“Desde el Ombligo de la Luna”

Los espacios públicos en las ciudades son elementos que forman parte de nuestra vida cotidiana, son lugares habitables y habitados, dotados de importantes cargas simbólicas y sociales que muchas veces determinan la identidad de una zona o grupo social a partir de su historia o del uso que les damos.

En ese sentido, la Ciudad de México como una de las metrópolis más grandes, pobladas y antiguas de América cuenta con un sinnúmero de espacios que destacan no sólo por su tamaño, antigüedad, arquitectura, etc., sino por la importancia que y significado que le dan las personas. Por estas y otras razones no es casualidad que haya sido un tema fundamental en la discusión que hace algunos años se dio en el seno de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México y que dio como resultado lo siguiente dentro del artículo 13 que tiene como objeto la “Ciudad Habitable”:


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Esta visión basada en el reconocimiento de la función sociocultural del espacio público se debe principalmente a una tradición que se origina con la propia ciudad. No hay que olvidar que desde sus orígenes prehispánicos el concepto de Altépetl no sólo era una forma de organización socio-política, sino que se materializaba como expresión urbana.

En materia de políticas públicas hay una correspondencia con esta visión. Desde finales de los 90, el Gobierno de la Ciudad generó programas que incorporaron como punto central procesos de participación ciudana. Desde hace más de 20 años hablar de espacios públicos en la capital es hablar de participación y muestra de ello son tres grandes programas que persisten hasta nuestros días: (1) Presupuesto participativo; (2) Programa de mejoramiento barrial y comunitario, y Programa de rescate innovador y participativo de unidades habitacionales antes Ollin Callan.


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Como pueden observar, la idea de espacio público en la Ciudad de México está estrechamente ligada a procesos políticos y sociales de participación. Incluso me atrevo a decir que muchos de estos lugares, antes de la existencia de programas institucionales, se mantuvieron gracias al trabajo comunitario auto gestionado en faenas o tequios y fueron estos usos y costumbres los que en muchos casos dieron origen y permitieron desarrollar modelos desde la administración pública.

A partir de lo anterior, podemos decir no sólo que existen estrategias de recuperación de espacios desde hace muchos años y que se han venido perfeccionado con el tiempo, sino que son tan importantes que se institucionalizaron.


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El actual Gobierno, además de realizar una histórica inversión en el rescate de espacios públicos, ha propuesto un modelo de intervención con la participación de funcionarios públicos y la comunidad, el Tequio. Este formato ha sido uno de los signos distintivos del Gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum, que pese a ser suspendido por la pandemia, ha sido replicado por los alcaldes de la CDMX.