derecha hacia la 4T, en 2021 Morena debe mantener la mayoría legislativa en ambas Cámaras para seguir acompañando las reformas que la Transformación necesita. Probablemente la crisis del partido lleve a pensar a algunos dirigentes que sólo podremos lograrlo con alianzas. Aunque pueda ser cierto, es triste y doloroso porque es como si las dirigencias prefirieran las alianzas pragmáticas ante un evidente divorcio con el pueblo de México, la militancia y sus simpatizantes.

Morena es el partido político de izquierda más importante de América Latina (y en algunos sitios de Europa he escuchado la afirmación que del mundo), sin embargo, no hemos salido de la maraña en la que un reducido número de personas nos metieron. La crisis en el partido se ha agudizado por el pragmatismo de quienes al interior se sienten "poderosos", dueños de las próximas candidaturas -y del partido mismo-, por quienes piensan en sus proyectos personales y facciosos.

Por ciegos que no han visto la revolución pacífica que se desata frente a sus ojos - ¿acaso su visión heredada de los modos del viejo régimen les impide ver que repetir las mismas fórmulas no será exitoso? - y, por sordos que no escuchan al presidente en sus constantes lecciones de nueva política.


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Sin dejar de lado nuestros principios e ideales, la decisión será compleja, con base en lo factible y la realidad inmediata; se deberá decidir hacia el bien mayor de continuar la Transformación y mantener nuestra mayoría legislativa. Con el PT no hay mucha controversia al interior de nuestro movimiento, pero donde es claro que se nos paran los pelos de punta, es con el Verde.

En concreto: el Consejo Nacional de Morena es el único órgano facultado para tomar la decisión sobre las alianzas, sus integrantes deberán contar con los elementos suficientes para tomar no la mejor decisión, sino la más conveniente -de nuevo el pragmatismo-. Si a pesar de la crisis de Morena, podemos mantener nuestra mayoría legislativa, no deberemos hacerle el juego a nadie interesado en tener aliados y "quedar bien" con otros de su calaña para beneficio personal a corto, mediano y largo plazo.

Pero si al proceso de la Cuarta Transformación le "suma" electoralmente la alianza con el verde como ÚNICA salida para mantener la mayoría legislativa, deberá tomarse quizás la decisión más incongruente, pragmática y dolorosa (aunque "necesaria") de la corta historia de nuestro instituto político. Se deberá reflexionar entonces, si es el caso, que dicha necesidad es una derrota interna en muchos sentidos, que podría considerarse una alta traición para nuestro electorado y militantes; más que caer en la decepción estéril, deberíamos accionar para no permitirnos nunca más una debilidad de este tipo.

La ruta es clara desde que fundamos Morena: llevar a AMLO a la presidencia para implementar un Proyecto Alternativo de Nación, no perder ni un momento el desarrollo de la revolución de las conciencias y construir una nueva manera de hacer política. En la transformación en marcha, no deberá haber paso al oportunismo, al pragmatismo sucio, ni a los intereses facciosos. Ciudadanizar la transformación y la política, concientizar, informar y organizar al pueblo de México, es nuestra principal misión y será la gran vacuna para no volver al pasado y a la manera de hacer política de que tanto ha dañado a México.

Un dato: los personajes más siniestros de la etapa convaleciente del perredismo, todas esas personas contra las que la ciudadanía votó en 2015 y 2018 en la capital del país, hoy están en las filas del PVEM. Seguramente saboreando el regreso, pensando el mismo como simple espacio para hacer dinero y poner el poder al servicio de sus intereses, los de sus socios y amigos.

Quizás hay personajes no siniestros en sus filas y en otros estados -conozco un par-, pero la alianza con el Verde en la Ciudad sería una gran traición. La gran alianza de Morena a nivel nacional debe tejerse YA y es con el pueblo organizado y consciente, con los movimientos sociales transformadores. El método de concientizar en las calles que nos llevó al triunfo en 2015 y 2018, no debe ignorarse ni olvidarse, por el contrario, permanecer y convertirse en una nueva manera de hacer política y convencer a las mayorías.