Quisiera decir que ésta es “la estocada final” del Gobierno federal a las niñas, niños y mujeres, pero capaz de que en unos meses se sacan de la manga otra cancelación o recorte a los pocos programas sociales que llegan a esta población.

Cierto es que la cancelación definitiva de las Escuelas de Tiempo Completo es un golpe durísimo para los más pequeños al violar su derecho a una educación de calidad y una alimentación balanceada que pocas veces tienen en casa. Es un trancazo seco a las mujeres trabajadoras; esas mujeres que con dificultad mantuvieron un empleo con jornada laboral completa y un porrazo a las trabajadoras de la Secretaría de Educación que atendían y alimentaban a las niñas y niños beneficiarios de este programa.

El Gobierno federal no solo esta incumpliendo una vez más con las promesas que hizo el Presidente durante muchos años: velar por los más desprotegidos, sino que está traicionando los principios básicos de la izquierda en México. No hay nada más revolucionario o transformador que la educación y él lo está olvidando.

Con la eliminación de las escuelas de tiempo completo se están violando los derechos humanos a la educación y la alimentación de 3.6 millones de niñas y niños y constituye una regresión gravísima e inconstitucional en el ejercicio y reconocimiento de esos derechos.

Para miles de niñas y niños en este país el primer alimento que consumían en el día era el brindado por las Escuelas de Tiempo Completo ya que el 74% de estos planteles se ubican en municipios con un grado de marginación alto, el 87% se localizan en el ámbito rural y 21% son escuelas indígenas.

NO es la primera vez que una cancelación así afecta principalmente a las mujeres, es este caso las niñas, quienes vivirán un riesgo mayor al no tener la protección de la escuela y las maestras. Las primarias oficiales despachan a los alumnos a la una de la tarde, mientras que las secundarias lo hacen a las 2 pm. Este acuerdo firmado por la SEP condena a las niñas a vivir cada día en riesgo ya sea si regresan a casa caminando por la calle o si permanecen toda la tarde en casa solas, o peor aún, a merced del tío, primo, vecino o padre abusador.

La pandemia evidenció que los números de niñas y mujeres abusadas se elevan de manera dramática cuando víctima y abusador comparten techo, enseñándonos que en este país las niñas y niños corren más peligro en casa que en la escuela.

Sinceramente, no espero que el Gobierno Federal rectifique, aún así, apelo al conocimiento que tiene la Jefa de Gobierno sobre la educación de las niñas y niños y la importancia del apoyo a mujeres trabajadoras y jefas de familia. El Gobierno de la Ciudad tiene la capacidad de retomar este programa en las 16 alcaldías y no dejar a la deriva a miles de estudiantes que encontraban formación académica, social y una comida nutritiva y caliente en más de mil 500 escuelas de tiempo completo en ésta, que alguna vez fue la Ciudad de la Esperanza.