[OPINIÓN] Hasta para morir políticamente hay que hacerlo con dignidad

Nos cuentan que los perredistas ya han tocado las puertas en Morena tras su derrota, checa qué es lo que están pidiendo y la respuesta que recibieron.

La pregunta es: ¿dónde quedaron esos hombres poderosos que manejaban a su antojo al Partido de la Revolución Democrática (PRD)?

¿En dónde están aquellos que se juntaban para acordar la expulsión de otros dirigentes? o ¿qué es de los que se negaban a pactar una alianza electoral con el “loco” de Andrés Manuel López Obrador?

En sentido estricto, deberían seguir siendo los mismos robles que hace cuatro meses, pues aun en la derrota deberían estar listos para recibir la embestida de sus enemigos políticos y defenderse como gatos boca arriba.

Sin embargo, no es así. Tras concretarse el triunfo de AMLO, el dirigente nacional del sol azteca, Manuel Granados y el líder de la corriente más poderosa del PRD, Héctor Bautista, se dedicaron a buscar el perdón de Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Resulta que hace poco más de un mes acudieron a la sede del Senado de la República para pedirle al coordinador de Morena, Ricardo Monreal, que intercediera por ellos ante el presidente electo.

Su intención era simple: que les otorgara la amnistía que tanto criticaron, que fumara con ellos la pipa de la paz, ponerse a su disposición y que no hurgara en sus pasados, pero la respuesta de AMLO fue un rotundo ¡no!

Aun así la dirigencia del sol azteca decidió, en vez de alejarse, insistir; buscaron una reunión con la virtual secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, para “tejer un puente de entendimiento”. Y la respuesta también fue nula.

Quien los recibió fue Zoé Robledo, pero con la asesoría de Jesús Valencia, quien se encargó de entregarle un compendio de motivos para no establecer contacto alguno con los perredistas.

A partir de ahí, Granados y Bautista no han claudicado en obtener el perdón de los morenistas sin tener un hilo de esperanza, y sí el rechazo de sus huestes, pues los líderes amarillos no logran entender que la grandeza se muestra, incluso, en la derrota.

Lo peor es que esto es un secreto a voces, que entre los grupos lopezobradoristas provoca risas y entre los amarillos, vergüenza.

Nos cuentan sus adversarios que esas súplicas sólo evidenciaron el terror que tienen a perder el hueso y enfrentar una persecución como la que tuvo Marcelo Ebrard, con la construcción de la Línea 12.

Alguien debería decirles que hasta para morir (políticamente) hay que hacerlo con dignidad.

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