La solicitud reciente de cinco senadoras y senadores, dos del PT, uno de Morena, uno del PAN y uno independiente, para integrar un grupo parlamentario plural y distinto, genera amplia polémica por las implicaciones que tendría.

Más allá de la decisión que tome la Junta de Coordinación Política del Senado, la iniciativa llama la atención, tanto por la crisis de representación que viven los partidos, como por el rol que juegan las mayorías parlamentarias frente al presidente de la República.

Sabemos que los partidos son clave para el funcionamiento de una democracia, que sin ellos no existiría, que hoy está amenazada por la crisis que viven los institutos políticos expresada en el deterioro constante de su imagen pública, en la falta de credibilidad ciudadana, en su ineficacia para formar consensos e impulsar iniciativas propias, en la crítica constante al elegir dirigencias en procesos creíbles y transparentes que les permita administrar el poder público donde lo tienen o equilibrar su ejercicio donde no lo tienen.

Frente a esa crisis, observamos el fortalecimiento de una presidencia carismática que decide todo casi sin contrapesos y mantiene un amplio respaldo ciudadano.

Los cinco legisladores tienen razón al sostener que la ciudadanía no se siente representada por los partidos ni mayoritarios ni minoritarios, por lo cual quieren integrar un grupo que les permita actuar "de manera libre de cualquier formación partidista" y aportar para solucionar los problemas estructurales que aquejan al país, que no se resuelven pero sí se agudizan y contribuir a enriquecer el debate político que se crispa cada vez más. 

Su pretensión se sustenta en ejemplos de otros países donde la formación de grupos parlamentarios mixtos es práctica común, también en precedentes establecidos por la Suprema Corte de Justicia de la Nación que en 2008 permitió algo similar para el Congreso de Veracruz o en acuerdos recientes de la Jucopo que han mantenido a flote los grupos parlamentarios del PRD y del PES, sin que tengan el mínimo de cinco legisladores.

Más allá de la simpatía o rechazo que genera el autollamado grupo plural, veo necesario mantener la mayor pluralidad posible en el Senado, garantizar un debate rico en propuestas y mantener una actitud proclive a construir acuerdos parlamentarios.

No se trata de actuar por consigna y decir que no a todas las iniciativas que provengan del Gobierno y su partido, sino de analizarlas, de discutirlas con racionalidad y objetividad de cara a la sociedad y de presentar otras propuestas que contribuyan a resolver los problemas nacionales.

El poder legislativo no debe ser una caja de resonancia de las decisiones del Gobierno para convertirlas en normas, su obligación constitucional es deliberar y aprobar leyes que beneficien a la colectividad y equilibren con racionalidad el ejercicio del poder. La respuesta del Senado debe ser congruente con los precedentes, permitir la formación de este grupo y dar al PT el mismo trato que al PRD y PES, para mantener su grupo parlamentario.

Veamos si los cuatro legisladores que se suman a la postura independiente de Álvarez de Icaza trabajan para representar a los ciudadanos y no a los partidos como lo sostienen. No se trata de atomizar a los grupos parlamentarios ni de creerles sin más a los cinco, sino de encontrar nuevas fórmulas para el trabajo legislativo y generar un debate más plural, transparente y productivo.  

*Profesor en UP y UNAM. Especialista en materia electoral.