Un tema fundamental en cualquier país democrático es el de la gobernabilidad. Porque se trata, nada más y nada menos de la viabilidad del Estado y de nuestra capacidad como sociedad para hacer frente a los retos que tenemos. En muchas ocasiones, analistas, políticos, servidores públicos, entre otros hablan de "crisis de gobernabilidad", de amenazas en contra de la misma, o de cómo garantizarla. Si bien se trata de un concepto muy utilizado, es poco claro a qué nos referimos y por qué es importante. De ahí la importancia de dimensionarla.

En su definición más sencilla, el termino gobernabilidad se refiere a la capacidad del EstadoGobierno, sociedad y estado de derecho – de solucionar los problemas y satisfacer las necesidades de la población. Esto significa, por un lado que las instituciones y las reglas democráticas  continúan; y por el otro, que existen las condiciones de estabilidad para que los sectores político, económico y social funcionen en un marco de armonía, certidumbre y transición pacifica del poder.

En un país plural como México, la gobernabilidad es tarea primordial del Gobierno, pero requiere la participación de otros actores. Se trata de una labor de Estado y sociedad, que incluye al menos cuatro elementos:

Primero, el respeto a la crítica y a la diversidad de opiniones. Segundo, diálogo continuo, escuchar y sentarse a la mesa con todos los actores que participan en la esfera pública. Tercero, una adecuada gestión de la administración y de la asignación de recursos, que son escasos y deben utilizarse con racionalidad. Cuarto, la capacidad de adaptación, flexibilidad y resolución de las instituciones. Es decir que puedan funcionar en situaciones adversas, pero también adaptar sus prioridades.


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Estas condiciones se vuelven más relevantes en una situación de emergencia como la del Covid-19. Todos los países del mundo están teniendo que demostrar sus capacidades para enfrentar las consecuencias que trae el virus en la salud pública y en la economía. La crisis aumenta las necesidades de la población y requiere duplicar esfuerzos para satisfacerlas. Hay que sumar, sumar y sumar. Esta crisis le pega a todos por igual y no discrimina: ni por color de piel, ni origen étnico, ni orientación sexual, ni religión, ni preferencia política. Por eso hay que ir juntos; de lo contrario se genera ingobernabilidad, tal y como está sucediendo en muchos países.

México no se escapa a esta realidad. La pandemia está teniendo consecuencias graves en la salud y la economía de las y los mexicanos. Al cierre de esta columna, ya hay más de 124 mil casos confirmados (más los miles que se sospechan), y más de 14 mil defunciones verificadas. Somos el séptimo país del mundo con más muertes y el sexto con mayor tasa de letalidad. Y en lo económico la situación no es distinta. De acuerdo al Inegi, tan sólo en Marzo y Abril, 12 millones de mexicanas y mexicanos se quedaron sin ingreso, son historias de carne y hueso. Además, se estima que en 2020 se perderán alrededor de 2 millones de fuentes de empleo. Y, de acuerdo al CONEVAL, habrá al menos 10 millones de nuevos pobres.


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Superar estos retos exige de la suma de esfuerzos y el trabajo conjunto. Es necesario entender que unidad no significa unanimidad, y que a pesar de que puede haber muchas cosas que nos dividen, esta es una causa que nos debe unir. El futuro de México debe estar por encima de los intereses individuales o de grupo.

Por todo esto desde mi grupo parlamentario, insistimos en un gran Acuerdo Nacional. Que permita escuchar y dialogar con todos los sectores. Trabajar y sacar adelante acciones conjuntas, a partir de los objetivos que compartimos.

El país exige que nos pongamos de acuerdo sobre las mejores propuestas y construyamos las mejores soluciones. Esa es la vía para superar la pandemia y mantener la gobernabilidad en tiempos de crisis.