La marcha de FRENAAA (¿cuántas A’s lleva? Whatever…) fue el tema en vogue durante el fin de semana. El presidente soltó una provocación y, fiel a la costumbre reaccionaria, la oposición bailó al son propuesto. Para fines prácticos, es irrelevante la cifra que puso AMLO como el objetivo a cumplir para su renuncia, y ligeramente más importante, pero relativamente irrelevante aún, la cifra de movilizados. Así que sin darle más vueltas que perro echándose a dormir, vamos al análisis…

La renuncia de AMLO

Ni con un millón de personas protestando en las plazas públicas de los 32 estados AMLO va a renunciar. Él siempre dirá que hay un millón más de su lado, que con los opositores. Sin embargo, no importa dónde está la mayoría hoy, lo relevante es dónde estuvo la mayoría en 2018, y esa estuvo sin lugar a dudas, del lado de Andrés Manuel.

Pedirle la renuncia hoy no sólo es prematuro, es irresponsable. Sin ánimo de deslegitimar la protesta, al movimiento FRENAAAA le urge una bandera. Oponerse al régimen no es suficiente. Se necesita verbalizar una propuesta real, que les permita ser una alternativa seria de Gobierno. De lo contrario, ¿para qué pedir la renuncia del presidente? ¿Para volver al PRI de Peña? ¿Para regresar a la guerra contra el narco calderonista? ¿Para retomar un sexenio de improvisación con Fox? Creer que cambiando a una persona se solucionan los problemas es muy ingenuo. Apostarle a una marcha como el único camino para derrocar al sistema me ayuda a entender por qué hubo gente comprando cachitos de lotería para el no-avión, o tomando tragos de Lysol del otro lado de la frontera. ¿Cuál es la bandera y la propuesta de fondo? No hay. Eso es lo triste.

Es evidente que el cargo le ha quedado inmenso a un presidente sin resultados. No obstante, no será el primero ni el último en quedarse corto en la expectativa que el electorado puso en él. Una renuncia prematura terminaría por romper la confianza a los capitales internacionales en México, con consecuencias catastróficas para el mercado interno. Políticamente, aun con las deficiencias de Gobierno de Andrés Manuel, no hay un líder en ningún lado del espectro político que pueda unificar al país. Basta con ver el canibalismo en la elección interna de Morena para darnos cuenta que en caso de que la silla presidencial quedara vacante, las huestes de izquierda le harían al país, lo que Janis Joplin a su sistema nervioso. Lo único valioso de este vergonzoso capítulo de la política mexicana, es ver que el niño del famoso video de Edgar Se Cae, ya creció, ganó la Medalla Gabino Barrera y ahora no se deja bullear ni por el mismísimo INE.

FRENAA in crescendo

Antes que otra cosa, hay que reconocerles el esfuerzo y tenacidad. No comparto la mayor parte de los planteamientos de la marcha. No estoy de acuerdo en que los asuntos religiosos interfieran con el quehacer político y de Gobierno (chale, escribí algo muy juarista. Que oso). Considero que entre más ganas le echan, fortalecen el discurso de Andrés Manuel, ya que él tiene más tiempo en medios nacionales para hacerlos papilla. Dejando todo eso de lado, una marcha de derecha es la excepción a la regla. Es algo rarísimo de ver. Incluso podría atreverme que desde la Marcha por la Paz, no ha habido una demostración de estos niveles convocada por el horizonte conservador del espectro ideológico.

A juzgar por las fotografías y videos, así como por los posicionamientos en medios y redes sociales, puedo afirmar sin tener evidencias cuantitativas de por medio, que el movimiento se está fortaleciendo. Sin embargo, lo que no tengo claro es cuál será el siguiente paso de lo que se ha construido. El movimiento carece de identidad. Lo único que los une es el rechazo a la investidura presidencial, pero en esa canasta caen conservadores religiosos, liberales económicos, ambientalistas anti-Tren Maya, padres de niños con cáncer y un largo etcétera. Si al momento de acudir a las urnas, el movimiento se desmiembra, tan opositor es el Movimiento Ciudadano, que el PAN o el PRI, y quien capitaliza electoralmente la falta de agenda unificadora es precisamente el Gobierno.

De esta forma, ¿hará FRENAaaaaa un llamado para votar por ciertos candidatos? ¿iniciarán un movimiento de candidatos independientes sin plataforma electoral clara? Organizar el desorden es crucial para que su movimiento rinda frutos, y con sinceridad, no veo que haya un decálogo de hilos conductores de la discusión. Irónicamente, si eligen registrar candidatos independientes, o apoyar a candidatos de diferentes partidos, estarán ayudando a que Morena tenga la mayoría en el Congreso. Ja!

Alternativas

Estoy convencido que el único camino para generar un cambio de régimen es por la vía democrática. La izquierda ganó legítimamente el derecho de conducir el país durante seis años, y no importa cuánto estemos en desacuerdo con las decisiones actuales, esa es su prerrogativa. Quienes no coincidimos con el régimen actual, tendremos oportunidades en 2021 y 2024 de hacer notar nuestro sentir con respecto al rumbo de la vida pública. Lo anterior, no significa que debamos quedarnos callados o dejar de protestar. La participación política debe ir mucho más allá del sufragio. Tan legítimo es el reclamo del millennial que publica en redes, que la viejita que se queja con sus amigas a la hora del café, que quien agarra una cacerola y una casa de campaña y se enfila al Zócalo. Sin embargo, creer que el derrocamiento de un presidente se puede dar con un campamento es más ingenuo que creer que a Fabiruchis lo asaltaron en el hotel de paso.

La única alternativa democrática para llevar a cabo un cambio de Gobierno es que México instaure un sistema parlamentario. Es evidente que el sistema presidencial está desgastado y no ha rendido frutos en nuestro país. Sin exagerar demasiado, no puedo mencionar un presidente que haya terminado su sexenio con aceptación mayoritaria. En un mundo que cambia con agilidad, y en un sistema político con carreras meteóricas y efímeras, el parlamentarismo da un margen de maniobra lo suficientemente ancho para poder quitar un gobierno ineficiente, promoviendo las mayorías y desincentivando la polarización.

La misma inestabilidad del sistema es su punto más débil, pero considero suficiente la experiencia que tenemos con caudillos resuelve-todo como para seguir dándole más oportunidades al presidencialismo. Es evidente que necesitamos la coincidencia del sistema completo en torno a objetivos comunes. Creer que un presidente generará un cambio de fondo, o incluso que el derrocamiento del mismo contribuye a la solución de nuestros problemas nacionales, es el equivalente adulto del Ratón de los Dientes o los Reyes Magos.

Es evidente que nuestra democracia sigue siendo infantil. Es hora que colectivamente maduremos, nos responsabilicemos de nuestras decisiones y asumamos los costos de elegir democráticamente. Así que haciendo votos por nuestra mayoría de edad social, tomémonos un whisky largo y demos un profundo respiro, que apenas llevamos dos años de Gobierno.